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Jóvenes HSH
¿Qué necesitan los hombres jóvenes que tienen sexo con hombres para la prevención del VIH?
revisado 4/01
¿están en riesgo de contraer VIH?
Sí. En los EEUU más de la mitad de los casos nuevos de VIH/SIDA en hombres de 13 a 24 años, ocurren por contacto sexual entre hombres.1 Varios estudios encontraron que del 26% -50% de los hombres jóvenes que tienen sexo con hombres reportó haber tenido relaciones sexuales recientes sin protección, muchas de las cuales se dieron con parejas de estatus de VIH desconocido o diferente al del entrevistado.2-4 El índice de conductas de riesgos que toman los jóvenes HSH también se ha incrementado.5 El término de hombres jóvenes que tienen sexo con hombres (jóvenes HSH) se refiere a todo aquel menor de 30 años que se identifique como gay/bisexual, así como a quien no se identifique como tal pero que practique el sexo con otro hombre Un gran número de jóvenes HSH urbanos está infectado con VIH. Un estudio con participantes entre los 15 y 22 años en siete ciudades (Baltimore, Dallas, Los Angeles, Miami, Nueva York, El Area de la Bahía de San Francisco y Seattle) reveló una alta prevalencia (número total de infecciones existentes) general del 7%, que varía entre 2% y 12% entre subgrupos. El 82% de los jóvenes VIH+ no sabían que estaban infectados antes participar en éste estudio.6 Los jóvenes HSH de raza no blanca (no caucásicos), especialmente los afroamericanos, están siendo mayormente afectados por el VIH. En el estudio mencionado arriba, el 14% de los afroamericanos resultaron VIH+ comparado con un 3% de asiáticos, 3% de caucásicos, 7% de hispanos y un 13% de hombres de razas mezcladas (o “mixtas” como se les denomina en EEUU).6
¿por qué corren riesgos los jóvenes HSH?
Desgraciadamente, no existe una respuesta sencilla. Las razones por las que ocurre el sexo desprotejido son complejas y múltiples.3,7 La adolescencia y el inicio de la edad adulta comúnmente se caracterizan por la experimentación sexual y el consumo de drogas. Aunque la mayoría de los jóvenes HSH llegará a practicar ciertas conductas de riesgo, sólo un pequeño porcentaje tomará riesgos constantemente. Muchos jóvenes luchan con tensiones personales, interpersonales y sociales que pueden limitar su capacidad de protegerse. Para algunos jóvenes HSH [en los EEUU] existen factores individuales capaces de impulsarles a tener sexo desprotegido, por ejemplo: sentimientos de invulnerabilidad ante el VIH, altos niveles de optimismo por los medicamentos antivirales, percepción de que el sexo desprotegido es más placentero que el sexo protegido, depresión o tristeza, conflicto con la identidad sexual o racial [que frecuentemente se ven como separadas y parte de dos comunidades diferentes] y consumo de alcohol o drogas (como cristal/speed, poppers).8 Proteger su salud no es necesariamente la preocupación principal del joven HSH como lo son las motivaciones interpersonales de querer sentirse parte de algo, querer compañía y tener intimidad. Además, existen otros factores interpersonales que pueden contribuir al sexo desprotegido como no saber comunicar o negociar relaciones sexuales más seguras con una pareja sexual. Los jóvenes HSH con pareja son más propensos que los solteros al sexo desprotejido.4 Los factores sociales también pueden influir en los riesgos que toman los jóvenes HSH. Muchos jóvenes se sienten aislados o rechazados por las fuentes de tradicionales de apoyo como la familia, la escuela o la comunidad religiosa.9 La homofobia, el racismo y la pobreza también ponen en riesgo a estos jóvenes. Algunos jóvenes HSH (especialmente los indigentes) luchan con preocupaciones diarias como evitar la violencia, buscar un lugar dónde vivir o conseguir comida. Estas preocupaciones inmediatas pueden opacar la necesidad de protegerse al inyectarse drogas y al tener sexo. Los jóvenes HSH tienen pocos lugares públicos dónde reunirse. Los bares gay y las areas públicas de encuentro o “de ligue” son sitios visibles y accesibles que ofrecen anonimato para el joven que intenta explorar su identidad sexual. Estos sitios están asociados con niveles altos para la toma de riesgos pues tienen una alta tensión sexual. Además, la escena del bar al enfatizar el consumo de alcohol, crea un escenario ideal para los encuentros sexuales bajo la influencia del mismo. Se ha encontrado que todo esto contribuye consistentemente al sexo desprotegido.10 Poco se sabe del papel de la Internet en la vida de éstos jóvenes y cómo la utilizan para obtener apoyo social, conocer nuevas amistades, tener encuentros sexuales, y conseguir pareja.
¿qué se ha hecho?
El proyecto Mpowerment es una intervención de múltiples niveles por y para jóvenes gay. Ellos mismos se encargan del programa. Debido a que el VIH puede ser un tema poco atractivo para muchos jóvenes HSH, el proyecto se concentra en sus intereses y preocupaciones sociales. Ellos coordinan y planean actividades que les permiten crear una comunidad más fuerte y más saludable en la que el sexo protegido sea la norma aceptada mutuamente. Al participar, los jóvenes del proyecto reducen sus tasas de sexo anal desprotegido con parejas casuales y con novios.3 Mpowerment ha comprobado su eficacia como intervención para la prevención del VIH. Ofrece adiestramientos a agencias comunitarias y un manual sobre cómo replicar éste modelo.11 La organización COLOURS en Filadelfia ofrece grupos de apoyo, adiestramiento de pares y manejo de casos individuales para jóvenes de raza no blanca. Tienen promotores que asisten a los bares y clubes de sexo frecuentados por adultos HSH de raza no blanca y ofrecen condones y consejería a jóvenes que se relacionan con una pareja mayor. También promueven programas para el tratamiento del alcohol y drogas dirigidos a jóvenes HSH.12 La Asociación Americana de Psicología (APA sus siglas en inglés) ha implementado el proyecto Healthy Schools for Gay and Lesbian Students (escuelas sanas para estudiantes gay y lesbianas) que imparte adiestramiento a psicólogos, consejeros, enfermeras y trabajadoras sociales de las escuelas para que puedan trabajar exitosamente con estudiantes gay, lesbianas y bisexuales. La meta es crear un ambiente escolar más hospitalario y que la educación sobre prevención de VIH toque temas importantes para ellos/as.13 “Chico Chats”, un programa del proyecto STOP AIDS en San Francisco, imparte una serie de talleres intensivos durante un mes. Los participantes llegan a conocerse mientras que entablan conversaciones conducidas por un moderador sobre temas como identidad, imagen corporal, relaciones de pareja y cómo todo ésto se vincula con el VIH. Un componente clave de los talleres es aprender las técnicas sobre organización y movilización comunitaria. Los participantes formaron un grupo activista llamado ¡Ya Basta! Diseñaron un video y un taller que examina los temas del silencio sexual y la forma de “salir del closet” en el contexto de las familias latinas. El video está siendo presentado a la comunidad latina de San Francisco.14
¿qué más se necesita?
