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Hombres gays Latinos en los Estados Unidos

¿Qué necesitan los hombres Latinos gay para la prevención del VIH en EE.UU.?

Hoja informativa 28, marzo del 2012

¿Por qué enfocarnos en los hombres latinos gay?

El panorama siempre cambiante de los antecedentes demográficos de los latinos radicados en EE.UU. nos plantea retos singulares para resolver las disparidades de salud de esta población, especialmente con respecto a sus necesidades de prevención del VIH. Los latinos son el grupo etno-racial minoritario más numeroso y con mayor velocidad de crecimiento en EE.UU., con un crecimiento del 43% entre el 2000 y el 20101. Los datos también indican que los latinos son una de las poblaciones con aumento más rápido de riesgo de transmisión del VIH.

  • Los hombres latinos que tienen sexo con hombres (HSH o MSM por sus siglas en inglés*) representan el 81% de las nuevas infecciones entre hombres latinos y el 19% de todos los HSH en general2,3
  • Los latinos componen el 16% de la población de EE.UU. pero representan el 17% de las personas vivas con VIH/SIDA y el 20% de nuevas infecciones cada año3
  • Los jóvenes (13-29 años de edad) son el 45% de las nuevas infecciones de VIH entre los latinos MSM4

Estos datos señalan la necesidad de identificar las necesidades de salud culturalmente específicas de los hombres latinos homosexuales con el fin de crear intervenciones eficaces que respondan a las disparidades actuales de salud y eviten otras futuras. La Estrategia Nacional de EE.UU. contra el VIH/SIDA subraya la necesidad de programas de VIH que reduzcan las inequidades entre poblaciones minoritarias etno-raciales y sexuales5.  Los hombres latinos gay tienen identidades multiculturales distintas que los ubican en ambas categorías priorizadas6.

¿Cuáles son los desafíos para la prevención?

La mayor parte del trabajo relacionado con los hombres latinos gay se ha basado en un modelo de salud sociocultural, que demuestra que las experiencias de discriminación social, definidas como racismo, homofobia y pobreza, son pronosticadores importantes de la salud mental a futuro.7 Se ha comprobado que los trastornos de salud mental, como la angustia psicológica, aumentan el riesgo sexual y disminuyen la capacidad para elegir opciones sexuales sanas. Un estudio reciente de HSH latinos radicados en Nueva York y Los Ángeles8 informó que:

  • Más del 40% de los participantes reportaron experiencias de racismo y homofobia durante el último año
  • La baja auto estima y los reducidos niveles de apoyo social entre hombres latinos gay se asocian con tasas más altas de comportamientos de riesgo sexual, entre ellos el sexo anal sin protección
  • Los hombres que habían tenido experiencias tanto homofóbicas como racistas eran más propensos que los hombres que no reportaron discriminación alguna a participar en el sexo anal sin protección como la pareja receptiva, y también a tener atracones de consumo excesivo de alcohol

Las pruebas tardías (es decir, individuos que reciben un diagnóstico de SIDA durante el primer año después de tener un resultado positivo de la prueba del VIH) y la falta de acceso a un seguro médico también plantean desafíos para la prevención, el tratamiento y el cuidado del VIH.

  • El 38% de los latinos se hacen la prueba en una etapa tardía de la enfermedad9.
  • En un estudio realizado en 21 ciudades grandes de EE.UU., el 46% de los HSH latinos que salieron positivos desconocían que estaban infectados con el VIH3.
  • En comparación con los blancos, los latinos VIH+ son más propensos a aplazar el cuidado por problemas como la falta de transporte y a demorar el inicio del cuidado médico después de ser diagnosticados9.
  • El 24% de los latinos que viven con VIH/SIDA no tienen seguro médico, en comparación con el 17% de los blancos; y sólo el 23% de los latinos VIH+ cuentan con un seguro médico privado, en contraste con el 44% de los blancos.

Las revisiones de investigaciones en hombres latinos gay y bisexuales también reportan que las influencias culturales y fuerzas socioeconómicas afectan al bienestar sexual. Por ejemplo, el estatus de residencia legal, el estigma relacionado con el VIH, el machismo, los patrones de inmigración y migración, el idioma, el estatus de seguro médico y el nivel de estudios son todos obstáculos asociados con los servicios y programas de prevención para el VIH11, 12

¿Qué otros factores afectan al riesgo sexual y la capacidad para elegir opciones sanas?

Muchos hombres latinos gay afrontan situaciones socio sexuales únicas que los hacen vulnerables a la transmisión del VIH. Estudios realizados anteriormente con grupos de HSH, entre ellos hombres latinos gay, han documentado que varios factores están asociados con el riesgo sexual:

  • Selección serológica (elegir a la pareja sexual basándose en su condición percibida de VIH), posicionamiento serológico (selección de roles sexuales [activo o pasivo] según la condición percibida de VIH de cada pareja) y estereotipos y preferencias sexuales13
  • Consumo de alcohol y drogas (incluido el consumo de metanfetaminas y la inyección de drogas) así como tener antecedentes de ITS como sífilis y gonorrea14,15
  • Tasas altas de sexo anal sin condón (“sexo a pelo”) y parejas múltiples16
  • Abuso sexual en la niñez y un contexto social de discriminación17

Definida como la adopción de las costumbres culturales de la sociedad mayoritaria, el trabajo sobre la aculturación sugiere que los latinos que son menos asimilados a la cultura mayoritaria de EE.UU. están protegidos por sus valores (sexuales) latinos tradicionales; y que la asimilación de los valores mayoritarios estadounidenses les sirve de barrera protectora porque les aumenta el sentido de individualismo y autodeterminación.18 Entender el papel que juegan los factores socioculturales nos ayuda a refinar la definición de la capacidad para elegir opciones sexuales sanas de los hombres latinos gay. El trabajo innovador que explora factores protectores entre hombres latinos gay señala que: Entre los latinos radicados en San Francisco, la prevalencia del VIH era mayor entre los latinos nacidos en EE.UU. que los nacidos en otro país, en contraste con Chicago donde sucedió lo contrario9

  • El involucramiento comunitario modera las conductas de riesgo20
  • Trabajar como voluntario con organizaciones de VIH/SIDA puede reducir los estresores psicológicos20

Dado que la mayoría de estos datos provienen de encuestas cuantitativas, se necesitan más estudios enfocados en la salud pública para examinar más a fondo el contexto de las situaciones sexuales en las cuales los hombres latinos gay se encuentran, así como los factores culturales y guiones sexuales21 que influyen en sus comportamientos de reducción de daños.

¿Qué se está haciendo al respecto?

  • Hermanos de Luna y Sol, un programa nacido en el Distrito de la Misión en San Francisco, CA es una intervención de prevención del VIH con una larga trayectoria enfocada en hombres inmigrantes latinos gay y bisexuales que hablan español. Basado en la educación sobre el empoderamiento y la fomentación del apoyo social, el programa ha logrado aumentar el uso de condones entre sus participantes22.
  • latinos D (basado en Queens, NY23) y Somos latinos Salud (basado en Ft. Lauderdale, FL24) son adaptaciones dinámicas y prometedoras del programa MPowerment, una eficaz intervención de VIH a nivel comunitario y basada en evidencias para hombres jóvenes gay y bisexuales25.
  • SOMOS, un programa de prevención de VIH surgido de la comunidad y culturalmente sensible basado en la ciudad de Nueva York, ha mostrado reducir los comportamientos de riesgo y disminuir el número de parejas entre los hombres latinos gay26.

