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Prisiones

¿Cuál es el papel de las prisiones y cárceles en la prevención del VIH?

¿Es importante hacer prevención en las prisiones y cárceles? Definitivamente. EE.UU. tiene la mayor proporción de personas encarceladas del mundo y la cifra sigue en aumento.1 En el 2007 las instituciones correccionales estatales, federales y locales alojaban a 2.4 millones de reclusos.2 Por primera vez más de uno de cada 100 adultos en EE.UU. se encuentra encarcelado.3 En comparación con la población general, los reclusos padecen más enfermedades y problemas de salud; sus tasas de VIH son 2 1/2 veces mayores. En cualquier año dado, un 25% de todas las personas VIH+ en EE.UU. pasa por una institución correccional.4 Las personas encarceladas también tienen tasas más altas de ITS, tuberculosis y hepatitis viral, abuso de alcohol y drogas y enfermedad mental.5 Estas altas tasas de infección en las prisiones y cárceles estadounidenses reflejan el hecho de que la mayoría de los reclusos provienen de zonas pobres y marginadas con poco acceso a servicios de prevención y tratamiento6 y con tasas altas de VIH, ITS y otras enfermedades infecciosas. Los sistemas de justicia penal y de salud pública pueden colaborar para brindar servicios de prevención y tratamiento integrales dentro de estas instituciones y en la comunidad. El encarcelamiento les presenta una ventana de oportunidad para la realización de servicios primarios de prevención, detección y tratamiento así como el establecimiento de enlaces oportunos que faciliten la transición para reclusos con fecha de salida cercana. ¿Cuál es la conexión entre las prisiones/cárceles y la comunidad con respecto al VIH? Por lo menos el 95% de los presos regresa a la comunidad en algún momento.7 El impacto del encarcelamiento y de la enfermedad no se limita a los hombres y mujeres tras las rejas, sino que también repercute en su familias, parejas y comunidades. Se cree erróneamente que el VIH se adquiere en la cárcel o prisión, pero en realidad casi todas las personas VIH+ se infectaron antes de entrar al sistema de justicia penal.8,9 Las personas con antecedentes de enfermedad mental, trauma o abuso físico y sexual, y que no disponen de acceso a servicios de salud mental, pueden auto medicarse con alcohol o drogas. Esta combinación propicia conductas que puedan llevar tanto a la infección por VIH como al encarcelamiento. El 45-65% de los reclusos tiene un diagnóstico de salud mental y hasta el 75% consume drogas o alcohol.10 ¿Cuál es el efecto del encarcelamiento sobre el riesgo de contraer el VIH? Los reclusos pueden tener conductas riesgosas antes, durante y después de ser encarcelados. No obstante, la conducta durante el encarcelamiento puede conllevar un mayor riesgo si no tienen acceso a condónes, jeringas limpias y otras formas de prevención. La actividad sexual (tanto consensual como por coerción), el consumo de alcohol y drogas, la inyección de drogas y el tatuaje pueden poner a los individuos en riesgo de contraer el VIH, otras ITS y la hepatitis viral.11 Un estudio con hombres jóvenes encontró que durante su encarcelamiento el 50% había consumido drogas/alcohol y el 17% había aceptado tener relaciones sexuales con hombres o mujeres.12 La salida de un entorno correccional y el regreso a la comunidad puede ser una etapa de transición estresante que muchas veces conlleva riesgos mayores que el propio encarcelamiento. Los reclusos recién liberados pueden festejar participando en conductas que aumentan su riesgo de contraer el VIH, como beber, drogarse y tener relaciones sexuales. En el estado de Washington un estudio de personas con historial de encarcelamiento encontró un alto riesgo de sobredosis de drogas durante las dos semanas siguientes a su puesta en libertad.13 Existe la percepción errónea de los hombres encarcelados como los responsables de aumentar las tasas de VIH/ITS. El encarcelamiento sí afecta las tasas de VIH/ITS en la comunidad, pero no porque los hombres contraigan estas enfermedades durante el encierro y posteriormente infecten a sus parejas sexuales femeninas cuando son liberados. En cambio, el encarcelamiento disminuye el número de hombres en la comunidad, lo cual perturba las relaciones de pareja estables, altera la proporción hombre-mujer y da lugar a relaciones de pareja concurrentes, o solapadas, de alto riesgo.14 ¿Qué se puede hacer desde adentro? A lo largo de EE.UU. muchas organizaciones de prevención del VIH y departamentos de salud pública colaboran con el sistema de justicia penal para fortalecer la salud de las personas encarceladas y la de sus comunidades. Las organizaciones pueden ofrecer: programas de pares para la prevención, incluyendo la prevención para personas positivas; reducción de daños; atención médica de alta calidad; tratamiento contra el VIH/ITS; tratamientos para la enfermedad mental y la cesación de alcohol y drogas; enlaces a servicios comunitarios previa liberación y ayuda posterior para reintegrarse en la comunidad.10,15 Consejería, pruebas y tratamiento para VIH/ITS/hepatitis/tuberculosis. El encarcelamiento puede ser una oportunidad para ofrecer pruebas de detección y tratamiento a un grupo de individuos con conductas de alto riesgo. Es importante incluir consejería integral previa a la prueba (con un proceso de consentimiento que describa las implicaciones de un resultado positivo o negativo), ya que éstos pueden tener consecuencias dentro de los centros de encarcelamiento, como la limitación de sus opciones de alojamiento, trabajo y privilegios de visita. También se debe proveer tratamiento para los que salgan positivos y orientación sobre la prevención para todos ya sea que resulten VIH positivos o negativos. Tratamiento de salud mental. Las personas encarceladas tienen altas tasas de enfermedad mental. El aglomeramiento, la violencia, el aislamiento otras condiciones de los entornos correccionales perjudican la salud mental. Las prisiones y cárceles pueden ayudar brindando valoraciones clínicas y tratamientos eficaces. Se debe remitir a las personas con trastornos mentales que han cometido delitos menores a servicios de salud mental antes o en lugar de la prisión o cárcel.16 Tratamiento integral contra el abuso de alcohol y drogas. Aunque muchas cárceles y prisiones estadounidenses ofrecen desintoxicación, consejería de profesionales y de pares, grupos de auto ayuda y educación sobre las drogas y el alcohol, muy pocas ofrecen mantenimiento con metadona, por lo que la capacidad de servicio de los programas eficaces de tratamiento contra las drogas está muy lejos de satisfacer la necesidad. En la ciudad de Nueva York, NY, el programa KEEP brinda tratamiento con metadona durante el encarcelamiento y reserva espacios para que los individuos liberados continúen en tratamiento.17 ¿Qué son las intervenciones de transición? Las intervenciones de transición eficaces aseguran que los servicios de prevención y tratamiento proporcionados en las prisiones y cárceles tengan continuidad fuera de éstas. Al entrar en vigor la ley Second Chance Act, muchas comunidades jugarán un mayor papel en la planificación para la transición.17 El proyecto START es la única intervención del Compendium of Evidence-Based Interventions de los CDC destinada a poblaciones encarceladas. START se centra en los clientes (personas recién liberadas de una institución correccional) y les brinda una intervención de 6 sesiones con el fin de reducir su riesgo de VIH, ITS y hepatitis. Basándose en la reducción de daños, START emplea un modelo de prevención con manejo de casos y fomento de la motivación para estimular la reducción de riesgos. Las dos sesiones iniciales preceden a la puesta en libertad y las cuatro finales ocurren después de ésta. Todas incluyen coordinación de remisiones a servicios de vivienda, empleo, desintoxicación de drogas/alcohol, salud mental, jurídicos y prevención de futuros encarcelamientos. START tuvo eficacia para reducir las relaciones sexuales sin protección con jóvenes recién liberados de prisión.18 El proyecto Bridge en Providence, RI, ofrece manejo intensivo de casos para personas VIH+ que salen de la cárcel estatal, quienes son atendidos por un trabajador social y un promotor de salud durante 18 meses. Los participantes se reúnen con ellos una vez por semana durante 12 semanas, luego una vez al mes como mínimo. El proyecto Bridge ha logrado ayudar a personas VIH+ a conseguir y a mantener servicios primordiales después de su puesta en libertad. La investigación ha demostrado que a pesar de tener altos niveles de adicción (el 97%) y de enfermedad mental (el 34%), los participantes recibieron atención médica posterior a su liberación (el 95%), consiguieron vivienda (el 46%) y lograron acceso a servicios de salud mental (el 71%) y de adicción (el 51%).19 ¿Qué queda por hacer? Para triunfar contra el VIH en las prisiones, cárceles y comunidades se requieren estrategias de prevención eficaces (educación por pares, acceso a condones, consejería y pruebas de VIH, etc.) junto con otras estrategias médicas y de tipo estructural que sean exitosas. Algunas estrategias estructurales que han demostrado reducción de VIH/ITS en correccionales son: programas de reducción de daños (provisión de jeringas limpias);21 tratamiento contra alcohol y drogas;17 tratamiento de salud mental;16 tratamiento contra ITS/VIH;5 planes para la transición;19,20 vivienda;5 alternativas al encarcelamiento;15 y reformas con respecto a las condenas y la libertad condicional.1 Es esencial la colaboración entre el sistema de justicia penal (prisión, cárcel, libertad a prueba y condena condicional) y el sistema comunitario de salud pública (servicios sociales y de salud, programas de tratamiento, etc.), y existen varios modelos eficaces. Los programas conjuntos pueden ayudar a resolver problemas de salud pública al tiempo que entienden los retos de priorización de la seguridad y custodia públicas. Si realmente pretendemos reducir las tasas de VIH, ITS y hepatitis en nuestras comunidades, nos incumbe unir fuerzas para crear un espectro continuo de servicios que mejore la prevención, la atención y el tratamiento tanto en las prisiones y cárceles como en las comunidades afectadas desproporcionadamente por el VIH.