Para ser eficientes, los programas para jóvenes HSH deberán considerar el contexto de sus vidas y los factores individuales, interpersonales y sociales que los pone en riesgo. Una educación integral sobre salud y sexualidad debe dirigirse tanto a los que se identifican como gay o bisexual como a los que no lo hacen. Desgraciadamente, muchos programas escolares tienen un enfoque en la reproducción o la abstinencia hasta el momento del matrimonio, marginando aún más a los jóvenes HSH. Hay una necesidad urgente de crear programas de prevención y bienestar para jóvenes HSH de raza no blanca. Los programas existentes para hombres mayores HSH de raza no blanca también deben estar disponibles para los jóvenes. Estos programas deben incluir los temas de la sexualidad, identidad gay, cultura, etnicidad, racismo, homofobia, pobreza y violencia. Los programas deben considerar las necesidades de prevención de VIH para jóvenes que son VIH+ y VIH-. Es necesario prestar especial atención a la forma de llegar a los jóvenes HSH marginados como los indigentes, los trabajadores sexuales o los que están bajo el sistema de justicia criminal. Es posible que ellos no se identifiquen a sí mismos como gay o bisexuales y que sus necesidades inmediatas sean la comida y un techo. Se necesitan programas que promuevan el apoyo para jóvenes HSH y los incluyan directamente en la planificación e implementación de los mismos; por ejemplo crear lugares seguros donde los jóvenes puedan socializar y tengan acceso a servicios, implementar programas escolares que instruyan sobre la sexualidad y necesidades de gay y bisexuales; promover mayor aceptación del joven HSH en las escuelas, familias, comunidades religiosas, la comunidad gay en general y en las comunidades de razas no blancas.15 La homofobia social puede impedir la implementación de programas de prevención para jóvenes HSH y puede desalentarles para que utilicen los servicios de prevención.16 La política no debe interferir con los servicios de prevención para jóvenes HSH. Dirigir mensajes de prevención y ofrecer servicios a estos jóvenes son respuestas adecuadas ante la grave amenaza que enfrenta la salud pública. Si no se toma acción inmediata muchos más hombres perderán sus vidas a causa del VIH.
¿quién lo dice?
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- Molitor F, Facer M, Ruiz JD. Safer sex communication and unsafe sexual behavior among young men who have sex with men in California. Archives of Sexual Behavior. 1999;28:335-343.
- Kegeles SM, Hays RB, Pollack LM, et al. Mobilizing young gay and bisexual men for HIV prevention: a two-community study . AIDS. 1999;12:1753-1762.
- Hays RB, Kegeles SM, Coates TJ. Unprotected sex and HIV risk-taking among young gay men within boyfriend relationships . AIDS Education and Prevention. 1997;9:314-329.
- Ekstrand ML, Stall RD, Paul JP et al. Gay men report high rates of unprotected anal sex with partners of unknown or discordant HIV status . AIDS. 1999;13:1525-1533.
- Valleroy LA, MacKellar DA, Karon JM et al. HIV prevalence and associated risks in young men who have sex with men . Young Men’s Survey Study Group. Journal of the American Medical Association. 2000;284:198-204.
- Strathdee SA, Hogg RS, Martindale SL et al. Determinants of sexual risk-taking among young HIV-negative gay and bisexual men . Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes and Human Retrovirology. 1998;19:61-66.
- Choi KH, Kumekawa E, Dang Q et al. Risk and protective factors affecting sexual behavior among young Asian and Pacific Islander men who have sex with men: Implications for HIV prevention . Journal of Sex Education & Therapy. 1999;24:47-55.
- Beeker C, Kraft JM, Peterson JL, et al. Influences on sexual risk behavior in young African-American men who have sex with men. Journal of the Gay and Lesbian Medical Association. 1998;2:59-67.
- Greenwood GL, White EW, Page-Shafer K, et al . Correlates of heavy substance use among young gay and bisexual men: The San Francisco Young Men’s Health Study . Drug and Alcohol Dependence. 2001:61:105-112.
- CDC. Compendium of HIV prevention interventions with evidence of effectiveness . 1999.
- The COLOURS Organization, Inc . Philadelphia, PA. 215/496-0330.
- Clay RA. Healthy Schools project hoped to ease discrimination . APA Monitor. 1999;30.
- The STOP AIDS Project . Q Action, ¡Ya Basta! San Francisco, CA. 415/865-0790 x303.
- Seal DW, Kelly JA, Bloom FR, et al. HIV prevention with young men who have sex with men: what young men themselves say is needed . AIDS Care. 200;12:5-26.
- Stokes JP, Peterson JL. Homophobia, self-esteem, and risk for HIV among African American men who have sex with men . AIDS Education and Prevention. 1998;10:278-292.
Preparado por Pilgrim Spikes MPH, Phd, Bob Hays PhD, Greg Rebchook PhD, Susan Kegeles PhD; Traducción Romy Benard y Maricarmen Arjona CAPS Septiembre 2001. Hoja Informativa 8SR
Latina/os
What Are U.S. Latinos’ HIV Prevention Needs?
revised 4/02
Are Latinos at risk for HIV?
HIV continues to be a major health threat for Latinos in the US, many of whom are disadvantaged due to racism, economic disparities and language barriers. Latinos in the US (including residents of Puerto Rico) are disproportionately affected by HIV, accounting for 18% of total AIDS cases while comprising 14% of the US population.1 The majority of AIDS cases among the Latino population in 2000 were concentrated among those born in the continental US (35%) and Puerto Rico (25%), followed by those born in Mexico (13%), Central or South America (8%) and Cuba (2%). An additional 18% were reported from Latinos with unknown place of birth (15%) or born elsewhere (3%).2
What puts Latinos at risk?
Latinos in the US include a diverse mixture of racial and ethnic groups and cultures. Latinos share common factors with other ethnic groups that increase vulnerability to HIV, such as discrimination,3 poverty, lack of information, substance use and negative attitudes toward condoms. AIDS case rates and risk behaviors among Latinos in the US vary by region. In the Northeast and along the eastern seaboard, where many Latinos from Puerto Rico live, Latino rates are up to three times higher than the national average.4 In this region, the main risk for transmission is injection drug use, believed to be fueled by the concentration of heroin availability. By comparison, in the West and Southwest, the majority of AIDS cases occurs among men who have sex with men (MSM), although cases are also high among injection drug users (IDUs) in certain areas. In 2000, 47% of AIDS cases among Latino men were attributed to sex with men, 33% to injection drug use, and 14% to sex with women. In the same year, 65% of AIDS cases among Latina women were attributed to sex with men, and 32% to injection drug use.1 Thus, among both male and female Latinos, as with most other groups, unprotected sex with an HIV+ man is the most common route for becoming infected with HIV, followed by the sharing of an unclean syringe/needle with an HIV+ person. HIV risk dynamics among immigrant and migrant Latinos can be more complex than among US born Latinos, as they are dealing with conflicting cultural norms while trying to adjust to life in a new country. For some, this results in higher risk; for others, lower risk. Levels of acculturation, poverty, employment, migrant labor conditions and connection to traditional Latino values can influence HIV risk.6
What are barriers to prevention?