Aun así, a pesar de estos programas y las recomendaciones de los CDC para resolver las disparidades de salud de los HSH latinos, la mayoría de las adaptaciones de intervenciones basadas en evidencias han sido versiones de programas establecidos que han sido traducidos lingüísticamente pero no necesariamente culturalmente.

¿Cuáles son las recomendaciones?

  • Honrar la diversidad dentro de las culturas latinas al momento de diseñar programas. Existen diferentes experiencias de eventos históricos, ambientes políticos, patrones inmigratorios y culturas regionales dentro de las comunidades latinas (por ejemplo, los chicanos en Los Ángeles, los “Nuyoricans” en Nueva York y los tejanos en San Antonio).
  • Realizar más investigaciones sobre las influencias estructurales y ambientales en la salud sexual de los hombres latinos gay, incluyendo temas relacionados con los latinos VIH+ indocumentados.
  • Entender que trabajar con una población no es lo mismo que tener competencia cultural. Incluir la participación latina no equivale a la provisión de servicios apropiados.
  • Cultivar la colaboración y empoderamiento de la comunidad gay latina logrando que los hombres latinos gay participen en los consejos locales que planifican la prevención y cuidado del VIH.
  • Crear programas que respondan a las necesidades particulares de los hombres latinos gay, tanto los inmigrantes como los nacidos en EE.UU. Suponer que todos los hombres latinos gay son hispanohablantes monolingües minimiza las necesidades de los hombres latinos gay biculturales (pero no necesariamente bilingües).
  • Reducir el estigma relacionados con la homosexualidad y el VIH en las comunidades latinas. Romper los silencios sexuales ayudará a promover la formación de una identidad sexual sana.
  • Colaborar con formuladores de políticas y entidades políticas interesadas para promover el acceso sostenible al cuidado de la salud.
  • Destacar las normas sociales y valores culturales que aumenten la capacidad para elegir opciones sexuales sanas. Enfocarse sólo en los factores de riesgo limita la identificación de nuevas percepciones y oportunidades para las intervenciones.
  • Fomentar programas que respondan al impacto del aislamiento y a la validación de la identidad. Disminuir los estresores que los hombres latinos gay encaran mejorará su bienestar general.

¿Quién lo dice?

1 US Census Bureau (2011).  Overview of Race and Hispanic Origin: 2010 – U.S. Census Bureau. CDC Fact Sheet: HIV and AIDS among Latinos. https://www.cdc.gov/hiv/group/racialethnic/hispaniclatinos/index.html  3 CDC. (2008).  HIV Surveillance in Men Who Have Sex with Men (MSM). https://npin.cdc.gov/publication/slide-set-hiv-surveillance-men-who-have-sex-men-msm-through-2017  4 Prejean J, et al. (2011). Estimated HIV Incidence in the United States, 2006-2009. PLoS ONE. 5 ONAP. (2010). National HIV/AIDS Strategy: Federal Implementation Plan. 6 Diaz, RM (1998). Latino gay men and HIV: culture, sexuality, and risk behavior. Routledge. 7 Díaz RM, et al. (2001). The impact of homophobia, poverty, and racism on the mental health of gay and bisexual Latino men: findings from 3 US cities. Am J Public Health. 91(6):927-932. 8 Mizuno Y, et al. (2011). Homophobia and Racism Experienced by Latino Men Who Have Sex with Men in the United States: Correlates of Exposure and Associations with HIV Risk Behaviors. AIDS Behav. [Epub ahead of print] 9 CDC. (2011). HIV Surveillance Report, Vol. 21. 10 RAND. (2011). HIV Cost and Services Utilization Study (HCSUS). http://www.rand.org/health/projects/hcsus.html.\ 11 Zea MC, et al. (2004). Methodological issues in research on sexual behavior with Latino gay and bisexual men.  Am J Community Psychol. 31(3-4):281-291. 12 National Latino AIDS Awareness Day. HIV/ AIDS and Latino/ Hispanic men who have sex with men. 13 Rosenberg ES, et al. (2011). Number of casual male sexual partners and associated factors among men who have sex with men: results from the National HIV Behavioral Surveillance system. BMC Public Health. 25: 11-89. 14 CDC. (2010). HIV among Hispanics/ Latinos. https://bmcpublichealth.biomedcentral.com/articles/10.1186/1471-2458-11-189 15 Balan IC, et al. (2009). Intentional Condomless Anal Intercourse Among Latino MSM Who Meet Sexual Partners on the Internet. AIDS Educ Prev. 21(1): 14-24. 16 Diaz RM et al. (2005). Reasons for stimulant use among Latino gay men in San Francisco: a comparison between methamphetamine and cocaine users. Journal of Urban Health. 82(Supp1): 71-78. 17 Arreola SG, et al. (2009). Childhood sexual abuse and the sociocultural context of sexual risk among adult Latino gay and bisexual men. Am J Pub Hlth. 99 Suppl 2:S432-8. 18 Abraído-Lanza AF, et al. (2005). Do healthy behaviors decline with greater acculturation? Implications for the Latino mortality paradox. Soc Sci Med. 61:1243–1255. 19 Ramirez-Valles J, et al. (2008) HIV Infection, Sexual Risk, and Substance Use among Latino Gay and Bisexual Men and Transgender Persons. American Journal of Public Health. 98: 1036-1042. 20 Ramirez-Valles J (2002). The proactive effects of community inolvment for HIV risk behavior: A conceptual framework. Health Education Research. 17(4): 389-403. 21 Carrillo H, et al. (2008). Risk across borders: Sexual contexts and HIV prevention challenges among Mexican gay and bisexual immigrant men. Findings and recommendations from theTrayectos Study (Monograph). San Francisco: UCSF and SFSU. . 22 Hermanas de Luna y Sol.https://prevention.ucsf.edu/research-project/hermanos-de-luna-y-sol 23 Latinos Diferentes. https://www.facebook.com/LatinosD. 24 Latinos Salud – Somos. http://www.Latinossalud.org 25 Mpowerment. http://mpowerment.org. 26 Vega MY, et al. (2011). SOMOS: evaluation of an HIV prevention intervention for Latino gay men. Health Educ Res. 26(3):407-418.


Preparado por Gabriel R. Galindo DrPH, UCSF Center for AIDS Prevention Studies Fact Sheet 28, March 2012 Agradecemos a los revisores de esta hoja informativa: Ana F. Abraido-Lanza, Sonya Arreola, Maricarmen Arjona, George Ayala, Alida Bouris, Hector Carrillo, Rafael Díaz, Lizette Rivera, Ramon Ramirez y Jesus Ramírez-Valles.