¿Quién lo dice?

1. PEW Center on the States. One in 31: The long reach of American corrections. March 2009. 2. West HC, Sabol WJ. Prisoners in 2007. Bureau of Justice Statistics Bulletin. 2008. 3. Maruschak L. HIV in Prisons, 2006. Bureau of Justice Statistics Bulletin. 2008. 4. Hammett TM, Harmon MP, Rhodes W. The burden of infectious disease among inmates of and releasees from US correctional facilities, 1997. American Journal of Public Health. 2002 ;92:1789-1794. 5. The Foundation for AIDS Research. HIV in correctional settings: implications for prevention and treatment policy. Issue Brief No 5, March 2008. 6. Golembeski C, Fullilove R. Criminal (in)justice in the city and its associated health consequences. American Journal of Public Health. 2005;95:1701–1706. 7. Hughes T, James Wilson D. Reentry trends in the United States. Bureau of Justice Statistics. 8. Vlahov D, Putnam S. From corrections to communities as an HIV priority. Journal of Urban Health. 2006;83:339-348. 9. Zack B, Kramer K. HIV prevention education in correctional settings. Project UNSHACKLE discussion paper. May 2008. 10. James DJ, Glaze LE. Mental health problems of prison and jail inmates. Bureau of Justice Statistics Special Report. September 2006. 11. HIV transmission among male inmates in a state prison system – Georgia, 1992-2005. Morbity and Mortality Weekly Report. 2006;55:421-426. 12. Seal DW, Margolis AD, Morrow KM, et al. Substance use and sexual behavior during incarceration among 18- to 29-year old men: prevalence and correlates.AIDS and Behavior. 2008;12:27-40. 13. Binswanger IA, Stern MF, Deyo RA, et al. Release from prison—a high risk of death for former inmates. New England Journal of Medicine. 2007;356:157-165. 14. Aral SO, Adimora AA, Fenton KA. Understanding and responding to disparities in HIV and other sexually transmitted infections in African Americans. Lancet. 2008;372:337-340. 15. Freudenberg N. Jails, prisons, and the health of urban populations: a review of the impact of the correctional system on community health. Journal of Urban Health. 2001;78:214-235. 16. World Health Organization. Mental health and prisons. 2005. 17. Tomasino V, Swanson AJ, Nolan J, et al. The Key Extended Entry Program (KEEP): A methadone treatment program for opiate-dependent inmates. The Mount Sinai Journal of Medicine. 2001;68:14-20. 18. Second Chance Act. 19. Wolitski RJ, The Project START study group. Relative efficacy of a multi-session sexual risk-reduction intervention for young men released from prison in 4 states. American Journal of Public Health. 2006;96:1845-1861. 20. Zaller ND, Holmes L, Dyl AC, et al. Linkage to treatment and supportive services among HIV-positive ex-offenders in Project Bridge. Journal of Health Care for the Poor and Underserved. 2008;19:522-531. 21. Jürgens R, Ball A, Verster A. Interventions to reduce HIV transmission related to injecting drug use in prison. Lancet Infectious Diseases. 2009;9:57-66.


Una publicación del Centro de Estudios para la Prevención del SIDA (CAPS) y el Instituto de Investigaciones sobre SIDA (ARI), Universidad de California en San Francisco (UCSF). Se autoriza la reproducción (citando a UCSF) más no la venta de copias este documento. También disponibles en inglés. Para recibir las Hojas de Datos por correo electrónico escriba a [email protected] con el mensaje “subscribe CAPSFS nombre apellido” ©UCSF 2010

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Rural

What are rural HIV prevention needs?

are rural populations at risk?

Over the years, rural areas, which represent roughly 20% of the US population, have consistently reported 5-8% of all US HIV cases.1 Yet certain rural areas and populations are disproportionately affected—the South and African Americans in particular. There may not be an epidemic of rural HIV/AIDS cases but there are troubling hot spots. The South comprises 68% of all AIDS cases among rural populations.2 In 2000, the rate of new AIDS diagnoses was three times higher for the South than for other rural areas in the US.3 In certain areas of the South, the rate of HIV/AIDS diagnoses is almost as high in rural areas as in urban areas.3 African American men and women represent 50% of rural AIDS cases, Whites 37%, Latinos 9% and American Indian/Alaska Natives 2%.2 African Americans and Latinos are disproportionately affected by HIV in rural areas: In the Northeast, African Americans and Latinos each represent 1% of the rural population, but 25% and 20% of the AIDS cases, respectively.3 Most rural AIDS cases (75%) occur among men.2 However, rates among rural women are increasing, particularly among African American women. Heterosexual transmission accounts for most cases among rural women, whereas injection drug use is the most common transmission category for urban women.2 Among rural men, men who have sex with men (MSM) comprise approximately 60% of rural AIDS cases and injecting drug users (IDUs) about 20%.2 In 2000, in the rural South, 28.5% of men were infected through heterosexual contact.3

what are rural challenges?