The social and political climate in the US today poses serious problems for effective HIV prevention in Latino communities. Racial and ethnic discrimination, anti- immigrant attitudes, policies on mandatory testing for immigrants, and fear of deportation for undocumented immigrants can prevent many Latinos from receiving and accessing adequate resources and services for HIV prevention, including HIV counseling and testing. Traditionally in Latino cultures, sex and sexuality are not discussed. For some Latina women, this sexual silence dictates that they should not know about or talk to men about sex because it suggests promiscuity. Therefore, their ability, comfort and success in insisting on condom use with male partners may be limited. Sexual silence can prevent MSM from discussing their sexual preference, instilling low self-esteem and personal shame. In addition, the lack of parental discussions and education regarding sex and condoms seems to contribute to the disproportionate number of unintended pregnancies, sexually transmitted diseases and HIV cases among Latino youth.9 Injection drug use is one of the main risk factors for HIV transmission, yet many IDUs do not have access to clean needles and drug treatment. Access is even more difficult for monolingual, immigrant Latino IDUs who may not use needle exchange sites or other public services due to lack of knowledge and fear of being recognized or deported.
How does culture affect prevention?
Familismo is a traditional Latino commitment to family and a central support to family members. Familismo can be a powerful incentive in helping heterosexual Latino men reduce unprotected sex with casual partners outside of primary partnerships. However, for many Latino MSM, familismo and homophobia can create conflict because families may perceive homosexuality as wrong. MSM are forced to separate their sexual identity from their family life, leading to low self-esteem and personal shame.8 Machismo may lead men to view sex as a way to prove masculinity. This can mean that frequency and type of sex are most often determined by men, leaving women in fear of violence or abandonment if they resist male sexual advances.7Machismo may also be used as an excuse for unprotected sex.
What’s being done?
Prevention Point Philadelphia, in collaboration with other AIDS organizations, operated a full service needle exchange site from a van that traveled to an area with many shooting galleries. The van offered needle exchange, oral HIV testing, bilingual social service and drug treatment referrals and medical care. The van reached many homeless, Spanish-speaking Puerto Rican IDUs who were regular shooting gallery users. Many of them had never accessed preventive medical care or social services. In San Antonio, TX, a three-session small group intervention was offered to English-speaking Mexican-American women who had a sexually transmitted disease (STD). The intervention sought to help women recognize their risk for HIV and other STDs, make a plan to change and then build skills to help reduce those risks. The intervention significantly reduced rates of subsequent STDs.11 Hermanos de Luna y Sol, is an ongoing intervention for Latino gay/bisexual men at Mission Neighborhood Health Center in San Francisco, CA, based on empowerment education and social support. The program provides outreach, six structured discussion sessions and ongoing support to maintain behavior change. Sessions deal with the common history of oppression among Latino gay men, social support and community and emotional issues around sex and sexuality. The impact of AIDS and HIV transmission are discussed in the final two sessions. The program has been successful in recruiting men and increasing condom use among participants.12 Mujeres Unidas y Activas is a community education, organizing and advocacy project created by and for Latina immigrant and refugee women in San Francisco, CA. The project includes components such as information meetings, friendship circles, workshops and advocacy. Although the project was not developed to specifically target HIV risk behaviors, women who attended up to nine types of activities showed increases in sexual communication comfort, were less likely to maintain traditional sexual gender norms and reported changes in decision-making power.13
What still needs to be done?
Latinos are concerned about the HIV epidemic and are motivated to learn and to teach their children about prevention.14 Providers and social service agencies should capitalize on this by providing Spanish-language or bilingual education and services such as anonymous and confidential HIV testing. Incorporating HIV prevention messages into general health services, Spanish media and religious settings would decrease stigma and increase access to HIV prevention programs. As Latinos, we must attempt to break the silence around sexuality in our communities and overcome homophobia. Latinos can encourage healthy sexuality by discussing gender role expectations, teaching children about sexuality and accepting diversity in our own community. Programs can build upon the protective aspects of Latino culture and emphasize resiliency. Larger societal factors such as poverty, racism and homophobia must also be addressed in order to reduce their impact on risk behavior.
Says who?
1.Centers for Disease Control and Prevention. HIV/AIDS Surveillance Report, Midyear Edition. 2001;13. https://www.cdc.gov/hiv/library/reports/hiv-surveillance.html 2. Centers for Disease Control and Prevention. HIV/AIDS Surveillance Report, Year End Edition. 2000;12. https://www.cdc.gov/hiv/library/reports/hiv-surveillance.html 3. Díaz RM, Ayala G. Social discrimination and health: the case of Latino gay men and HIV risk. National Gay and Lesbian Task Force. 4. Kaiser Family Foundation. Key Facts: Latinos and HIV/AIDS. November 2001. 5. Klevens RM, Díaz T, Fleming PL, et al. Trends in AIDS among Hispanics in the United States, 1991-1996. American Journal of Public Health. 1999;89:1104-1106. 6. Organista K, Carrillo H, Ayala G. HIV prevention with Mexican migrants: review, critique and recommendations. Journal of Acquired Immune Deficiency Syndrome. 2004;37:S227-39 7. Gómez CA, Marín BV. Gender, culture and power: barriers to HIV prevention strategies for women. The Journal of Sex Research. 1996;33:355-362. 8. Díaz RM. Latino Gay Men and HIV: Culture, Sexuality and Risk Behavior. New York: Routledge Press, 1998. 9. The National Campaign to Prevent Teen Pregnancy. Whatever Happened to Childhood? The Problem of Teen Pregnancy in the United States. 1997. 10. Porter J, Perez G. Taking it to the street: shooting gallery needle exchange site for drug injectors at highest risk for HIV. Presented at the International Conference on AIDS, Geneva, Switzerland; 1998. Abst #33402. 11. Shain RN, Piper JM, Newton ER, et al. A randomized, controlled trial of a behavioral intervention to prevent sexually transmitted disease among minority women. New England Journal of Medicine. 1999;340:93-100. 12. Hermanos de Luna y Sol. Contact: 415/552-1013 x296 13. Gómez CA , Hernandez M, Faigeles B. Sex in the New World: An Empowerment Model for HIV Prevention among Latina Immigrant Women. Health Education & Behavior. 1999;26:200-212. 14. Kaiser Family Foundation. Latinos’ View of the HIV/AIDS Epidemic at 20 Years: Findings from a National Survey. 2001. 15. Ortiz-Torres B, Serrano-Garcia I, Torres-Burgos N. Subverting culture: promoting HIV/AIDS prevention among Puerto Rican and Dominican women. American Journal of Community Psychology. 2000;28:859-881. 16. Raj A, Amaro H, Reed E. Culturally tailoring HIV/AIDS prevention programs: Why, when and how. In: Kazarian & Evans (Eds) Handbook of Cultural Health Psychology. San Diego: Academic Press, 2001; 195-239.