Reproduction of this text is encouraged; however, copies may not be sold, and the Center for AIDS Prevention Studies at the University of California San Francisco should be cited as the source of this information. For additional copies of this and other HIV Prevention Fact Sheets, please call the National Prevention Information Network at 800/458-5231. Comments and questions about this Fact Sheet may be e-mailed to [email protected]. © July 2012, University of California

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What are African-Americans’ HIV prevention needs?

What Are African-Americans’ HIV Prevention Needs?

revised 9/99

Are African-Americans at risk for HIV?

Yes. Many African-Americans are at high risk for HIV infection, not because of their race or ethnicity, but because of the risk behaviors they may engage in. As with other ethnic/racial groups, HIV risk depends not on who you are, but on whether you engage in risk-taking behaviors with an HIV+ partner, and whether you have access to care, education and prevention services. The majority of AIDS cases among African-Americans occur among persons aged 25-44, and among men. While African-Americans comprise 13% of the US population, they are disproportionately affected by HIV, accounting for 37% of total AIDS cases in the US. In 1998, almost two-thirds (62%) of AIDS cases among all women were among African-Americans. Likewise, African-Americans accounted for over half (53%) of all AIDS cases among injection drug users (IDUs). In 1998, 62% of all children with AIDS were African-American.

Who are African-Americans at risk?

African-Americans, like many ethnic/racial groups, represent a diverse population. Their diversity is evident in their immigrant status, religion, socioeconomic status, geographic locales and the languages they speak. For example, African-Americans are White collar and working class, Christians and Muslims. They reside in inner-city and rural neighborhoods, are the descendants of slaves and recent Caribbean immigrants. Current epidemiological surveillance data do not record these social, cultural, economic, geographic, religious and political identities that may more accurately predict risk. HIV transmission in African-American communities is primarily viewed as a problem among heterosexual IDUs and their sexual partners. Among African-American men, however, the cumulative proportion of AIDS cases attributed to homosexual/bisexual activity (38%) is greater than that attributed to injection drug use (35%). African-American adolescents have, with few exceptions, markedly higher seroprevalence rates compared to White adolescents. Some sexually-active young African-American women are at especially high risk for HIV infection, especially those from poorer neighborhoods. A study of disadvantaged out-of-school youth in the US Job Corps found that young African-American women had the highest rate of HIV infection in the study. Women 16-18 years old had 50% higher rates of infection than young men.

What puts African-Americans at risk?

Injection drug use has played a major role in HIV infection among African-Americans. Although the majority of IDUs in the US are White, HIV infection is higher for Black IDUs than White IDUs. Unemployment and poverty are significant co-factors which may have led to high rates of addiction and high rates of risk behaviors such as sharing needles. In fact, the HIV and drug use epidemic among African-Americans is focused in a small number of inner-city urban neighborhoods of color, an indication that the epidemic may have more to do with geography and poverty than race. While attitudes in the African-American community are slowly changing, homophobia and negative attitudes toward gay men still exist. For young African-American men who have sex with men (MSM), these negative attitudes may cause low self-esteem , lack of community and psychological distress, all of which contribute to risk-taking behaviors. Many African-American women, especially adolescent women, are at high risk for heterosexually acquired HIV. African-American women may not want to or may not be able to negotiate condom use because they may think it would interfere with physical and emotional intimacy, imply infidelity by themselves or their partner or result in physical abuse. Some women may also be in denial or be unaware of their own risk. Over one-third (35%) of AIDS cases among African-American women reported in 1998 were classified as “risk not reported or identified.” It is thought that a majority of these women are infected through heterosexual sex with IDUs and/or gay or bisexual partners.

What are obstacles to prevention?

Communities of color in this country, including African-Americans, have experienced persistent inequalities in social benefits, health care, education and job opportunities. Economic disparities continue to exacerbate the health status of African-Americans and other communities of color in the US. As a result, African-Americans report high rates of diseases and mortality. In addition, many African-Americans hold a distrust of government programs and health institutions. Some African-Americans believe that the effects of AIDS on the community are the results of deliberate efforts and omission of responsibility by the US government. Effective community-based prevention programs must address these concerns. AIDS has been seen as a primarily gay issue in the African-American community. In addition, homophobia exists in the African-American family, church and community on both a personal and institutional level. Many homosexually active African-American men may have been reluctant to respond to the AIDS epidemic for fear of alienation.

What’s being done?

African-American adolescents in Philadelphia, PA were offered an HIV prevention program addressing both abstinence and safer sex. Abstinence intervention participants reported less sexual intercourse after 3 months, but not at 6- or 12- month follow-ups. For youth who reported prior sexual experience, those in the safer sex intervention reported less sexual intercourse than those in the abstinence intervention at 3-, 6- and 12-month follow-ups. Both safer sex and abstinence-only approaches reduced HIV sexual risk behaviors in the short-term, but safer sex interventions may have longer-lasting effects and may be more effective for sexually experienced youth. Some faith communities are responding to HIV in innovative ways. In Tennessee, the Metropolitan Interdenominational Church began an outreach program to IDUs in four poor, predominantly African-American neighborhoods. The program provides sterile needles, condoms, case management and prevention education. They are developing a church-based harm reduction program model for use in other faith communities. The Well is a community-based drop-in center for African-American women that promotes self-help and wellness in a low income housing project in Los Angeles, CA. The Well offers peer support “sister circles”, exercise classes, community health education, a lounge/library, a nurse practitioner’s office, and a partnerships with other community health organizations. The well incorporates HIV/STD education into general education that addresses all aspects of women’s lives. In 1999, in response to the disproportionate impact of HIV on communities of color in the US, the Congressional Black Caucus (CBC) Initiative earmarked $186 million to be spent on community-based HIV prevention programs for communities of color.

What needs to be done?

Researchers and service providers need a better understanding of the role of cultural and socioeconomic factors in the transmission of HIV, as well as the effect of racial inequality on public health. In addition, public health officials should consider changing epidemiological surveillance to include other demographic information such as social, economic and cultural factors. These efforts need to influence the design of HIV prevention messages, services and programs. In the second decade of the AIDS epidemic, homophobia and AIDS denial have yet to be fully countered. Public health institutions should seek out partnerships with African-American faith communities and incorporate spiritual teachings on compassion to ignite a community response. HIV prevention for African-Americans must occur at the community level. Comprehensive programs should link with other health services, such as substance abuse programs, family planning services and STD clinics.

Says who?