In rural areas, HIV prevention and intervention programs have lagged behind urban programs, due to stigmatization of HIV and high risk groups, geographic factors and low overall HIV rates. These three factors combine to make it difficult, financially and practically, to implement rural HIV prevention programs.4 Geographic isolation can hinder access to preventive services for rural residents who have limited access to transportation. Rugged topography and long distances between towns can mean traveling several hours for medical care or social services. This can result in services that are not tailored to specific population needs and delays in delivery of services.5 In addition, isolation can lead to difficulty finding sexual partners and might lead to riskier behaviors when sexual encounters do occur. One study found that rural men are more likely to have sex on their first date than urban men, possibly due to long travel distances and concern that the next chance may be a long time away.6 A powerful stigma remains associated with both HIV/AIDS and homosexuality. Rural MSM may avoid stigma, social hostility and expected violence by hiding their sexuality and assimilating into the heterosexual culture. Rural venues where MSM openly socialize are scarce, resulting in some men seeking sex partners in public sex environments, through the Internet and by regularly traveling to higher seroprevalence areas.4 Rural residents are more likely to live in poverty and less likely to have health insurance than urban residents.7 Without insurance, rural residents are less likely to seek medical care or social services. Rural areas have fewer healthcare providers with HIV expertise and rural HIV+ patients are less likely than urban patients to be on antiretroviral therapy.8 There is limited funding for and access to substance abuse treatment services. Poverty can also increase individual risk such as exchanging sex for money, shelter or drugs. In one study, Black women reported the most common reason for engaging in high risk behaviors was financial dependence on male partners.9

what puts rural populations at risk?

As with all populations, HIV risk depends not on where you live, but on whether you have unprotected sex or share needles with an HIV+ partner, and whether you have access to care, education and prevention services. Rates of sexual partner change and concurrent relationships (having more than one sexual partner at a time) increase the risk of transmission of HIV. A study of rural African Americans with heterosexually transmitted HIV found that more than half had multiple partners, 40% had concurrent partners and 87% believed that their partner had sex with others during their relationship. Concurrency was associated with smoking crack cocaine and incarceration of a sex partner.10 Drug abuse is often seen as an urban problem, but it poses a significant problem in rural areas, methamphetamine in particular.11 One report showed that rural youth are more likely to become substance abusers than urban youth: eighth graders in rural towns are 59% more likely than urban eighth graders to use methamphetamines.12 Substance abuse contributes to risky behaviors such as engaging in unprotected sex, having multiple partners, sharing needles or exchanging sex for drugs.

what’s being done?

The Strong African American Families (SAAF) program is a 7-week prevention intervention designed for African American mothers and their 11-year-old children in rural Georgia. SAAF sought to strengthen parenting skills that would in turn promote positive self-pride and positive sexual body image in their children to help lower their sexual risk behaviors. Mothers reported an increase in targeted parenting behaviors, which increase self pride in their children. Youth reported less intention and willingness to engage in risky behaviors, and a reduction in risky sexual behavior.13 The Wyoming Rural AIDS Prevention Project (WRAPP) piloted an Internet-based intervention for rural MSM that used conversations between an “expert” HIV+ gay man and an “inexperienced” HIV- gay man to deliver basic HIV education and behavior change strategies. The 2 modules lasted 20 minutes and featured dialogues, interactive activities and graphics. Men who participated in the intervention reported increases in knowledge, safer sex outcome expectancies and self-efficacy.14 In rural Arkansas, collaboration between a CBO, the Department of Corrections, the Health Department and Addiction Treatment and Recovery Centers, helped to identify and recruit HIV+ clients engaging in risky sexual and drug-using behaviors. These clients enrolled in the Healthy Relationships Intervention and reported decreased unprotected sex and increased disclosure to family, friends and partners.15 In Mississippi, the Mobile Medical Clinic van travels to rural areas where people are at highest risk for HIV and syphilis, specifically focusing on African Americans. So that they are not seen as the “VD van,” they offer glucose, blood pressure and cholesterol screening. Before the clinic enters a community, they arrange for a local sponsoring organization, like a church or community representative, to ensure that there is support in the community for their presence. They have partnered with local agencies to perform clinical breast exams, PAP smears and dental sealant applications in youth.16

what needs to be done?

Because resources are limited in rural areas, prevention activities need to be targeted to populations at highest risk, including women and men who have sex with men, African Americans and Latinos, young persons, and alcohol and drug users. Recent immigrants and migrant workers may also be at high risk, especially along the US/Mexico border.4 It is critical to expand and improve care for HIV+ persons in rural areas and provide prevention education in medical settings. Rural healthcare providers need better training and support on HIV clinical care, delivering prevention messages, assessing risk behavior and cultural sensitivity and confidentiality issues.


Says who?

1. Steinberg S, Fleming P. The geographic distribution of AIDS in the United States: is there a rural epidemic? Journal of Rural Health. 2000;16:11-19. 2. Centers for Disease Control and Prevention. HIV/AIDS surveillance in urban and nonurban areas. Slide set. 3. Hall HI, Li J, McKenna MT. HIV in predominantly rural areas of the United States. Journal of Rural Health. 2005;21:245-253. 4. Williams ML, Bowen AM, Horvath KJ. The social/sexual environment of gay men residing in a rural frontier state: implications for the development of HIV prevention programs. Journal of Rural Health. 2005;21:48-55. 5. Castañeda D. HIV/AIDS-related services for women and the rural community context. AIDS Care. 2000;12:549-565. 6. Horvath KJ, Bowen AM, Williams ML. Virtual and physical venues as contexts for HIV risk among rural men who have sex with men. Health Psychology. 2006;25:237-242. 7. National Rural Health Association. HIV/AIDS in rural America: Disproportionate impact on minority and multicultural populations. July 2004. *https://www.ruralhealthweb.org/getattachment/Advocate/Policy-Documents/HIVAIDSRuralAmericapolicybriefApril2014-(1).pdf.aspx 8. Cohn SE, Berk ML, Berry SH, et al. The care of HIV-infected adults in rural areas of the United States. Journal of AIDS. 2001;28:385-392. 9. HIV transmission among Black women–North Carolina, 2004. Morbidity and Mortality Weekly Report. 2005;54:89-94. *https://npin.cdc.gov/publication/mmwr-hiv-transmission-among-black-women-north-carolina-2004 10. Adimora AA, Schoenbach VJ, Martinson FEA, et al. Concurrent partnerships among rural African Americans with recently reported heterosexually transmitted HIV infection. Journal of AIDS. 2003;34:423-429. 11. Kraman P. Drug abuse in America–Rural meth. Trends Alert. March 2004. *csg-web.csg.org/pubs/Documents/TA0403RuralMeth.pdf 12. The National Center on Addiction and Substance Abuse. No place to hide: Substance abuse in mid-size cities and rural America. New York, New York: Columbia University. January 2000. https://eric.ed.gov/?id=ED443618  13. Brody GH, Murry VM, Gerrard M, et al. The Strong African American Families Program: translating research into prevention programming. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/15144493/  14. Bowen A, Horvath K, Williams M. Randomized control trial of an Internet-delivered HIV knowledge intervention with MSM. Health Education and Research. In press. *www.wrapp.net 15. Smith AJ, Gaynor H. Advancing HIV prevention in rural Arkansas. Presented at the National HIV Prevention Conference, Atlanta, GA, 2005. Abstract #M1-C1802. *https://www.cdc.gov/hiv/effective-interventions/treat/healthy-relationships?Sort=Priority%3A%3Aasc&Intervention%20Name=Healthy%20Relationships  16. Prevention in rural communities: Mississippi’s Mobile Medical Clinic. NASTAD HIV Prevention Bulletin. March 2006. *All websites accessed May 2006