Prepared by Cynthia Gómez, PhD, CAPS April 2002. Fact Sheet #17ER Special thanks to the following reviewers of this Fact Sheet: Hortensia Amaro, George Ayala, Jaime Calderón-Soto, Alejandra Cano, Dennis De Leon, José Ramón Fernandez-Peña, Francisco Gonzales, Barbara Marín, Kurt Organista, Prisci Quijada, Carlos Soles, Carlos Velazquez, Luis Villanueva.
Reproduction of this text is encouraged; however, copies may not be sold, and the Center for AIDS Prevention Studies at the University of California San Franciso should be cited as the source of this information. Comments and questions about this Fact Sheet may be e-mailed to [email protected]. © September 2001, University of California
Redes sexuales
¿Cómo afectan las redes sexuales a la prevención del VIH/ETS?
¿qué son las redes sexuales?
El comportamiento de riesgo no es suficiente para explicar por qué algunas personas y comunidades (más que otras) siguen infectándose por el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual (ETS). Las redes ayudan a explicar cómo dos personas pueden tener la misma conducta riesgosa y sin embargo una puede tener un riesgo mucho mayor de contraer o de transmitir el VIH. Las redes sexuales son grupos de personas interconectadas sexualmente. El número de personas en la red, la centralidad de las personas de alto riesgo, el porcentaje de relaciones monógamas y el número de “enlaces” que cada individuo tiene con los otros, son todos determinantes de la rapidez con la cual el VIH y las ETS pueden ser transmitidas por la red.1 Las redes sexuales son distintas a las redes sociales, aunque muchas veces se traslapan.
¿cómo afectan las redes en la transmisión?
Las diferentes maneras de elección de parejas afectan la rapidez de propagación del VIH y las ETS. Por definición, las personas exclusivamente monógamas no forman parte de ninguna red sexual. Si ambas personas son VIH-negativas, permanecerán así. Los monógamos seriales son personas que terminan una relación antes de pasar a la próxima. Si tienen sexo sin protección, corren más riesgo de contraer el VIH o una ETS que las personas exclusivamente monógamas. El riesgo de las parejas anteriores puede afectar a las parejas posteriores. En las relaciones concurrentes, se tiene más de una pareja sexual en el mismo periodo y se tienen relaciones sexuales con una y otra alternativamente; lo cual aumenta la probabilidad de transmisión, pues las parejas anteriores pueden ser infectadas por las parejas posteriores. Además, las relaciones concurrentes pueden servir como “puntos o nodos” que conectan a todas las personas de la red en una densa agrupación, creando redes ampliamente conectadas que facilitan la transmisión. Las parejas concurrentes también pueden conectar a cada una de sus agrupaciones y redes respectivas. La concurrencia por sí sola puede generar una epidemia aunque el número promedio de parejas sea relativamente reducido. Las dos redes representadas arriba demuestran que no solo importa la conducta de riesgo sino también de la configuración del riesgo. Cada red tiene 8 personas (círculos) interconectadas que forman 9 relaciones. Dos personas tienen 3 parejas cada una, y las otras seis tienen 2 parejas cada una, pero la transmisión será menos eficiente en la red A y la prevención será más difícil en la red B. En la red A, a tan sólo dos pasos de la persona índice, la mitad de los integrantes de la red se pueden infectar mientras que la mitad puede permanecer libre de infección; en la B, a dos pasos todos pueden resultar infectados menos la persona situada al extremo derecho. Para evitar la exposición de la mitad de la población de la red A, es necesario cortar un solo enlace, mientras que en la red B se deberán cortar tres enlaces. En otras palabras, cuando se trata de una epidemia, el destino de las personas depende de la estructura de su red sexual.3
¿cuáles son los conceptos clave?
Número de parejas: Los programas se pueden enfocar en las personas con el mayor número de enlaces en la red. Con respecto al VIH/ETS, esto sugiere que además de promover el uso de condones, los programas deben identificar a las redes con un alto número de parejas desprotegidas. La difusión aleatoria amplifica la transmisión: La infección se propaga con más rapidez cuando la formación de parejas se hace aleatoriamente.4 Cuando las parejas se eligen por compartir ciertas características (como edad, grupo étnico o clase socioeconómica), es posible que la enfermedad no llegue a transmitirse a todos los subgrupos. Cuando la elección se realiza en forma aleatoria o anónima, la enfermedad se puede transmitir más rápidamente entre todos los grupos. Grupos centrales: Los integrantes del grupo central tienen un comportamiento de riesgo alto, contribuyen desproporcionadamente a la transmisión del VIH/ETS y pueden alimentar una transmisión sostenida. Centralidad: El grado de centralidad de una persona VIH+ dentro de la red tiene una influencia profunda sobre las tasas de transmisión en la comunidad. En Colorado Springs, CO, un análisis de redes reveló que las personas VIH+ tenían niveles altos de conducta riesgosa pero se situaban en la periferia de las redes de riesgo.5 Esta configuración de red puede haber explicado los niveles relativamente reducidos del VIH. En contraste, las personas VIH+ en la ciudad de Nueva York, NY ocupaban posiciones centrales dentro de sus redes de uso de jeringas compartidas y de riesgo sexual, lo cual ayudó a explicar los elevados niveles de infección observados entre ellas.6
¿pueden las redes sexuales ayudar a explicar diferencias raciales en las tasas de VIH/ETS?
Sí. Las redes sexuales y la selección de parejas ayudan a explicar las diferencias raciales en las tasas de VIH y ETS. Por ejemplo, aunque no se arriesguen más que los caucásicos los hombres afroamericanos gay y bisexuales, parecen infectarse mucho más rápidamente.7 De la misma manera, los hombres asiáticos gay y bisexuales reportan niveles parecidos de riesgo pero se infectan con menos frecuencia.8 Un estudio nacional demostró que los afroamericanos heterosexuales se infectaban con ETS casi cinco veces más rápidamente que los caucásicos después de controlar los factores de riesgo individuales. Las infecciones transmitidas sexualmente permanecen en las poblaciones afroamericanas porque la elección de parejas se hace en forma más segregada que en otros grupos. Además, los afroamericanos “no centrales” (con pocas parejas sexuales) son más propensos a elegir parejas sexuales “centrales”. En cambio, los caucásicos no centrales tienden a elegir parejas no centrales.9
¿qué intervenciones influyen en las redes?