1. Centers for Disease Control and Prevention. HIV/AIDS Sur-veillance Report . 1998;10:1-43. 2. National Commission on AIDS. The challenge of HIV/AIDS in communities of color. 1994. 3. Moss N, Krieger N. Measuring social inequalities in health: report on the conference of the National Institutes of Health . Public Health Reports. 1995;110:302-305. 4. Valleroy LA, MacKellar DA, Karon JM, et al. HIV infection in disadvantaged out-of-school youth: prevalence for US Job Corps entrants, 1990 through 1996 . Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes and Human Retrovirology. 1998;19:67-73. 5. Substance Abuse and Mental Health Services Administration . Preliminary results from the 1997 national household survey on drug abuse . US Department of Health and Human Service: Rockville, MD; 1999. 6. Fullilove, RE, Fullilove MT. HIV prevention and intervention in the African American community: a public health perspective. In: AIDS Knowledge Base. PT Cohen, ed. Lippincott, Williams & Wilkins. 1999. 7. Stokes JP, Peterson JL. Homophobia, self-esteem, and risk for HIV among African American men who have sex with men . AIDS Education and Prevention. 1998;10: 278-292. 8. Wingood GM, DiClemente RJ. Pattern influences and gender-related factors associated with noncondom use among young adult African American women . American Journal of Community Psychology. 1998;26:29-52. 9. Wingood GM, DiClemente RJ. The effects of having a physically abusive partner on the condom use and sexual negotiation practices of young adult African-American women . American Journal of Public Health. 1997;87:1016-1018. 10. Dalton HL. AIDS in blackface . Daedalus. 1989:118:205-227. 11. Thomas SB, Quinn SC. The Tuskegee Syphilis Study, 1932 to 1972: implications for HIV education and AIDS risk education programs in the black community . American Journal of Public Health. 1991;81: 1498-1506. 12. Peterson JL. AIDS-related risks and same-sex behaviors among African American men. In AIDS, Identity and Community. Herek GM, Greene B, eds. Sage Publications: Thousand Oaks, CA; 1995:85-104. 13. Jemmott JB III, Jemmott LS, Fong GT. Abstinence and safer sex HIV risk-reduction interventions for African American adolescents: a randomized controlled trial . Journal of the American Medical Association. 1998;279:1529-1536. 14. Sander E. Church based harm reduction programs. Presented at the 12th World AIDS Conference, June 1998,Geneva, Switzerland. Abst. #33380. 15. Elliott Brown KA, Jemmott FE, Mitchell HJ, et al. The Well: a neighborhood-based health promotion model for black women . Health and Social Work. 1998;23:146-152. Prepared By John Peterson Phd*, Gina Wingood ScD, MPH**, Ralph Diclemente PhD**, Pamela Decarlo***, Kathleen Quirk MA*** *Department Of Psychology, Georgia State University, **Rollins School Of Public Health, Emory University, ***CAPS September 1999. Fact Sheet #15ER Reproduction of this text is encouraged; however, copies may not be sold, and the Center for AIDS Prevention Studies at the University of California San Franciso should be cited as the source of this information. For additional copies of this and other HIV Prevention Fact Sheets, please call the National Prevention Information Network at 800/458-5231. Comments and questions about this Fact Sheet may be e-mailed to [email protected]. © September 1999, University of California.

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Salud mental

¿Cómo afecta la salud mental en la prevención del VIH?

¿qué tienen que ver la salud mental y la prevención del VIH?

A unque la epidemia del VIH ha cambiado mucho durante los últimos 20 años, poco han cambiado las razones para los comportamientos de alto riesgo. Algunos factores que contribuyen a estos comportamientos son: la soledad, la depresión, la baja autoestima, la compulsividad sexual, el abuso sexual, la marginalización, la falta de poder y la opresión. Estas circunstancias no tienen soluciones fáciles. Resolverlas puede requerir más tiempo y esfuerzo de lo que muchos programas de prevención del VIH disponen. Algo que hemos aprendido de las investigaciones sobre la prevención del VIH es que “no hay una respuesta única.” El aumentar los conocimientos y capacidades de las personas para evitar el VIH y ofrecerles más acceso a condones y jeringas son buenos métodos, pero no sirven para todo el mundo y ningún método es suficiente por sí solo. Para muchas personas los obstáculos para cambiar su conducta se deben a problemas de salud mental. Esta hoja informativa se enfoca en los trastornos “no agudos” de salud mental; sin abarcar el efecto de los trastornos severos o cerebrales sobre la prevención del VIH. Lo que las personas hacen y lo que experimentan afecta a su salud mental. El uso y abuso de drogas y alcohol, la discriminación, la marginalización y la pobreza son todos factores que influyen en la salud mental y al mismo tiempo pueden poner a las personas en riesgo de contraer el VIH.

¿puede la salud mental afectar el riesgo de contraer el VIH?

Sí. La decisión de participar en prácticas sexuales riesgosas o de usar drogas tal vez no siempre sea una “decisión” tomada con conciencia, sino para satisfacer otra necesidad, como por ejemplo: LA BAJA AUTOESTIMA. Para muchos hombres que tienen sexo con hombres (HSH), la baja autoestima y la homofobia internalizada pueden afectar la conducta arriesgada respecto al VIH. La homofobia internalizada lleva al individuo a sentirse infeliz, a recriminarse o no aceptarse a sí mismo/a por ser gay. En un estudio, los hombres que padecían la homofobia internalizada tenían más posibilidades de ser VIH+, estaban menos satisfechos en sus relaciones de pareja y pasaban menos tiempo con gente homosexual.1  Las transexuales de masculino a femenino (MAF) identifican la baja autoestima, la depresión y los sentimientos de aislamiento, rechazo e impotencia como barreras a la reducción de su riesgo. Muchas MAF mencionan que no se protegen durante el sexo porque el no hacerlo valida su identidad femenina y aumenta su autoestima.2 LA ANSIEDAD Y LA DEPRESIÓN. Los adultos jóvenes que sufren ansiedad y depresión están mucho más propensos a participar en actividades de alto riesgo como la prostitución, el uso de drogas inyectadas o no inyectadas y la selección de parejas sexuales de alto riesgo. Un estudio que hizo un seguimiento a jóvenes urbanos a lo largo de varios años encontró que ellos no cambiaron su comportamiento arriesgado por haber obtenido más conocimientos, ni más acceso a información o consejería. En cambio, sí hubo una asociación entre la reducción de sus síntomas de depresión y otros problemas de salud mental, y la reducción de las actividades riesgosas.3 EL ABUSO SEXUAL. Las personas que sufren abuso sexual durante su niñez o juventud tienen un riesgo mucho mayor de tener problemas de salud mental y comportamientos arriesgados con respecto al VIH. Un estudio entre hombres homo y bisexuales encontró que aquellos que habían sido abusados estaban mucho más propensos a tener sexo anal sin protección y a inyectarse drogas.4 Para muchas mujeres, el abuso sexual se combina con el maltrato físico o emocional en la niñez o juventud. El riesgo de contraer el VIH es sólo una de las consecuencias de estos maltratos. Las mujeres pueden empezar a usar drogas para ayudarles a sobrellevar los maltratos. También pueden tener dificultades en su vida sexual que les impiden negociar con su pareja sobre el uso de con-dones, lo cual aumenta la posibilidad ponerse en riesgo durante el sexo.5 Las mujeres que han sido abusadas tienen tasas más altas de enfermedades de transmisión sexual (ETS), incluido el VIH.6 EL TRASTORNO DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO (PTSD siglas en inglés). El PTSD puede llevar a actividades sexuales de alto riesgo. En un estudio de usuarias de crack en el South Bronx, Nueva York, el 59% de las participantes tenían PTSD debido a traumas violentos (como el asalto, la violación o el haber visto un homicidio) y no violentos (como la falta de vivienda, la pérdida de los hijos o un accidente grave).7 Un estudio nacional entre veteranos encontró que quienes usaban drogas o alcohol y sufrían PTSD tenían una posibilidad casi 12 veces mayor de tener VIH que otros veteranos que no usaban drogas ni tenían PTSD.8

¿qué factores afectan a la salud mental?