Prepared by Anne Bowen PhD*, Alan Gambrell MPubAff**, Pamela DeCarlo*** *University of Wyoming, **WordPortfolio, Inc., ***CAPS May 2006 . Fact Sheet #26ER Special thanks to the following reviewers of this Fact Sheet: James Anderson, Janet Arno, Keith Bletzer, Lucy Bradley-Springer, Angeline Bushy, Irene Hall, Rachel Kachur, Bronwen Lichtenstein, Deborah Preston, David Seal, Dale Stratford, Craig Thompson, Mohammad Torabi, Eric Wright. Reproduction of this text is encouraged; however, copies may not be sold, and the Center for AIDS Prevention Studies at the University of California San Franciso should be cited as the source of this information. For additional copies of this and other HIV Prevention Fact Sheets, please call the National Prevention Information Network at 800/458-5231. Comments and questions about this Fact Sheet may be e-mailed to [email protected]. © May 2006, University of California

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Rurales

¿Cuáles son las necesidades de prevención del VIH en zonas rurales?

¿corren riesgo las poblaciones rurales?

Históricamente las áreas rurales, que representan el 20 % de la población de EE.UU., han reportado entre el 5 % y el 8 % de los casos de VIH en el país.1 Pero ciertas zonas y poblaciones rurales están desproporcionadamente afectadas: el Sur y los afroamericanos en particular. Aunque no exista una epidemia rural, sí existen zonas críticas preocupantes. El 68 % de los casos de SIDA en poblaciones rurales se da en el Sur.2 En el 2000, la tasa de nuevos diagnósticos de SIDA en el Sur era tres veces mayor que en otras zonas rurales de EE.UU. En ciertas partes del Sur, la tasa de diagnósticos de VIH/SIDA de las zonas rurales casi alcanza la de las zonas urbanas.3 Las personas afroamericanas representan el 50 % de los casos de SIDA rurales, las caucásicas el 37 %, las latinas el 9 % y las indígenas americanas y nativas de Alaska el 2 %.2 Los afroamericanos y los latinos están desproporcionadamente afectados por el VIH en áreas rurales: En el Noreste, estas mismas poblaciones representan cada una el 1 % de la población rural, pero el 25 % y el 20 % de los casos de SIDA, respectivamente.3 La mayoría de los casos de SIDA rurales (el 75 %) ocurre entre hombres.2 Sin embargo, las tasas entre mujeres rurales van en aumento, especialmente entre las afroamericanas. Para las mujeres rurales VIH+, la causa principal es la transmisión heterosexual, mientras que la inyección de drogas es la causa más común entre las mujeres urbanas.2 Entre los hombres rurales, aquellos que tienen sexo con hombres (HSH), componen aproximadamente el 60 % de los casos de SIDA rurales y los usuarios de drogas inyectables (UDI) cerca del 20 %.2 En el año 2000 en las zonas rurales del Sur, el 28.5 % de los hombres VIH+ se infectaron por contacto heterosexual.3

¿cuáles son los desafíos en las zonas rurales?

En las zonas rurales, los programas de intervención y prevención del VIH se han rezagado en comparación con los programas urbanos debido al estigma del VIH y de los grupos de alto riesgo, a factores geográficos y a la baja tasa general de VIH. Estos tres aspectos se combinan para crear obstáculos económicos y funcionales a la implementación de programas rurales de prevención del VIH.4 El aislamiento geográfico puede impedir el acceso a servicios preventivos para los habitantes rurales cuyo acceso al transporte es limitado. La topografía accidentada y las largas distancias entre poblados pueden requerir varias horas de viaje para recibir servicios médicos o sociales. Esto puede hacer que los servicios no se adapten a las necesidades de la población en cuestión y producir retrasos en la prestación de servicios.5 Otra consecuencia del aislamiento es la posible dificultad para encontrar parejas sexuales, lo cual podría llevar a conductas más riesgosas cuando los encuentros lleguen a darse. Un estudio descubrió que los hombres rurales son más propensos a tener sexo en la primera cita que los hombres urbanos, posiblemente por las largas distancias y por la inquietud de tener que esperar mucho tiempo hasta que se presente la próxima oportunidad.6 Todavía existe un fuerte estigma asociado con el VIH/SIDA y con la homosexualidad. Los HSH rurales pueden evitar el estigma, la hostilidad social y la violencia que conlleva si ocultan su sexualidad y se integran en la cultura heterosexual. Escasean locales rurales en donde los HSH socialicen abiertamente, por lo que algunos buscan parejas sexuales en lugares públicos de sexo anónimo, en Internet y en zonas lejanas de mayor seroprevalencia.4 En comparación con la población urbana, es más probable que los habitantes rurales vivan en la pobreza y que no tengan seguro médico.7  Sin esta cobertura, es menos probable que busquen servicios médicos o sociales. Las zonas rurales cuentan con menos proveedores médicos especializados en el VIH y los pacientes VIH+ rurales son menos propensos que sus homólogos urbanos a recibir terapia antirretroviral.8 Los fondos y el acceso a los servicios de tratamiento del abuso de drogas y alcohol son limitados. La pobreza también puede aumentar el riesgo individual al propiciar el intercambio de sexo por dinero, vivienda o drogas. En un estudio, las mujeres negras reportaron que sus conductas de alto riesgo se debían principalmente a la dependencia económica de un hombre.9

¿qué las hace vulnerables?

Al igual que toda población, el riesgo del VIH no depende del lugar donde uno vive, sino de la participación o no en el sexo sin protección o en el uso de jeringas compartidas con una pareja VIH+, y del acceso a servicios de atención, asesoramiento y prevención. Las tasas de cambio de pareja sexual y de relaciones concurrentes (mantener más de una pareja sexual al mismo tiempo) aumentan el riesgo de transmisión del VIH. Un estudio de la población afroamericana rural que contrajo el VIH por vía heterosexual reveló que más de la mitad tenía parejas múltiples, el 40 % tenía parejas concurrentes y el 87 % creía que su pareja había tenido sexo con otra persona durante su relación. La concurrencia se asoció con fumar cocaína crack y con el encarcelamiento de una pareja sexual.10 El abuso de drogas muchas veces se ve como un problema urbano, pero también es significante en las zonas rurales, especialmente el uso de la metanfetamina.11 Un informe demostró que los jóvenes rurales tienen mayor propensión al abuso de drogas que los jóvenes urbanos: los estudiantes rurales del octavo grado escolar son un 59% más propensos que sus homólogos urbanos al consumo de metanfetaminas.12 El consumo de alcohol y drogas contribuye a conductas de riesgo tales como el sexo sin uso de protección, la multiplicidad de parejas, el uso de jeringas previamente usadas y el intercambio de sexo por drogas.