Notificación de pareja: Muchos departamentos de salud pública han desarrollado técnicas sumamente confidenciales y confiables de notificación de parejas y, mediante el análisis de redes, han aprendido a rastrear “subiendo” por la cadena de transmisión hacia el transmisor en lugar de “bajar” por la cadena hacia las parejas infectadas.10 Esto les permite identificar a los transmisores y remitirlos a servicios de tratamiento y de asesoramiento sobre la prevención del VIH y las ETS. Formulación de mensajes: Además de la promoción del uso de condones y la consejería, se pueden difundir mensajes específicos en los medios de comunicación para fomentar la fragmentación de la red, lo cual se hace promoviendo la monogamia serial (“una pareja la vez”) en lugar de tener parejas concurrentes. Diálogo comunitario: Las organizaciones comunitarias (OC) pueden ser clave para facilitar el diálogo sobre las preguntas difíciles acerca de las redes en la comunidad: ¿Cómo deben las comunidades equilibrar las libertades sexuales de todos (incluyendo las personas de alto riesgo) con la salud y el futuro de la comunidad entera? ¿Qué normas comunitarias y culturales contribuyen a la formación de redes sexuales riesgosas? Las OC también deben distinguir entre los tradicionalmente definidos “grupos de riesgo” y aquellos individuos de más alto riesgo, con el fin de canalizar recursos hacia estos últimos. Lugares que facilitan el intercambio sexual de parejas: En muchos ambientes, la identificación de parejas puede ser imposible. Sin embargo, es posible que al focalizar lugares en donde las redes de alto riesgo se mezclan sexualmente con las de bajo riesgo, los promotores de la prevención del VIH y las ETS puedan reducir la transmisión. Por ejemplo, muchos hombres con sífilis informan haber conocido a parejas en internet y lugares de comercialización sexual.11,12 Los trabajadores de intervenciones contra el VIH y las ETS deben priorizar la colaboración con los gerentes de baños públicos y de clubes sexuales y con los proveedores de servicios de internet para negociar sus papeles respectivos en la promoción de conductas más seguras. En San Francisco, CA, los educadores de SIDA y los propietarios de clubes sexuales establecieron una serie de normas compartidas para reducir las prácticas riesgosas en los clubes.13 En los Países Bajos, el sitio en internetwww.dateguide.nl para hombres gay que buscan pareja proporciona a quien entre al sitio una educación interactiva sobre cómo protegerse en el sexo.14
¿qué queda por hacer?
Al principio de la epidemia, el análisis de redes ayudó a explicar algunos de los aspectos más importantes del SIDA así como sus causas, y puede ser útil todavía en las colaboraciones entre organizaciones, comunidades e investigadores para fomentar la formación de redes sexuales que impidan la transmisión del VIH y las ETS.15 Hace tiempo que se sabe y se entiende que algunos individuos contribuyen mucho más a la transmisión del VIH y las ETS que otros. No darle importancia a este hecho y al papel de las redes sexuales en alimentar la epidemia impide nuestra capacidad para desacelerar la transmisión del VIH y las ETS.
¿quién lo dice?
1. Potterat JJ, Muth SQ, Brody S. Evidence undermining the adequacy of the HIV reproduction number formula. Sexually Transmitted Diseases. 2000;27:644-645. 2. Morris M. Sexual networks and HIV. AIDS. 1997;11:S209-216. 3. Klovdahl AS, Potterat JJ, Woodhouse D, et al. HIV infection in a social network: A progress report. Bulletin de Methodologie Sociologique. 1992;36:24-33. 4. Laumann EO, Gagnon J, Michael R, Michaels S. The Social Organization of Sexuality. Chicago: The University of Chicago Press, 1994. 5. Rothenberg RB, Potterat JJ, Woodhouse DE, et al. Social network dynamics and HIV transmission. AIDS. 1998;12:1529-1536. 6. Friedman SR, Neaigus A, Jose B, et al. Sociometric risk networks and risk for HIV infection. American Journal of Public Health. 1997;87:1289-1296. 7. Centers for Disease Control and Prevention. HIV Incidence Among Young Men Who Have Sex With Men—-Seven U.S. Cities, 1994-2000. Morbidity and Mortality Weekly Report. 2001;50:440-444. 8. Choi KH, Operario D, Gregorich S, et al. Age and race mixing patterns of sexual partnerships among Asian men who have sex with men: implications for HIV transmission and prevention. AIDS Education and Prevention. 2003;15:S53-65. 9. Laumann EO, Youm Y. Racial/ethnic group differences in the prevalence of sexually transmitted diseases in the United States: a network explanation. Sexually Transmitted Diseases. 1999;26:250-61. 10. Ghani AC, Ison CA, Ward H, et al. Sexual partner networks in the transmission of sexually transmitted diseases. An analysis of gonorrhea cases in Sheffield, UK. Sexually Transmitted Diseases. 1996;23:498-503. 11. Klausner JD, Wolf W, Fischer-Ponce L, et al. Tracing a syphilis outbreak through cyberspace. Journal of the American Medical Association. 2000;284: 447-449. 12. Williams LA, Klausner JD, Whittington WL, et al. Elimination and reintroduction of primary and secondary syphilis. American Journal of Public Health. 1999;89:1093-1097. 13. Wohlfeiler D. Structural and environmental HIV prevention for gay and bisexual men. AIDS. 2000;14:S52-S56. 14. Harternik P, van Berkel M, van den Hoek K, et al. e-Dating: a developing field for HIV prevention. Published by the Dutch AIDS Fund. www.dateguide.nl 15. Auerbach DM, Darrow WW, Jaffe HW, et al. Cluster of cases of the acquired immune deficiency syndrome. Patients linked by sexual contact. American Journal of Medicine. 1984;76:487-92.
Preparado por Dan Wohlfeiler*, John Potterat. *UCSF Traducción Rocky Schnaath Septiembre 2003. Hoja Informativa 50S
Utilizando la ciencia
¿Cómo se utiliza la ciencia en la prevención del VIH?