Muchas personas que sufren problemas de salud mental empiezan a usar drogas o alcohol para aliviar su dolor. Se ha comprobado que el uso de drogas o alcohol reduce las inhibiciones e impide el buen juicio, lo cual puede contribuir a la participación en actividades arriesgadas con respecto al VIH. Por ejemplo, los usuarios de drogas inyectables que sufren de depresión corren más riesgo de compartir agujas.9 Varios factores ambientales como la pobreza, el racismo y la marginalización pueden conducir a problemas de salud mental tales como la baja autoestima, la cual a su vez puede llevar al uso de drogas y alcohol y a otros comportamientos riesgosos con respecto al VIH. Los adultos jóvenes del área urbana con altos niveles de conducta arriesgada con respecto al VIH también tienen tasas más altas de suicidio, consumo de drogas y alcohol conducta antisocial, incidentes estresantes y homicidios en su barrio.10

¿qué se está haciendo al respecto?

La solución de los problemas de salud mental no consiste únicamente en convencer la persona para que hable con un consejero o psicólogo. Los programas comunitarios y estructurales también pueden tomar en cuenta las necesidades de salud mental. Por ejemplo, se puede ofrecer grupos de apoyo para quienes han sufrido abuso sexual. Los centros recreativos y de convivencia sirven para conocer a otras personas y pueden ayudar a combatir la soledad y la depresión. Por medio de servicios móviles se pueden proveer el intercambio de jeringas así como ropa o alimentos a grupos aislados que están en alto riesgo de tener problemas de salud mental y VIH. El programa Bodyworkers en Nueva York brinda a los trabajadores sexuales HSH consejería gratuita para la prevención del VIH y para la salud mental, consejería de pares y acceso a servicios médicos. Masajistas, acompañantes, prostitutos que trabajan en la calle, estrellas de porno, bailarines de go-go y otros mencionaron varios problemas de salud mental que les dificultan obtener servicios médicos y de prevención. Estas barreras son: la desconfianza, la vergüenza o pena, el miedo a las relaciones personales, la compulsividad sexual, la depresión, la baja autoestima, el uso de drogas y alcohol y una historia de abuso físico/sexual.11 El programa HAPPENS en Boston, Massachusetts, provee una variedad de servicios especializados para jóvenes VIH+, sin hogar y en riesgo. El personal del programa va a la calle a encontrarse con los jóvenes y ofrecerles consejería individualizada sobre la reducción de riesgos con respecto al VIH. También conecta a los jóvenes con servicios sociales, médicos y de salud mental. Todas las visitas médicas incluyen una evaluación de su salud mental, y se ofrecen servicios de salud mental tanto en forma continua como en tiempos de crisis.12 Otro programa en New Haven, Connecticut, usó un modelo de manejo interactivo de casos en la calle para ayudar a mujeres drogodependientes que tenían VIH o estaban en riesgo de tenerlo. Trabajadores sociales encargados de casos viajaron en unidades móviles y proporcionaron consejería intensiva individualizada en el mismo sitio donde encontraron a las clientes. Muchas veces la consejería incluía conversaciones entre los miembros de la familia y los amigos de la cliente. Los encargados de casos también brindaron transporte, intervención en tiempos de crisis, compañía a las citas en la corte, asistencia familiar, ropa y alimentos donados.3

¿qué implica esto para los programas de prevención?

Quienes trabajan en la prevención del VIH deben tener consciencia de la asociación cercana entre los factores de salud mental, sociales y ambientales y la capacidad del individuo para hacer y mantener cambios en su conducta. El personal de los programas de prevención debe capacitarse para identificar problemas de salud mental al hablar con sus clientes. Si un programa no ofrece servicios de salud mental, se puede remitir al cliente a otra agencia o consejero. Algunas agencias han integrado los servicios de salud mental a sus servicios generales y ofrecen consejería como parte de sus intervenciones preventivas. Con frecuencia las necesidades de salud mental pasan desapercibidas debido al estigma que éstas tienen entre los individuos y en las instituciones. Estas necesidades pueden variar según la comunidad y región geográfica. Responder a los problemas de salud mental es una parte integral de la promoción de la salud y debe ser parte también de la prevención del VIH. No se trata de etiquetar a las personas ni de menospreciarlas, sino de darles un diagnóstico exacto y el tratamiento adecuado para su salud mental y física.


¿quién lo dice?

1. Ross MW, Rosser BR. Measurement and correlates of internalized homophobia: a factor analytic study. Journal of Clinical Psychology. 1996;52:15-21. 2. Clements-Nolle K, Wilkinson W, Kitano K. HIV Prevention and Health Service Needs of the Transgender Community in San Francisco. in W. Bockting & S Kirk editors: Transgender and HIV: Risks, prevention and care. Binghampton, NY: The Haworth Press, Inc. 2001; in press. 3. Stiffman AR, Dore P, Cunningham RM, et al. Person and environment in HIV risk behavior change between adolescence and young adulthood. Health Education Quarterly. 1995;22:211-226. 4. Bartholow BN, Doll LS, Joy D, et al. Emotional, behavioral and HIV risks associated with sexual abuse among adult homosexual and bisexual men. Child Abuse and Neglect. 1994;9:747-761. 5. Miller M. A model to explain the relationship between sexual abuse and HIV risk among women. AIDS Care. 1999;1:3-20. 6. Petrak J, Byrne A, Baker M. The association between abuse in childhood and STD/HIV risk behaviors in female genitourinary (GU) clinic attendees. Sexually Transmitted Infections. 2000;6:457-461. 7. Fullilove MT, Fullilove RE, Smith M, et al. Violence, trauma and post-traumatic stress disorder among women drug users. Journal of Traumatic Stress. 1993;6:533-543. 8. Hoff RA, Beam-Goulet J, Rosenheck RA. Mental disorder as a risk factor for HIV infection in a sample of veterans. Journal of Nervous and Mental Disease. 1997;185:556-560. 9. Mandel W, Kim J, Latkin C, et al. Depressive symptoms, drug network, and their synergistic effect on needle-sharing behavior among street injection drug users. American Journal of Drug and Alcohol Abuse. 1999;25:117-127. 10. Stiffman AR,Doré P, Earls F, et al. The influence of mental health problems on AIDS-related risk behaviors in young adults. Journal of Nervous and Mental Disease. 1992;180:314-320. 11. Baney M, Dalit B, Koegel H, et al. Wellness program for MSM sex workers. Presented at the International Conference on AIDS, Durban, South Africa. 2000. Abstract #MoOrD255. 12. Woods ER, Samples CL, Melchiono MW, et al. Boston HAPPENS Program: a model of health care for HIV-positive, homeless and at-risk youth. Journal of Adolescent Health. 1998;23:37-48. 13. Thompson AS, Blankenship KM, Selwyn PA, et al. Evaluation of an innovative program to address the health and social service needs of drug-using women with or at risk for HIV infection. Journal of Community Health. 1998;23:419-421.