¿qué se está haciendo al respecto?

Strong African American Families (SAAF) es una intervención preventiva de 7 semanas diseñada para madres afroamericanas y sus hijos de 11 años de edad en la Georgia rural. La SAAF buscó fortalecer las habilidades de las madres para infundir a sus hijos una autoestima y una imagen corporal sexual de sí mismos positiva, y poder así reducir sus conductas sexuales de riesgo. Las madres reportaron una mayor participación en las actividades dirigidas a aumentar el amor propio de sus hijos. Los jóvenes reportaron menos intención y voluntad de participar en conductas riesgosas en general y una disminución de su participación en actividades sexuales de riesgo13. El Wyoming Rural AIDS Prevention Project lanzó una intervención piloto de dos módulos a través de Internet para HSH rurales en la cual emplearon conversaciones entre un hombre gay VIH+ “experto” y otro hombre gay VIH- “con poca experiencia” para comunicar información y estrategias de cambio de conductas. Ambos módulos duraron 20 minutos e incluyeron diálogos, actividades interactivas y gráficos. Los participantes reportaron un aumento en conocimientos, en expectativas sobre la práctica del sexo más seguro y en la autoeficacia.14 En la Arkansas rural, una colaboración entre una organización comunitaria, el Departamento de Correcciones, el Departamento de Salud y los Addiction Treatment and Recovery Centers, sirvió para identificar y reclutar a personas VIH+ que practicaban conductas sexuales de riesgo y consumían en drogas. Dichas personas se inscribieron en la intervención Healthy Relationships y reportaron una disminución del sexo sin protección y un mayor nivel de revelación de su condición de VIH a familiares, amigos y parejas.15 En Mississippi, la camioneta de la Mobile Medical Clinic viaja a las áreas rurales de mayor riesgo de contraer VIH y sífilis, centrándose en la comunidad afroamericana. Para no ser vistos como “la camioneta de las enfermedades venéreas”, ofrecen pruebas de glucosa, presión arterial y colesterol. Antes de entrar en alguna comunidad, la clínica forma lazos con alguna organización, iglesia o representante local que los auspicie con el fin de ganarse el apoyo y la confianza de la comunidad. Han colaborado con organizaciones locales para brindar exámenes médicos de los senos, pruebas de Papanicolau y la aplicación de sellante dental para jóvenes.

¿qué queda por hacer?

Debido a la escasez de recursos en las zonas rurales, las actividades de prevención deben dirigirse hacia las poblaciones de mayor riesgo, entre ellas las mujeres y los hombres que tienen sexo con hombres, los afroamericanos, los latinos, los jóvenes y los consumidores de alcohol y drogas. Los inmigrantes recién llegados y los trabajadores itinerantes también podrían correr alto riesgo, especialmente a lo largo de la frontera entre EE.UU. y México. Es esencial expandir y mejorar la atención para todas las personas VIH+ en las zonas rurales y brindar orientación sobre la prevención en los centros médicos. Los trabajadores de salud necesitan capacitación y apoyo en la atención clínica del VIH, la comunicación de mensajes de prevención, la evaluación de la conducta riesgosa, la sensibilidad cultural y la confidencialidad.


¿Quién lo dice?

1. Steinberg S, Fleming P. The geographic distribution of AIDS in the United States: is there a rural epidemic? Journal of Rural Health. 2000;16:11-19. 2. Centers for Disease Control and Prevention. HIV/AIDS surveillance in urban and nonurban areas.3. Hall HI, Li J, McKenna MT. HIV in predominantly rural areas of the United States. Journal of Rural Health. 2005;21:245-253. 4. Williams ML, Bowen AM, Horvath KJ. The social/sexual environment of gay men residing in a rural frontier state: implications for the development of HIV prevention programs. Journal of Rural Health. 2005;21:48-55. 5. Castañeda D. HIV/AIDS-related services for women and the rural community context. AIDS Care. 2000;12:549-565. 6. Horvath KJ, Bowen AM, Williams ML. Virtual and physical venues as contexts for HIV risk among rural men who have sex with men. Health Psychology. 2006;25:237-242. 7. National Rural Health Association. HIV/AIDS in rural America: Disproportionate impact on minority and multicultural populations. July 2004. *https://www.ruralhealthweb.org/getattachment/Advocate/Policy-Documents/HIVAIDSRuralAmericapolicybriefApril2014-(1).pdf.aspx  8. Cohn SE, Berk ML, Berry SH, et al. The care of HIV-infected adults in rural areas of the United States. Journal of AIDS. 2001;28:385-392. 9. HIV transmission among Black women–North Carolina, 2004. Morbidity and Mortality Weekly Report. 2005;54:89-94. *www.cdc.gov/mmwr/preview/mmwrhtml/mm5404a2.htm 10. Adimora AA, Schoenbach VJ, Martinson FEA, et al. Concurrent partnerships among rural African Americans with recently reported heterosexually transmitted HIV infection. Journal of AIDS. 2003;34:423-429. 11. Kraman P. Drug abuse in America–Rural meth. Trends Alert. March 2004. *csg-web.csg.org/pubs/Documents/TA0403RuralMeth.pdf 12. The National Center on Addiction and Substance Abuse. No place to hide: Substance abuse in mid-size cities and rural America. New York, New York: Columbia University. January 2000. Let It Go        3:19    20    Collaborations: 25th Anniversary Collection    2015    Dave Koz    4/27/20, 9:04 AM    Jazz    0  Brody GH, Murry VM, Gerrard M, et al. The Strong African American Families Program: translating research into prevention programming.*https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/15144493/ 14. Bowen A, Horvath K, Williams M. Randomized control trial of an Internet-delivered HIV knowledge intervention with MSM. Health Education and Research. In press. *www.wrapp.net 15. Smith AJ, Gaynor H. Advancing HIV prevention in rural Arkansas. Presented at the National HIV Prevention Conference, Atlanta, GA, 2005. Abstract #M1-C1802. *https://www.cdc.gov/hiv/research/interventionresearch/rep/packages/healthyrelationships.html 16. Prevention in rural communities: Mississippi’s Mobile Medical Clinic. NASTAD HIV Prevention Bulletin. March 2006. 


Preparado por Anne Bowen PhD*, Alan Gambrell MPubAff**, Pamela DeCarlo*** *University of Wyoming, **WordPortfolio, Inc., ***CAPS Traducción: Rocky Schnaath Septiembre 2006. Hoja de Dato #26SR

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Acute infection

What is the role of acute HIV infection in HIV prevention?

What is acute infection?

Acute HIV infection refers to the first stage of infection, the time immediately after a person is infected and before an antibody response to the infection develops. The second stage of infection is seroconversion, when a person develops HIV-specific antibodies. During acute HIV infection, there are high levels of virus since the antibody response has not yet developed.1,2 Determining acute HIV infection is critical for HIV prevention efforts. Conventional HIV tests do not detect acute infection, yet it is estimated that almost half of new HIV infections may occur when a person with acute infection unknowingly transmits HIV.3 There is no defined acute retroviral syndrome since there are many different symptoms associated with acute HIV infection. After an incubation period of 1 to 3 weeks, about 50% of persons with acute HIV infection develop headaches, sore throat, fever, muscle pain, anorexia, rash, and/or diarrhea.4 The symptoms are generally mild and may span anywhere from days to weeks. It is easy to overlook or miss the signs of acute HIV infection. Half of persons who are acutely infected will never notice any symptoms. Also, the symptoms of acute retroviral syndrome are similar for other common illnesses such as infectious mononucleosis and influenza, which means acute HIV infection often goes undiagnosed.4

How is acute infection detected?