¿es necesaria la ciencia? Sí. Aunque la ciencia de la prevención por si sola no ofrece la respuesta, esta posee algunas piezas críticas del rompecabezas de la prevención. La ciencia en conjunto con la experiencia de algunas agencias en el manejo de clientes además de reforzar el programa sirve de inspiración y guía para hacer un mejor uso de los escasos fondos que enfrentan los programas de prevención. Esta hoja informativa intentará abordar algunos de los elementos básicos que ofrecen las ciencias de la prevención, su significado, y su implicaciones en la práctica. Actualmente, es un requisito usar la ciencia de la prevención en muchas áreas. En 1994, el CDC cambió radicalmente su criterio para designar los programas que serían subsidiados. El CDC recomienda que los Grupos de Planificación Comunitaria (CPGs por sus siglas en Inglés) tomen en cuenta la epidemiología, la evaluación, las teorías científicas del comportamiento, descubrimientos y la metodología en la creación de estos programas.1 La ciencia aplicable a la prevención del VIH puede dividirse en cinco categorías generales: la ciencia de la epidemiología, la ciencia conductual básica, la ciencia básica del cambio conductual, la ciencia de la intervención y la metodología de la evaluación. la epidemiología La epidemiología es el estudio de los casos de infección u otras enfermedades dentro de la población. Nos informa sobre la cantidad de nuevos casos de infección con VIH, la subpoblación afectada, y las que pueden llegar a infectarse. La epidemiología conductual puede indicar la frecuencia de las conductas de riesgo.2 La epidemiología local puede servir de mucho a los planificadores de programas de prevención ya que les permite identificar la comunidad y las conductas de riesgo que necesitan ser tratadas. Esto a su vez puede ser muy útil para hacer mejor uso de los recursos limitados. El departamento de salud y el CDC pueden ayudar recopilando datos de los diferentes grupos poblacionales.3 la ciencia conductual básica Los elementos básicos de esta ciencia exploran la influencia que los factores sociales, culturales y conductuales ejercen sobre las personas. Esto nos permite entender el porque las personas se exponen al riesgo y porque sigue en aumento la cantidad de infectados con VIH. El estudio de la sexualidad es un elemento clave que ayuda a entender los cambios en las conductas riesgo con relación al sexo y facilita la tarea del diseño del programa.4 No señala exactamente lo que habrá de hacerse, sino que sugiere diferentes formas de pensar en cuanto a los elementos que el programa debe tener. Por ejemplo, recientemente se descubrió una estrecha relación entre el abuso sexual a temprana edad y las conductas de riesgo en la adultez.5 Con estos antecedentes, los planificadores del programa pueden agregar preguntas sobre abuso sexual a temprana edad para asesorar las necesidades del caso. Se puede también agregar un segmento sobre abuso infantil a las intervenciones con sesiones educativas múltiples o crear programas para los que fueron abusados y/o capacitar al personal sobre el tema del abuso sexual. la ciencia de los cambios de conducta La teoría del cambio conductual nos brinda un marco de ideas sobre como y por que ocurren estos cambios de conducta que exponen a las personas a riesgo de contraer el VIH. Para lograr mantener unidos cada uno de los componentes del modelo al diseñar una intervención puede ayudar usar las Teorías de cambio conductual.6 Por ejemplo, la teoría de Paulo Freire sobre la Educación Popular propone que el alumno y el maestro aprendan el uno del otro.7 Si se usa esta teoría, un programa puede reemplazar las lecturas por discusiones de grupo. De esta forma la intervención se hace más fuerte puesto que las personas adquieren por si mismas el poder o la responsabilidad que les permitirá cambiar el ambiente que les rodea. la ciencia de la intervención La ciencia de la intervención analiza los componentes más eficaces del programa e identifica los programas que han logrado un cambio en ciertas poblaciones. Por ejemplo, en un estudio reciente, las personas que estaban a mayor riesgo no asistieron a los talleres de sexo seguro. Un programa para hombres gay/bisexuales de Portland, OR, hizo su campaña en bares, organizando eventos comunitarios y reuniones en casas, y ofreciendo talleres de sexo seguro. Mientras la mayoría de los hombres asistió a la mayor parte de las actividades, pocos asistieron a los talleres.8 El estudio científico del programa indicó que la mayoría de los hombres atraídos por el programa eran jóvenes los que presentaban mayor riesgo o los hombres que reportaron sexo anal sin protección.8 Las intervenciones que intentan trabajar con poblaciones de alto riesgo pueden obtener la atención de esta audiencia con un programa a nivel comunitario intensivo, innnovador, que ofrezca actividades sociales y consejería, con una estructura no complicada. la metodología de la evaluación La evaluación estimula el pensamiento crítico en el proceso del diseño de la intervención y no necesariamente debe ocurrir al final de la intervención. Una buena evaluación genera información acerca de las necesidades que tiene el grupo a ser intervenido, el tipo de servicios necesarios, el impacto del programa y los resultados del mismo. Esto a la vez que permite conocer la opinión del cliente, les brinda la oportunidad a los proveedores del servicio de ajustar el programa para aumentar su efectividad.9 Por ejemplo, el Centro de Salud Tri-City de Fremont, CA, encuestó a jóvenes de la calle para evaluar la efectividad del programa en cuanto a los talleres educativos y a la forma de atraer a los necesitados. En base a la opinión de los jóvenes, el Tri-City reemplazó los talleres con horas establecidas por un servicio disponible a cualquier hora. Este nuevo servicio ofreció educación sobre VIH, apoyo en áreas tales como la deserción escolar, el desempleo, el abuso de drogas, las relaciones abusivas y como vivir con el VIH.10 ¿cómo se obtiene el acceso a la ciencia? No se requiere un nivel de educación avanzado para comprender la ciencia de la prevención. Existen algunas organizaciones que interpretan y resumen los resultados de la investigación a un lenguaje claro y conciso. La función de los CPGs es la de incorporar la ciencia de la prevención en todos sus planes, los cuales están disponibles a través de los departamentos de salud estatales y locales.11 Las universidades locales son un excelente punto de contacto en cuanto a la asistencia con las investigaciones.12 Pertenecer a listas de envío por correo y a Boletines Informativos especializados en las ciencias de la prevención puede ser un recurso invaluable.13 ¿qué queda por hacer? Estrechar aún más los esfuerzos de los investigadores y de los proveedores de servicio: 1) Los investigadores deben compartir datos reveladores con los CBO locales, con el CDC y con el departamento de salud pública. También es necesario ejercer una participación activa en los CPG. 2) Los CBO locales deben ser más agresivos y pro-activos haciendo uso de la información que existe fuera de las agencias. 3) Los departamentos de salud pública estatales y el CDC deben reconocer y poner en práctica su papel de traductores de esta ciencia. 4) Los Institutos Nacionales de Salud, el CDC y las Fundaciones Privadas deberán integrar la ciencia en los programas de prevención y proveer los fondos para este fin.14 El uso de la ciencia en la aplicación del servicio es un campo especializado. La mayoría de los investigadores no están capacitados para aplicar sus proyectos de investigación en el mundo real. Así como la mayoría de los proveedores de servicio no están capacitados para aplicar los métodos de investigación. Un programa de prevención completo utiliza muchos elementos para proteger del VIH a la mayor cantidad de personas posible. Si logramos acortar la distancia entre la ciencia y la práctica de la prevención , nos aseguraríamos que nuestros esfuerzos no van a ser en vano y haremos la diferencia en la lucha contra el VIH.