PREPARADO POR JIM DILLEY, MD*, PAMELA DECARLO** *AIDS Health Project **CAPS TRADUCIÓN ROCKY SCHNAATH Febrero 2002. Hoja Informativa 42S

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Teoría

¿Qué papel juega la teoria en la prevención del VIH?

¿qué es la teoría y en qué puede ayudar?

Una teoría describe los factores o las relaciones que influencian la conducta o el ambiente, y sirve de guía para modificar estos últimos. Las teorías empleadas en la prevención provienen de varios campos que incluyen la psicología, sociología y antropología. Las teorías se formalizan por medio de un proceso de comprobación cuidadosa. Los resultados de esta comprobación deben ser repetibles en varios ambientes diferentes y generalizables a varias comunidades.1 Tanto las teorías formales como las informales (o implícitas) comienzan con observaciones sobre personas o fenómenos. Por lo general las teorías informales (aquellas ideadas por proveedores de servicios) no se comprueban formalmente. Sin embargo, estas creencias intuitivas sobre por qué las personas hacen lo que hacen son muy útiles y muchas veces son similares a los conceptos de las teorías formales ideadas por académicos. Las teorías pueden ayudar a enmarcar las intervenciones y a diseñar evaluaciones. Al diseñar o escoger una intervención, la teoría puede dar una idea de los factores que se deben tomar en cuenta y en qué aspectos se debe enfocar. Las teorías pueden ayudar a definir el resultado que se espera de la intervención para fines de evaluación. También, basar el programa en una teoría comprobada le da apoyo científico, especialmente si el programa no ha sido evaluado.2 Muchos financiadores de proyectos requieren que los proveedores de servicios de prevención del VIH empleen la teoría para crear intervenciones preventivas. Sin embargo, es común que los proveedores escojan una teoría en función de su intervención. Ya que muchos proveedores no están capacitados ni apoyados para usar la teoría, ellos pueden perder la oportunidad de usarla como un proceso para pensar críticamente sobre una comunidad durante la creación de programas.

¿cómo puede la teoría guiar programas?

Contestar las siguientes preguntas puede ayudar a escoger las teorías e intervenciones más adecuadas para una comunidad en particular:3

  1. ¿Qué comunidades o grupos se beneficiarán con los servicios?
  2. ¿Cuales son las conductas concretas los ponen en riesgo de contraer el VIH/las ETS?
  3. ¿Qué factores tienen algún efecto sobre estas conductas riesgosas?
  4. ¿Cuáles son los factores más importantes que realmente se pueden modificar?
  5. ¿Qué teoría(s) o modelo(s) servirán mejor para los factores identificados?
  6. ¿Qué tipo de intervención servirá mejor para estos factores?

Frecuentemente, las conductas que ponen a las personas en riesgo de contraer y transmitir las ETS/el VIH son el resultado de muchos factores complicados que operan en varios niveles. Las teorías de cambio conductual usualmente abordan uno o más de estos niveles e incluyen factores individuales, interpersonales/grupales, comunitarios, estructurales y ambientales. Muchos investigadores y proveedores usan una combinación de factores de varias teorías para guiar sus programas. A continuación describimos algunas teorías y modelos así como ejemplos de programas que los emplean. Las teorías están organizadas por nivel de implementación, pero muchas se pueden usar en varios niveles diferentes.

nivel estructural y politico

Estas teorías examinan las influencias sociales y ambientales sobre la salud, incluyendo leyes, normas, costumbres, condiciones económicas y desigualdades sociales. La Teoría de Desorganización Social sostiene que cuando las instituciones, normas y valores sociales dejan de funcionar, ocurren altas incidencias de violencia, abuso de drogas, pobreza y enfermedades.4 La Teoría de Ecología Social afirma que los ambientes sociales, culturales y físicos forman la conducta, por lo tanto las intervenciones no deben enfocarse en el individuo sino en estos ambientes.5 La Teoría de Género y Poder considera las diferencias entre hombres y mujeres con respecto al trabajo, la dinámica de poder y la inversión en relaciones como estructuras que pueden generar desigualdades para la mujer y aumentar su riesgo y vulnerabilidad con respecto al VIH.6 “Family to Family” es una intervención estructural que fortalece el funcionamiento de la familia y los lazos entre familiares en Harlem, NY. Diseñado para responder a una amplia gama de situaciones sociales, el programa busca promover relaciones fuertes en una comunidad con altas tasas de violencia, abuso de drogas e infección por VIH. De esta manera el programa busca influenciar los determinantes sociales de la conducta arriesgada de los individuos.7

nivel comunitario

La Teoría de la Educación de Apoderamiento, basada en el modelo de educación popular de Paulo Freire, involucra a grupos para que identifiquen y comenten problemas sociales.8 Una vez que los miembros de la comunidad entiendan el tema completamente, ellos proponen y concuerdan soluciones y las ponen en práctica. Este método buscar promover la salud al incrementar los sentimientos de poder y control que tienen las personas sobre su vida. La Difusión de Innovaciones explica cómo ideas o conductas nuevas son introducidas en la comunidad y cómo la comunidad las difunde hasta llegar a aceptarlas.9 Las Voces de Mujeres de Color Contra el VIH/SIDA (VOW, siglas en inglés) en la ciudad de Nueva York, es una intervención de organización de comunidades basada en la teoría de apoderamiento que busca aumentar la participación de mujeres de color en todos los aspectos de la prevención del VIH. Las mujeres se reúnen cada mes para hablar sobre el VIH/SIDA. VOW organiza capacitaciones y ayuda a las mujeres a promover la creación o modificación de políticas y normas. VOW se ha reunido con legisladores, ha dado testimonio público y ha organizado un congreso para mujeres sobre la política pública.10

nivel interpersonal/grupal

Según la Teoría Social Cognitiva, la adopción de conductas es un proceso social influenciado por las interacciones entre el individuo y otras persona en su entorno.11 Dos componentes principales de esta teoría son: 1) la imitación de conductas que vemos en otras personas: y 2) la autoeficacia: la creencia de que uno es capaz de realizar la nueva conducta en la situación propuesta. La Teoría de Redes Sociales/Apoyo Social describe el efecto de las relaciones sociales sobre la salud y el bienestar. Redes Sociales se refiere a una red de relaciones sociales y el Apoyo Social es la ayuda que se obtiene por medio de estas relaciones.5 Listo Para Acción es una intervención en Long Beach, CA entre hombres homosexuales latinos que está basada en las teorías de apoyo social y cognitiva social. El programa ofrece en una discoteca latina cuatro talleres para desarrollar habilidades. Los participantes que completen los cuatro talleres pueden convertirse en “compadres” o líderes que luego sirven como una red de apoyo o segunda familia para los nuevos participantes de los talleres.12