Acute infection cannot be detected by most routinely used HIV tests. Conventional HIV tests detect HIV-specific antibodies in blood or oral fluids that are produced by the immune system during seroconversion. Therefore, a person who was infected very recently will receive an HIV-negative result using conventional HIV tests. Nucleic acid amplification testing (NAAT) can detect acute HIV infection by looking for the presence of the virus.5 Because NAAT is expensive to use for each individual specimen, many testing sites are combining HIV-negative blood specimens for testing. This NAAT pooling strategy makes screening for acute HIV infection feasible in settings with low disease incidence but high testing volume.6 Blood specimens with initial HIV-negative antibody results can be routinely screened using the pooled NAAT strategy to detect acute HIV infection. If a client has an HIV-negative antibody test but a positive NAAT result for the virus, it is important to have them come back to the clinic for follow-up counseling and repeat testing to confirm HIV infection.

How does it affect prevention?

The only way for persons to know that they are HIV+ and take precautions to prevent transmission is to be tested for HIV. However, with most routinely used HIV tests, it may take two months or more after initial infection to receive an HIV+ result. These two months are critical for HIV prevention: it is estimated that almost half of HIV transmissions occur when a person is in this acute HIV infection phase. During acute infection, there are high levels of HIV virus in the body,2,3 and high viral load has been shown to be associated with increased risk of HIV transmission.7 If persons are at greatest infectivity during acute infection, it is likely that many persons are transmitting HIV unknowingly during this time. An acutely infected person who receives an HIV-negative antibody test result could be engaging in recommended HIV prevention practices, such as disclosing their status and only having sex or sharing injection equipment with HIV-negative persons, and yet still be transmitting HIV. Persons with acute HIV infection may benefit from enhanced counseling focused on immediate risk reduction strategies and clarification about the conflicting test results. They should also be offered disclosure assistance and partner testing and counseling.8

Can acute infection be treated?

Treating HIV during the acute infection stage may boost the immune system and slow the progression of HIV disease. One study followed HIV+ persons who started highly active antiretroviral treatment (HAART) in the acute infection stage. These persons had significantly better viral load and CD4 counts, compared to HIV+ persons who began HAART at a later stage.9 Guidelines for treating HIV infection usually recommend that HIV+ persons who are asymptomatic and have low viral loads and strong CD4 counts should wait to begin HAART.10 It is possible that initiating treatment during acute infection may be beneficial. However, starting HIV medications is a major decision: there are many side effects and toxicities and there are currently no long-term studies on the effectiveness of treatment for acute infection.11

What’s being done?

North Carolina has instituted the Screening and Tracing Active Transmission (STAT) program to identify and manage new HIV infections. As a part of STAT, all tests at publicly funded sites that return HIV-negative using standard testing are re-tested with NAAT. In 2003, NAAT detected an additional 23 cases of HIV infection, a 3.9% increase in the rate of HIV case identification. All 23 persons with acute infection were notified, 21 began HIV medical care, and 48 of their sexual partners received HIV testing, risk reduction counseling and referrals.6 In 2003, the San Francisco Department of Public Health began to screen for acute HIV infection among persons seeking HIV counseling and testing at the city STD clinic. In 2004, 11 cases of acute HIV infection were detected, reflecting an increase in HIV case detection of 8.8%. Program staff performed contact tracing and partner management for all persons newly diagnosed HIV+.8,12 At a hospital Urgent Care Center in Boston, MA, all patients who had symptoms of a viral illness and who reported risk factors for HIV infection were tested for acute HIV infection. Most patients (68%) agreed to be tested for HIV even though they came to the hospital with unrelated concerns. Of 499 patients tested in 2000, 5 had acute HIV infection and 6 had chronic infection. Of the 5 patients with acute HIV infection, 4 returned for their test results, were seen by an HIV physician or nurse and began antiretroviral therapy.13

What needs to be done?

Acute HIV infection is hard to detect and often goes undiagnosed.14 Primary care physicians and healthcare workers at emergency rooms, urgent care and STD clinics need education and training on symptoms of acute HIV infection.15 Clinicians with patients who show signs of viral illness such as influenza or mononucleosis should conduct quick risk assessments for HIV risk and provide referrals to testing and counseling sites as needed. More HIV testing and counseling sites need to test for acute infection, especially in high prevalence areas and high risk settings such as STD clinics. To accomplish this, resources for training, technical assistance and funding need to increase for agencies that provide acute HIV infection testing. State and federal reimbursement protocols, as well as public and private insurance, need to be changed to encourage the use of NAAT. Identifying persons with acute HIV infection can be an effective HIV prevention strategy, as it focuses on persons at greatest risk for transmission. Persons with acute infection may need enhanced post-test counseling, including referrals to: medical care; social services such as substance abuse and mental health treatment when appropriate and prevention programs for HIV+ persons. Acute infection is also a crucial time for identifying sex and drug use partners and offering disclosure assistance services such as partner notification, counseling, testing and referrals.2,16


Says who?

1. Pilcher CD, Eron JJ, Galvin S, et al. Acute HIV revisited: new opportunities for treatment and prevention . Journal of Clinical Investigation. 2004;113:937-945. 2. Pope M, Haase AT. Transmission, acute HIV-1 infection and the quest for strategies to prevent infection . Nature and Medicine. 2003;9:847-852. 3. Wawer MJ, Gray RH, Sewankambo N, et al. Rates of HIV-1 transmission per coital act, by stage of HIV-1 infection, in Rakai, Uganda . Journal of Infectious Diseases. 2005;191:403-409. 4. Schacker T, Collier AC, Hughes J, et al. Clinical and epidemiologic features of primary HIV infection . Annals of Internal Medicine. 1996;125:257-264. 5. Quinn TC, Brookmeyer R, Kline R, et al. Feasibility of pooling sera for HIV-1 viral RNA to diagnose acute primary HIV-1 infection and estimate HIV incidence . AIDS. 2000;14:2751-2757. 6. Pilcher CD, Fiscus SA, Nguyen TQ, et al. Detection of acute infections during HIV testing in North Carolina . New England Journal of Medicine. 2005;352:1873-1883. 7. Quinn TC, Wawer MJ, Sewankambo N, et al. Viral load and heterosexual transmission of human immunodeficiency virus type 1. Rakai Project Study Group. New England Journal of Medicine. 2000;342:921-929. 8. Klausner J, Kohn R, Nieri G, et al. A comprehensive HIV surveillance & disease control program in a sentinel site: San Francisco municipal STD clinic, 2004. Presented at the National HIV Prevention Conference, Atlanta, GA, 2005. Abst # W0-L0405. 9. Hecht F, Wang L, Collier A, et al. Outcomes of HAART for acute/early HIV-1 infection after treatment discontinuation. Presented at the 12th Conference on Retroviruses and Opportunistic Infections. 2005. Abst# 568. 10. Department of Health and Human Services. Guidelines for the use of antiretroviral agents in HIV-1-infected adults and adolescents. Oct 2005. 11. Geise R, Maenza J, Celum CL. Clinical challenges and diagnostic approaches to recognizing acute human immunodeficiency virus infection . American Journal of Medicine. 2001;111:237-238. 12. Truong HM, McFarland W, Kellogg T, et al. Detection of acute HIV infection among STD clinic patients in San Francisco. Presented at the 13th Conference on Retro-viruses and Opportunistic Infections. 2006. Abst #914. 13. Pincus JM, Crosby SS, Losina E, et al. Acute human immunodeficiency virus infection in patients presenting to an urban urgent care center . Clinical Infectious Diseases. 2003;37:1699-1704. 14. Kuo AM, Haukoos JM, Witt MD, et al. Recognition of undiagnosed HIV infection: an evaluation of missed opportunities in a predominantly urban minority population . AIDS Patient Care and STDs. 2005;19:239-246. 15. Hightow L, MacDonald P, Boland M, et al. Missed opportunities for the diagnosis of acute infection: room for improvement. Presented at the 12th Conference on Retroviruses and Opportunis-tic Infections. 2005. Abst# 565. 16. Centers for Disease Control and Prevention. HIV transmission among black college student and non-student men who have sex with men– North Carolina, 2003 . Morbidity and Mortality Weekly Report. 2004;53:731-734.