¿quién lo dice? 1. Valdiserri RO, Aultman TV, Curran JW. Community planning: a national strategy to improve HIV prevention programs. Journal of Community Health. 1995;20:87-100. 2. Rothman KJ. Modern Epidemiology. Boston, MA: Little, Brown and Company; 1986. 3. Si desea encontrar información con datos epidemiológicos los puede encontrar por estado y por ciudad (ciertas) en la internet: http://hivinsite.ucsf.edu/InSite?page=li-12-01#S2X 4. Kelly JA, Kalichman SC. Increased attention to human sexuality can improve HIV-AIDS prevention efforts: key research issues and directions. Journal of Consulting and Clinical Psychology. 1995;63:907-918. 5. Jinich S, Stall R, Acree M, et al. Childhood sexual abuse predicts HIV risk sexual behavior in adult gay and bisexual men. Presented at the 11th International Conference on AIDS, Vancouver, BC. 1996. Abstract Mo.D.1718. 6. Valdiserri RO, West GR, Moore M, et al. Structuring HIV prevention service delivery systems on the basis of social science theory. Journal of Community Health. 1992;17:259-269. 7. Wallerstein N. Powerlessness, empowerment, and health: implications for health promotion programs. American Journal of Health Promotion. 1992;6:197-205. 8. Hoff CC, Kegeles S., Acree M, et al. Gay men at highest risk are best reached through outreach in bars and community events. Presented at the 11th International Conference on AIDS, Vancouver, BC. 1996. Abstract Tu.D.360. 9. San Francisco HIV Prevention Plan. Report prepared by the San Francisco HIV Prevention Planning Council and the Department of Public Health AIDS Office. 1996. 10. Carver LJ, Harper GW. Responding to the HIV prevention needs of suburban street youth. Presented at the 11th International Conference on AIDS, Vancouver, BC. 1996. Abstract Th.D.4921. 11. Para mayor información sobre su Grupo Comunitario local o estatal, póngase en contacto con Lynne Greabell de NASTAD (202) 434-8090. 12. Un directorio de universidades está disponible en la internet en: https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_state_and_territorial_universities_in_the_United_States
- CDC (800) 458-5231 (www.cdc.gov/nchstp/hiv_aids/dhap.htm)
- American Psychological Association (202) 336-6042
- National Minority AIDS Council (202) 483-6622
- National Association of People With AIDS (202) 898-0414
- Academy for Educational Development (202) 884-8700
- National Alliance of State and Territorial AIDS Directors (202) 434-8090
- Council of State & Territorial Epidemiologist (770) 458-3811
- The US Conference of Mayors (202) 293-7330
- GMHC Education Department (212) 807-7517 (www.gmhc.org)
- UCSF Center for AIDS Prevention Studies https://prevention.ucsf.edu/
- Rural Prevention Center (812) 855-1718 https://rcap.indiana.edu/
14. Goldstein E, Wrubel J, Faigeles B, et al. Is research important for non-governmental organizations in the United States? Presented at the 11th International Conference on AIDS, Vancouver, BC. 1996. Abstract Th.C.4779.
Preparado por Pamela DeCarlo y Ellen Goldstein, Traducción Romy Benard-Rodríguez Septiembre 1997. Hoja Informativa 25S.
Rapid testing
How is rapid testing used in HIV prevention?
why rapid testing?
It is estimated that 25% of all HIV+ persons in the US do not know they’re infected.1 Taking an HIV antibody test and knowing one’s HIV status are key to preventing the spread of HIV. Many persons who test HIV+ can access counseling, prevention education, support services and medical care to stay healthy and not progress to AIDS. HIV- persons can access counseling and education to remain HIV-. However, even when people choose to get tested, many never return for their results. In public test sites, up to 33% of clients who test HIV- and 25% who test HIV+ never return for their results.2 The rapid HIV test is a new, FDA-approved approach to HIV testing that addresses these issues. Conventional HIV testing has been conducted with needle blood draws or mouth swabs which are sent to a laboratory for analysis. Clients need to return to the test site 1-2 weeks later to find out their results. With rapid tests, clients can take the test, receive counseling, and find out their results all in one visit. This can help increase the number of persons who get tested and reduce the number of persons who don’t return for their results.3 Many government and non-governmental agencies are moving toward rapid testing instead of conventional testing. The Centers for Disease Control and Prevention’s (CDC) Strategic Plan for 2005 seeks to increase the number of HIV+ persons who know their HIV status from 70% to 95%—using rapid testing is an integral part of the plan.1 In California, the goal is to have 80% of all state-funded HIV test sites use rapid tests by the end of 2006.4
how is rapid testing done?
Rapid testing uses a finger stick, blood draw or mouth swab to collect samples. The test counselor places the sample in a tube with chemicals to process it, and can read the results in about 20 minutes. Counseling and risk reduction planning with the client can take place during the waiting time, or can be done before or after sample collection. Within 20 minutes, most rapid tests will either be non-reactive—a negative test result—or reactive—a preliminary positive result. Currently, if a result shows preliminary positive, a second conventional blood or oral sample is required to confirm it. Final confirmation still takes 1-2 weeks. National data indicate that with rapid testing, 95% of clients who received a preliminary positive result returned for their confirmatory results.5 There are currently four FDA-approved rapid HIV tests in the US: Reveal, OraQuick, Multispot and Uni-Gold.6 All tests are extremely accurate, with 99.6-100% sensitivity rates.7 Only two of the tests—OraQuick and Uni-Gold—are Clinical Laboratory Improvement Amendment (CLIA) waived. OraQuick Advance uses a mouth swab and can be performed in a wider range of settings and temperatures. Rapid testing can be done in most clinical offices and in a large number of non-traditional health care and outreach settings such as mobile vans, storefronts, shelters, bathhouses,8 labor and delivery clinics and emergency rooms. Testing in alternative venues can help increase testing among populations that are mobile or hard to reach, including migrant workers, homeless persons, adolescents and young adults.9 Rapid testing can change the way HIV testing is done. Most HIV test sites currently have counselors and separate phelobotomists who take the blood sample. With rapid testing, the test counselor can also take the sample and analyze it. However, in some rapid test sites, counselors do the consent and counseling and someone else still collects the sample.
is rapid testing rapid counseling?
No. One study found no difference in STD rates after counseling with rapid tests and conventional tests.10 Rapid tests still allow for plenty of counseling time. Counselors have about 20 minutes between taking a sample and receiving the results to provide focused and specific counseling about the client’s real risks and possible exposure to HIV. Rapid testing counseling can be more intense due to the immediacy of getting results.11 Clients who receive a preliminary positive result and must return for their confirmation result may be more prepared to deal with their diagnosis. Clients often have had a week to think about what testing positive means and may be more emotionally prepared to listen to and digest referrals and options the counselors can provide.
can my agency/clinic offer it?