nivel individual

El Modelo de Creencias sobre la Salud propone que antes de poder cambiar su conducta, las personas deben creer primero que son vulnerables a cierta condición y percibirla como una condición grave.13 Los Estadíos de Cambioexplica el proceso de cambios incrementales, desde no tener ninguna intención de cambiar, hasta lograr mantener conductas más seguras.14 Los cinco estadíos son: Precontemplación, Contemplación, Preparación, Acción y Mantenimiento. La Teoría de Acción Razonada ve la intención como la influencia primordial sobre la conducta.15 Las intenciones son una combinación de actitudes hacia la conducta y percepciones de las opiniones de los pares. Las normas sociales tienen una influencia muy fuerte sobre ambas. Estudiantes Unidos Contra las Decisiones Negativas (STAND, siglas en inglés) es un programa de capacitación de pares en un condado de Georgia. STAND se basa en las teorías de estadíos de cambio y difusión de innovaciones. Presentando temas de capacitación en prevención del VIH en secuencia de acuerdo con cada estadío de cambio, STAND prepara a los jóvenes para que inicien conversaciones con sus pares sobre cómo reducir el riesgo durante el sexo, y después evalúen su estadío de cambio y les sugieran actividades concretas. Los participantes reportaron un aumento en su uso de condones y una reducción de la penetración sexual sin protección.16

¿qué más hay?

Aparte de las teorías comprobadas y las implícitas, existen estrategias que se usan como marcos para los programas. La Reducción de Daños acepta que mientras existan los comportamientos dañinos, el objetivo principal es reducir sus efectos negativos.17 La Organización/Movilización de Comunidades anima a las comunidades a defender sus derechos de vivir en condiciones más saludables.18 Los proveedores tienen mucha información sobre los peligros que sus clientes corren con respecto al VIH y las razones de estos riesgos. Por lo tanto, ellos deben asegurarse de que sus programas se basen en sus propias teorías o en otras teorías comprobadas, y quienes financian los programas deben aceptar ambos tipos de teoría como una base válida para los programas.


¿quién lo dice?

1. Goldman KD, Schmalz KJ. Theoretically speaking: overview and summary of key health education theories. Health Promotion Practice. 2001:2;277-281. 2. Centers for Disease Control and Prevention. Evaluating CDC-Funded Health Department HIV Prevention Programs. December 1999.https://www.cdc.gov/hiv/dhap/peb/index.html 3. Freeman A, Vogan S, Rietmeijer K, et al. Bridging theory and practice: a course on apply-ing behavioral theory to STD/HIV prevention. Presented at National HIV Prevention Conference, Atlanta, GA; 1999. Abst #263. 4. Elliott MA, Merrill FE. Social disorganization. New York, NY: Harper; 1961. 5. Wingood GM, DiClemente RJ. Application of the theory of gender and power to examine HIV-related exposures, risk factors and effective interventions for women. Health Education and Behavior. 2000;27:539-565. 6. Fullilove RE, Green L, Fullilove MT. The Family to Family pro-gram: a structural intervention with implications for the prevention of HIV/AIDS and other community epidemics. AIDS. 2000;14S1;S63-S67. 7. Wallerstein N. Powerlessness, empowerment and health: implications for health promotion programs. American Journal of Health Promotion. 1992;6:197-205. 8. Rogers EM. Diffusion of Innovations. Third edition. New York, NY: The Free Press:1983. 9. Elcock S, Goodman D. Women of color doing it for ourselves: HIV prevention policies. Presented at the National HIV Prevention Conference, Atlanta , GA. 1999, Abst. #443. 10. Bandura A. Social cognitive theory and exercise of control over HIV infection. In DiClemente RJ (ed) Preventing AIDS: Theories and Methods of Behavioral Interventions. New York, NY: Plenum Press; 1994. 11. Glanz K, Marcus Lewis F, Rimer BK, Eds. Health Behavior and Health Education: Theory, Research and Practice. 2nd Edition. San Francisco: Jossey-Bass, Inc. 1997. 12. Buitron M, Corby N, Rhodes F. Creating a culturally appropriate behavioral prevention intervention for Spanish speaking gay men from an existing risk-reduction program. Presented at the International Conference on AIDS, Geneva, Switzerland, 1998. Abst # 335553. 13. Rosenstock IM, Strecher VJ, Becker MH. The health belief model and HIV risk behavior change. In DiClemente RJ (ed) Preventing AIDS: Theories and Methods of Behavioral Interventions. New York, NY: Plenum Press; 1994. 14. Prochaska JO, DiClemente CC, Norcross JC. In search of how people change. Applications to addictive behaviors. American Psychologist. 1992;47:1102-1114. 15. Fishbein M, Middlestadt SE. Using the theory of reasoned action as a framework for under-standing and changing AIDS-related behaviors. In Wasserheit JN (ed) Primary Prevention of AIDS: Psychological Approaches. 1989. 16. Smith MU, DiClemente RJ. STAND: A peer educator training curriculum for sexual risk reduction in the rural South. Preventive Medicine. 2000;30:441-449. 17. Brettle RP. HIV and harm reduction for injection drug users. AIDS. 1991;5:125-136. 18. Community organizing and community building for health. M Minkler, ed. New Brunswick, NJ: Rutgers University Press. 1997.


Preparado por Alice Gandelman MPH* y Beth Freedman MPH** *California HIV/STDS Prevention Training Center,**CAPS Tradución Rocky Schnaath Abril 2002. Hoja Informativa 14SR

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Home testing

What Is the Role of HIV Testing at Home?

Is home HIV testing feasible?

Home-access testing for HIV met with virtually unanimous opposition when it was first proposed.1 Today, the Centers for Disease Control (CDC), leading clinicians, gay activists and AIDS advocates have all endorsed home access testing.2 The barriers to home access testing have not been technical, as feasibility studies have demonstrated.3 Home testing has been possible for more than a decade. Actually, “home testing” is a little misleading: customers don’t actually get on-the-spot results, the way they do with home test kits for glucose, cholesterol, blood pressure or pregnancy. The tests are really at-home “collection kits” to be purchased over the counter or through the mail. A test kit purchaser pricks his/her finger, puts a drop of blood on a piece of blotter paper, sends it off in the mail, then phones for results and counseling after a specified time. In the spring of 1996, the Food and Drug Administration (FDA) approved the first HIV home collection test kit, Confide. The kit, sold by a subsidiary of Johnson & Johnson, was later withdrawn from the market. The FDA later licensed Home Access HIV-1 Test System, manufactured by Home Access Health Corporation of Chicago. This remains the only home collection kit approved for sale by the FDA, although a dozen other unapproved home test kits have been advertised for sale in newspapers and via the Internet. The FDA cautions against the use of these unapproved test kits, which have not been fully evaluated and “do not have a documented history of delivering dependable results.”4

How is it different?