Prepared by Hong-Ha M. Truong, PhD, MS, MPH*; Christopher D. Pilcher MD** *CAPS, *Gladstone Institute of Virology and Immunology, **University of North Carolina Chapel Hill January 2006 . Fact Sheet #59E Special thanks to the following reviewers of this Fact Sheet: Michael Busch, Andrew Forsyth, Karlissa Foy, Sabine Kinloch-de Loes, Mario Legault, Elizabeth Londoño, Willi McFarland, Jon Pincus, Elisabeth Puchhammer-Stöckl, Kathleen Sikkema. Reproduction of this text is encouraged; however, copies may not be sold, and the Center for AIDS Prevention Studies at the University of California San Franciso should be cited as the source of this information. For additional copies of this and other HIV Prevention Fact Sheets, please call the National Prevention Information Network at 800/458-5231. Comments and questions about this Fact Sheet may be e-mailed to [email protected]. © January 2006, University of California

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Notificación de parejas

¿Qué papel juegan los servicios de notificación de parejas en la prevención del VIH?

¿por qué la notificación de parejas?

A más de 20 años del inicio de la epidemia y a pesar de los avances en conocimiento, tratamiento, y aceptación del VIH, la experiencia de recibir un diagnóstico VIH+ aún puede resultar traumática. La gente VIH+ debe asimilar la realidad de su propia infección al tiempo de preocuparse por la posible infección de parejas pasadas y futuras. Es difícil hablar con la pareja sobre el VIH, pues aunque puede controlarse, aún no tiene cura. La ayuda con la notificación de parejas (conocida como servicios de asesoramiento y referencia para parejas o PCRS en inglés) es una serie de servicios voluntarios y confidenciales para personas VIH+ y para sus parejas sexuales y/o de inyección de drogas. Estos servicios son costo-efectivos y tienen un papel crítico tanto identificando individuos a mayor riesgo de infección como remitiendo oportunamente a servicios médicos a quienes estén infectados. La mayoría de las personas VIH+ deciden por su cuenta si revelan o no su condición a sus parejas, pero muchas veces necesitan apoyo para hablar directamente con éstas o para que cuidadosa y confidencialmente lo haga un profesional. En un estudio, las personas que recibieron ayuda con la notificación triplicaron la probabilidad de informar a sus parejas sobre el riesgo contraído. En años recientes, los programas de consejería y pruebas del VIH en los EE.UU. han cambiado de aplicar la prueba a todo mundo, a identificar y ofrecer pruebas a los más vulnerables a infectarse. En los sitios generales de pruebas del VIH cerca de un 1% resulta VIH+, comparado con el 8 al 39% que resulta de los programas de notificación de parejas.

¿qué es la notificación de parejas?

La notificación de parejas no siempre la efectúa un profesional médico; de hecho, puede realizarse de tres maneras: Notificación personal- La persona infectada bajo la orientación de un consejero habla directamente con su pareja. La mayoría de las personas VIH+ prefieren este método. Notificación dual- La persona informa a su pareja en presencia de un profesional de salud, quien apoya durante la conversación y sirve de recurso a la pareja notificada. Este método se usa rara vez y requiere de profesionales muy especializados. Notificación por un profesional de salud (un tercero anónimo)- La persona elige que un profesional notifique a la pareja proporcionando los datos de contacto de la misma. Comúnmente, un proveedor de salud entrega la información a especialistas en intervención de enfermedades (EIE) quienes buscan y notifican a las parejas identificadas, manteniendo confidencialmente la identidad del notificante. Este método es el único que permite anonimato. Para las parejas notificadas, los servicios de notificación incluyen: información sobre su exposición al VIH, consejería de prevención del VIH y pruebas, y si su resultado es positivo, remisión a una evaluación médica y a otros servicios pertinentes.

¿cómo funcionan estos servicios?

Se ofrecen cuando la persona recibe un resultado VIH+. No debe ofrecerse una sola vez, sino repetidamente según cambien las circunstancias de riesgo y las necesidades de la persona. El propósito es ayudar a las personas VIH+ a informar a sus compañeros sexuales y/o de inyección de drogas sobre una posible exposición al VIH. La calidad y el uso de los servicios de notificación de parejas en EE.UU. pueden variar de estado a estado. Algunos están obligados a ofrecerlos por ley, otros por medio de programas de VIH/ITS o reciben remisiones de médicos, departamentos de salud o de sitios de pruebas. Las organizaciones de servicios de VIH, los departamentos de salud y la mayoría de las clínicas y hospitales pueden notificar parejas. Las organizaciones de servicios pueden asesorar y apoyar en la notificación personal o dual, u obtener los datos de las parejas y proporcionarlos a los EIE para notificación. La mayoría de las notificaciones la realizan los departamentos de salud pues tienen la capacidad, el conocimiento, el personal y la protección contra demandas legales. Una buena notificación depende de EIE con la capacitación, la experiencia y los conocimientos adecuados. Es importante que los EIE reciban apoyo y preparación continua así como evaluaciones periódicas de rendimiento para asegurar la calidad de sus servicios.

¿cuáles son las inquietudes al respecto?