Agencies have several considerations to make before deciding to use rapid testing. The client flow will be different because counselors are involved with each client for longer periods of time than during conventional testing. Agencies have greater responsibility because they are handling blood or oral samples. To do this, most agencies must apply to the government for a CLIA certificate,12 provide quality assurance, keep records and create documentation. If test counselors are also conducting the test, they may need training to collect and process samples, run controls and track the tests. They will also need in-depth knowledge of referral resources for issues that may emerge in new, more focused HIV counseling sessions. Counselors typically may have concerns about the new testing procedures and counseling initially. After they’ve been trained and have provided a number of counseling sessions, they become more comfortable and often say they wished they had become involved in HIV rapid testing sooner.13 In some clinical settings it is easier to implement rapid testing because healthcare workers are used to taking samples, running controls and using universal precautions. However, clinicians may not be used to counseling when testing for HIV,14 and may need training to develop stronger counseling skills and provide adequate referrals.
what’s being done?
The Metro Atlanta Women of Color Initiative (MAWOCI) brought rapid testing, prevention education and linkage to medical care to African American women in community settings such as churches, college campuses, homeless shelters and public housing. Staff were trained in HIV test counseling, rapid testing and condom demonstrations. To facilitate referrals, MAWOCI mapped local resources, forged alliances with agencies serving women of color and assessed capacity of HIV care doctors and clinics. More than 99% of women returned for confirmatory test results.15 The introduction of OraQuick in counseling and testing sites throughout the state of New Jersey resulted in an increased number of previously undiagnosed HIV cases as well as an increased number of patients receiving both their test results and posttest counseling. Within the first year, 10,429 patients received the rapid test. Of this group, 99.7% received their test results, compared to 65% before rapid testing.16 In Seattle, WA, the public health department routinely provides rapid testing to persons at high-risk in bathhouses, needle exchange sites and STD clinics. They made this decision after conducting research showing that more people received their test results with rapid testing and it was more cost-effective than conventional blood or oral fluid testing strategies.8 The Night Ministry in Chicago, IL, provides rapid testing in health outreach buses for homeless adults and youth and pregnant and parenting teens. The buses are staffed by a nurse, two HIV test counselors and a minister, and offer general health care, mental health services, STD and hepatitis C screening as well as coffee, cookies and condoms. For clients who test HIV+, the program offers bus cards, telephone calling cards and referrals to physicians experienced in providing HIV care.17
what is the future of rapid testing?
The future is now. Outside of the US, rapid testing is widely used and confirmatory tests are also done with rapid test, eliminating any waiting period for persons who test HIV+. Manufacturers have been slow to seek approval for tests in the US because the FDA has strict policies about licensing new HIV tests. Rapid testing has been met with great enthusiasm in some areas and great trepidation in others. As federal and state governments increase requirements for rapid testing, resources for training, technical assistance and funding need to increase for the agencies that implement rapid testing. State and federal reimbursement protocols, as well as public and private insurance, need to be changed to encourage rapid testing.
Says who?
1. Centers for Disease Control and Prevention. HIV Prevention Strategic Plan Through 2005. https://www.cdc.gov/nchhstp/strategicpriorities/default.htm 2. Kendrick SR, Kroc KA, Withum D, et al. Outcomes of offering rapid point-of-care HIV testing in a sexually transmitted disease clinic. Journal of AIDS. 2005;38:142-146. 3. Sullivan PS, Lansky A, Drake A. Failure to return for HIV test results among persons at high risk for HIV infection: results from a multistate interview project. Journal of AIDS. 2004;35:511-518. 4. Dowling T. Outreach and prevention rapid HIV testing in non-clinical settings. Presented at the California Rapid Testing Conference. 2004. 5. Kassler WJ, Dillon BA, Haley C, et al. On-site, rapid HIV testing with same-day results and counseling. AIDS. 1997;11:1045-1051. 6. Reveal: www.reveal-hiv.com/ 7. Branson BM. Point-of-care rapid tests for HIV antibodies. Journal of Laboratory Medicine. 2003;27:288-295. 8. Spielberg F, Branson BM, Goldbaum GM, et al. Choosing HIV counseling and testing strategies for outreach settings: a randomized trial. Journal of AIDS. 2005;38:348-355. 9. Ellen JM, Bonu S, Arruda JS, et al. Comparison of clients of a mobile health van and a traditional STD clinic. Journal of AIDS. 2003;32:388-393. 10. Metcalf CA, Douglas JM, Malotte CK, et al. Relative efficacy of prevention counseling with rapid and standard HIV testing: a randomized, controlled trial (RESPECT-2). Sexually Transmitted Diseases. 2005;32:130-138. 11. Rapid HIV antibody testing. HIV Counselor Perspectives. 2003; 12:1-8. 12. Centers for Medicare and Medicaid Services. How to apply for a CLIA certificate, including foreign laboratories.http://www.cms.hhs.gov/CLIA/06_How_to_Apply_for_a_CLIA_Certificate,_Inc…(Accessed 4/20/06) 13. Birkhead GS, San Antonio-Gaddy ML, Richardson-Moore AL, et al. Effect of training and field experience on staff confidence and skills for rapid HIV testing in New York state. Presented at the International Conference on AIDS, Bangkok, Thailand. 2004. Abst #MoPeE4103. 14. Tao G, Branson BM, Anderson LA, et al. Do physicians provide counseling with HIV and STD testing at physician offices or hospital outpatient departments? AIDS. 2003;17:1243-1247. 15. Thompson MA, Williams S, Williams K, et al. MAWOCI: a novel program providing transportable prevention education, rapid HIV testing, free CD4+ testing and linkage to medical care for women of color in Atlanta, GA. Presented at the 2003 National HIV Prevention Conference, Atlanta, GA. Abst #M1-G0502. 16. Cadoff EM. Rapid HIV testing increases detection rates and posttest counseling. Presented at the Annual Meeting of American College of Preventive Medicine. Feb 17, 2005. Poster 35. 17. Rapid HIV testing popular with Chicago CBO clients. AIDS Alert. February 2005. 18. Rapid testing for HIV: An issue brief. NASTAD HIV Prevention Update. September 2000.
PREPARED BY TOM DONOHOE* AND JAY FOURNIER *UCLA/PACIFIC AIDS EDUCATION AND TRAINING CENTER May 2005 . Fact Sheet #58E Special thanks to the following reviewers of this Fact Sheet: Bernard Branson, Marc Butlerys, Grant Colfax, Teri Dowling, Emily Erbelding, Shelley Facente, Keith Folger, Carol Galper, Cindy Getty, Patrick Keenan, Sally Liska, Rosa Solorio, Peter Shalit, Freya Speilberg, Deanna Sykes, Barbara Weiser. Reproduction of this text is encouraged; however, copies may not be sold, and the Center for AIDS Prevention Studies at the University of California San Franciso should be cited as the source of this information. For additional copies of this and other HIV Prevention Fact Sheets, please call the National Prevention Information Network at 800/458-5231. Comments and questions about this Fact Sheet may be e-mailed to [email protected]. © May 2005, University of California