It’s an easy way for people to find out if they’re HIV infected. Traditionally, getting tested for HIV has meant a trip to a doctor or clinic, getting blood drawn, then returning for results and counseling. The new home testing kits save two trips to the doctor or clinic. It also makes testing accessible for people who live in rural areas, or inner cities where clinics are scarce, too busy, or a long bus ride away. Home testing also affords privacy. Some people are afraid to visit a clinic or doctor’s office because they fear they will be recognized by neighbors, friends, or family. In a number of studies, at-risk individuals have expressed preference for anonymous systems of HIV testing.5 Home testing has the potential for complete anonymity. Offering another testing option is a step toward solving the national problem of inadequate HIV testing. An alarmingly high proportion of those at risk has not been tested for HIV.6 Getting HIV test results becomes more and more important as means of bolstering the immune system and staving off opportunistic infections improve. Pregnant women are being encouraged to take voluntary HIV tests in light of studies showing that treating HIV-infected pregnant women with zidovudine (AZT) can reduce the rate of maternal/fetal transmission of HIV by two-thirds.7

Are the results reliable? private?

Millions of HIV antibody tests have been conducted using dried blood specimens.8 Such testing is highly accurate when laboratory protocols for confirmatory testing and quality assurance mechanisms are followed. False positive results do occur in HIV testing, but at a very low rate. Some test kit blotters mailed to the lab may not have enough blood to test. In such situations, telephone counselors have been trained to advise customers when results are unclear or need further confirmation. Each test comes with a unique identification number, which patients return to the lab with their blood samples. The lab never knows a name. When calling for results, patients identify themselves by this number alone.

Who will get tested at home?

Home access HIV testing may provide reassurance to the “worried well”-people for whom the risk of HIV infection may be quite remote, but are nevertheless seeking reassurance. If such individuals no longer rely on public sources of testing, resources may be freed up for more targeted interventions with those at highest risk.9 Sales of home test kits have not been quite as robust as might have been expected from surveys in which people expressed their attitudes and intentions regarding home testing. In its first year, Home Access Health’s sold 152,044 test kits; 148,039 people called to find out their results. The overall HIV seropositive rate was 0.9%.10 Beyond the denial and psychological barriers to seeking testing, many may find the $30-40 retail cost for home test kits prohibitive. Home test kit companies are working with a variety of public health and community agencies, selling kits at wholesale prices so that home access testing can become part of various prevention outreach strategies.

What are the concerns?

One concern is the adequacy of counseling. At a doctor’s office or clinic, test results are usually delivered in person. If a patient feels overwhelmed, or even suicidal, an expert is there to help. Companies selling home test kits make counselors available, but they will be miles away on the other end of a telephone. As one critic of home testing put it, “a 1-800 number can’t hug you when you’re crying."11 Yet for some people, the remoteness and anonymity afforded by telephone counseling makes it easier to reveal painful feelings or embarrassing information. There is a long tradition with telephone counseling in crisis intervention and suicide prevention. Telephone counseling must be compared to the actual experiences of current HIV testing. For many, counseling is already inadequate or missing altogether. According to data from the National Health Interview Survey (NHIS), a third of those who were tested for HIV antibodies got their results by mail (16%) or telephone (17%).12 About 2.5 million tests are performed annually at publicly funded test sites. In 1995, 25% of people who tested positive and 33% who tested negative failed to return for their results.13 In contrast, 97.4% of buyers of the home test kit called for test results.10 Another concern is potential abuse of home test kits. Some fear that employers, family members or health providers could send someone’s blood sample to be tested without the person’s knowledge. Laws already exist against testing without consent and discrimination on the basis of HIV status. These statutes need to be enforced; new legal protections may be needed once there is more experience with home test kits.

What are the limitations?

A positive HIV test result does not guarantee access to needed care. As the National Commission on AIDS wrote, “for many impoverished individuals gaining entry into a health care and social service system by means of a ticket stamped `HIV positive’ is still a cruel hoax.”  Nevertheless, this is no reason to discourage people from seeking testing. “The lack of good medical and social services for people with HIV infection is an argument for increasing those services, not denying people access to personal medical information.”15 HIV testing is not an end in itself. A comprehensive HIV prevention strategy uses multiple elements to protect as many people at risk of HIV infection as possible. The real challenge is to ensure that wherever people are tested they have access to follow-up counseling and care. If they are HIV positive they should receive care to stay healthy, and if they are HIV negative they should receive support to stay negative.


Says who?

  1. Anon. Banned at home: an FDA ruling on AIDS test. Time. 1989; April 18:26.
  2. Leary WE. Government panel hears call for expanded AIDS testing. New York Times. 1994;June 23:A18.
  3. Frank AP, Wandell MG, Headings MD, Conant MA, Woody G, Michel C. Anonymous HIV testing using home collection and telemedicine: a multicenter evaluation. Archives of Internal Medicine. 1997;157:309-314.
  4. Center for Biologics Evaluation and Research, Food and Drug Administration (FDA). Testing yourself for HIV-1, the virus that causes AIDS–Home test system is available. 1997;July 25. https://www.fda.gov/vaccines-blood-biologics/hiv-home-test-kits/testing…;
  5. Hirano D, Gellert GA, Fleming K, et al. Anonymous HIV testing: the impact of availability on demand in Arizona. American Journal of Public Health. 1994;84:2008-2010.
  6. Sweeney PA, Fleming PL, Karon JM, Ward JW. A minimum estimate of the number of living HIV infected persons confidentially tested in the United States. Presented at the Interscience Conference on Antimicrobial Agents and Chemotherapy (ICAAC) 1997;Sept.-Oct., Toronto, Canada.
  7. Conner EM, Sperling RS, Gelber R, et al. Reduction of maternal-infant transmission of human immunodeficiency virus type 1 with zidovudine treatment. New England Journal of Medicine. 1994;331:1173-1180.
  8. Gwinn M, Redus MA, Granade TC. HIV-1 serologic test results for one million newborn dried-blood specimens: assay performance and implication for screening. Journal of Acquired Immune Deficiency Syndrome. 1992;5:505-12.
  9. Valdiserri RO, Weber JT, Frey R, Trends in HIV seropositivity in publicly finded HIV counseling and testing programs: implications for prevention policy. American Journal of Preventive Medicine. 1998;14:31-42.
  10. Home Access Health. http://www.homeaccess.com.
  11. Ocamb K. Home HIV testing is near. POZ. 1994;June-July:48-52. (quoting Dennis Ouellet, LA Free Clinic).
  12. Schoenborn CA, Marsh Sl, Hardy AM. AIDS knowledge and attitudes for 1992. Data from the National Health Interview Survey. Advance Data. 1994;243:1-15.
  13. Centers for Disease Control. Update: HIV counseling and testing using rapid tests–United States. Morbidity and Mortality Weekly Report. 1998;47: 211-5.
  14. National Commission on AIDS. Report of the Working Group on Social and Human Issues. Washington, DC: National Commission on AIDS, 1991.
  15. Bayer R, Stryker J, Smith MD. Testing for HIV infection at home. New England Journal of Medicine. 1995;332: 1296-1299.

Prepared by Jeff Stryker* *CAPS Updated August 1998. Fact Sheet #11Er


Reproduction of this text is encouraged; however, copies may not be sold, and the Center for AIDS Prevention Studies at the University of California San Francisco should be cited as the source of this information. For additional copies of this and other HIV Prevention Fact Sheets, please call the National Prevention Information Network at 800/458-5231. Comments and questions about this Fact Sheet may be e-mailed to [email protected]. © August 1998, University of California.