Los mensajes de salud pública han exhortado a la notificación a toda pareja sexual y/o de inyección de drogas, pero esta notificación es difícil y compleja. Algunas personas VIH+ deciden no revelar su condición por temor al posible rechazo familiar o de la pareja, a menos oportunidades sexuales, a menos acceso a drogas o mayor riesgo de violencia física y sexual. Los programas de VIH deben aceptar que “no notificar” es también una opción válida. Aunque por muchos años se han usado los servicios de los profesionales de salud para notificar sobre otras ITS, respecto al VIH existe un amplio rango en los índices aceptación de este tipo de notificación: En Carolina del Norte, el 87% de personas VIH+ recientemente diagnosticadas aceptó la notificación por un profesional, en Florida el 63.1%, en Los Ángeles, CA el 60%, en el Estado de Nueva York el 32.9%, en Seattle, WA el 32% y entre los recipientes de pruebas anónimas en San Francisco, CA el 3.1%. En Los Ángeles, las razones más comunes de rechazo de la notificación fueron: Pareja ya notificada (23.4%), no estar listo/a para revelar su condición (15.3%), abstinencia sexual (15%) y pareja anónima (11%). La revelación de la condición de VIH a las parejas puede ser motivo de temor, pero también fuente de poder. En un estudio, los consumidores VIH+ de drogas inyectables que revelaron su condición encontraron un aumento en el apoyo social y en la intimidad con sus parejas, una reafirmación de su sentido de sí mismos y la oportunidad de compartir experiencias y sentimientos con sus parejas sexuales. Otro estudio de personas VIH+ y sus parejas que recibieron ayuda con la notificación encontró que el abuso emocional y la violencia física disminuyeron notablemente después de la notificación.

¿qué se está haciendo al respecto?

En Florida, los EIE brindan servicios de notificación de parejas para todo caso nuevo de VIH reportado. En el 2004, el 63.1% de las personas recién diagnosticadas con VIH aceptó la notificación de parejas por un profesional, con la consecuente identificación de 4,460 parejas sexuales o de inyección de drogas. De estas parejas, el 21.8% ya había resultado VIH + anteriormente. De las 2,518 personas notificadas, el 84.2% aceptó recibir consejería y pruebas; el 11.5% resultó VIH+. El Departamento de Salud de Massachusetts lanzó un programa piloto de notificación de parejas “centrado en el cliente” el cual se integró a los servicios rutinarios de prevención, atención y apoyo. El programa requirió modificaciones importantes al modelo habitual de notificación de los EIE; se formaron vínculos estrechos entre los proveedores de servicios y los EIE para responder mejor a las necesidades de notificación de parejas mientras se protegía la confidencialidad. California instituyó un programa de notificación voluntaria que incluye: Consejería y preparación para que las personas VIH+ revelen la información personalmente; notificación anónima por un tercero; consejería, pruebas y remisión a servicios para las parejas identificadas; y capacitación y asistencia técnica para profesionales médicos en centros públicos y privados. Cerca de un tercio de los pacientes optó por la notificación por un tercero y el 85% remitió a sus parejas. De las parejas localizadas, el 56% se hizo la prueba (la mitad nunca se la había hecho) y el 18% de todas las parejas resultó VIH+.

¿qué queda por hacer?

Las nuevas tecnologías de pruebas del VIH pueden ser útiles en los servicios de notificación. La prueba rápida mejorada es una herramienta invaluable para ofrecer pruebas a las parejas notificadas. La prueba de amplificación de ácido nucleico (NAAT, en inglés) puede determinar infecciones agudas, nuevas infecciones que no se detectan durante el periodo de ventana de otras pruebas. Combinando estas estrategias de pruebas con la notificación de parejas se podría identificar a personas recién infectadas y que éstas reciban atención y servicios inmediatamente. Para que la notificación de parejas (especialmente la realizada por un tercero) funcione bien dentro de los servicios de VIH pueden requerirse de modificaciones extensivas al modelo tradicional de los EIE. El personal de prevención general de VIH puede capacitarse como EIE para ampliar el acceso y la confianza a éstos servicios. Los departamentos de salud pueden conectar más sus programas de VIH, ITS y con organizaciones externas. Los servicios de notificación deben ofrecerse no sólo en el diagnóstico inicial del VIH, sino constantemente según cambien las circunstancias y las necesidades de las personas VIH+. No les corresponde a los profesionales de salud decidir si la persona necesita o desea ayuda para notificar a sus parejas; el apoyo y las opciones deben ofrecérsele independientemente de cuál sea su decisión en ese momento. Preparado por Fern Orenstein MEd CA STD Control Branch, Prevention Training Center Septiembre 2005. Hoja #53SR **********

¿quién lo dice?

1. Landis SE, Schoenbach VJ, Weber DJ, et al. Results of a randomized trial of partner notification in cases of HIV infection in North Carolina. New England Journal of Medicine. 1992;326: 101-106. 2. Golden MR. Editorial: HIV partner notification, a neglected prevention intervention. Sexually Transmitted Diseases. 2002;29:472-475. 3. Varghese B, Peterman TA, Holtgrave DR. Cost-effectiveness of counseling and testing and partner notification: a decision analysis. AIDS. 1999;13:1745-1751. 4. Eckert V. Utilization of voluntary HIV partner counseling and referral services. California Office of AIDS & STD Control Branch. Presented at the Statewide PCRS Conference, May 2004. 5. Centers for Disease Control and Prevention. Advancing HIV Prevention: New Strategies for a Changing Epidemic – US, 2003. Morbidity and Mortality Weekly Report. 2003:52;329-332.http://www.cdc.gov/mmwr/preview/mmwrhtml/mm5215a1.htm (accessed April 2006). 6. HIV partner counseling and referral services guidance. Centers for Disease Control and Prevention. 1998. https://www.cdc.gov/hiv/guidelines/partners.html  7. Aldridge C, Randall L. Implementing partner counseling and referral services programs. Presented at the National HIV Prevention Conference, Atlanta, GA. 2005. Abst #TO-057. 8. Centers for Disease Control and Prevention. Partner counseling and referral services to identify persons with undiagnosed HIV–North Carolina, 2001. Morbidity and Mortality Weekly Report. 2003;52:1181-1184.http://www.cdc.gov/mmwr/preview/mmwrhtml/mm5248a4.htm(accessed April 2006). 9. George D. Partner counseling and referral services (PCRS): the Florida experience. Presented at the National HIV Prevention Conference, Atlanta, GA. 2005. Abst #M3-B1605. 10. Aynalem G, Hawkins K, Smith LV, et al. Who and why? Partner counseling and referral service refusal: implication for HIV infection prevention in Los Angeles. Presented at the National HIV Prevention Conference, Atlanta, GA. 2005. Abst #MP-036. 11. Birkhead G. HIV partner counseling and referral services in New York state. Presented at the National HIV Prevention Conference, Atlanta, GA. 2005. Abst #M3-B1603. 12. Golden MR. Partner notification: where do we stand and outstanding barriers. Presented at the National HIV Prevention Conference, Atlanta, GA. 2005. Abst #T3-D1302. 13. Schwarcz S, McFarland W, Delgado V, et al. Partner notification for persons recently infected with HIV: experience in San Francisco. Journal of Acquired Immune Deficiency Syndrome. 2001;28:403-404. 14. Parsons JT, Vanora J, Missildine W, et al. Positive and negative consequences of HIV disclosure among seropositive injection drug users. AIDS Education and Prevention. 2004;16:459-475. 15. Kissinger PJ, Niccolai LM, Magnus M, et al. Partner notification for HIV and syphilis: effects on sexual behaviors and relationship stability. Sexually Transmitted Diseases. 2003;30:75-82. 16. Cranston K. Planning for HIV partner counseling and referral services in the third decade. Presented at the National HIV Prevention Conference, Atlanta, GA. 2005. Abst #T3-D1301. 17. Pilcher CD, Fiscus SA, Nguyen TQ, et al. Detection of acute infections during HIV testing in North Carolina. New England Journal of Medicine. 2005;352:1873-1883.