Library

Resource

Condones

¿Cuál es el papel de los condones masculinos en la prevención del VIH?

revisado 5/05

¿funcionan los condones?

Sí. El condón es una de las únicas herramientas ampliamente disponibles y altamente eficaz para la prevención del VIH en los EE.UU.1 Cuando se usan correcta y habitualmente, los condones masculinos de látex pueden reducir en un 80-90% el riesgo de embarazo y de muchas infecciones de transmisión sexual (ITS), incluyendo el VIH.1-6 Los condones masculino y femenino son el único método anticonceptivo que disminuye el riesgo tanto de las ITS como del embarazo. Cuando el condón masculino se coloca en el pene antes de cualquier contacto sexual, se evita el contacto directo con el semen, las llagas en el pene y las secreciones del pene y de la vagina; de forma que los condones pueden reducir eficazmente el contagio de la gonorrea, la tricomonosis, la clamidia, la hepatitis B, el VIH y otras ITS transmitidas por las secreciones genitales.1-6 Debido a que el condón solamente cubre el pene, ofrece menos protección contra las ITS transmitidas principalmente por el contacto de piel contra piel, tales como el herpes genital, la sífilis, los chancroides y las verrugas genitales. La abstinencia, la monogamia mutua entre parejas no infectadas, la limitación del número de parejas sexuales y el uso correcto y habitual del condón durante el coito son todos elementos esenciales para disminuir la propagación del VIH/ITS.7 Gran parte de la eficacia del condón depende del nivel de destreza y experiencia del usuario. La educación, consejería y capacitación en habilidades de negociación entre parejas pueden aumentar en gran medida la capacidad de la persona de usar el condón correcta y habitualmente.2

¿cuáles son las ventajas?

Accesibilidad. El uso del condón no requiere examen médico, receta o prueba. Los condones se pueden comprar en farmacias, tiendas, máquinas dispensadoras, gasolineras, bares y en internet. Muchas clínicas para ITS y VIH también los distribuyen gratis. Acto sexual más placentero. El uso del condón puede retrasar la eyaculación precoz. Los condones lubricados pueden facilitar y aumentar el placer del coito para las mujeres. Los condones evitan “mojar las sábanas” con el goteo de semen después del sexo y también reducen la ansiedad y el miedo a un embarazo o ITS de forma que la pareja disfrute más del sexo. Protección de la fertilidad. Algunas ITS pueden afectar la capacidad de las mujeres para embarazarse; los condones protegen contra ciertas ITS y por ende reducen el riesgo a la infertilidad.8

¿cuáles son las desventajas?

Falta de cooperación. Sin la cooperación del varón el uso del condón puede ser imposible, pues las mujeres no pueden controlar el uso del condón directamente. Problemas físicos. Muchos hombres y sus parejas se quejan de que los condones reducen la sensibilidad. El uso correcto del condón requiere de un pene erecto. Algunos hombres no pueden mantener una erección duradera, lo cual dificulta el uso del condón. Probar diferentes clases de condones (más delgados) y usar lubricantes a base de agua puede ayudar a aumentar la sensación. Vergüenza. Algunos hombres y mujeres pueden sentir vergüenza de comprar condones o de adquirirlos gratuitamente de una clínica. Otros pueden sentir pena al sugerir o iniciar el uso de condones porque perciben que esto implicaría falta de confianza o de intimidad.9

¿cómo se usan?

Los mensajes más importantes sobre el uso del condón son muy sencillos: 1) Use un condón nuevo en cada coito si existe riesgo de embarazo o de ITS. 2) Antes de la penetración, desenrolle el condón cubriendo el pene erecto hasta su base y póngaselo antes de que el pene entre en contacto con la vagina o el ano de su pareja. 3) Después de eyacular (con el pene todavía erecto), sostenga el borde del condón contra la base del pene mientras se retira de la vagina o ano.2,10 Aun con la capacitación adecuada y con acceso a los condones, las personas no siempre van a usarlos a la perfección. En la vida real, uno se puede enamorar, cometer errores, alcoholizarse o simplemente decidir no usarlos. El tener relaciones sexuales bajo los efectos del alcohol u otras drogas aumenta grandemente la posibilidad de no usar condones, de usarlos mal o de que fallen.11

¿cuáles son las preocupaciones?

Información y distribución de condones en las escuelas. Aunque las escuelas pueden ser una fuente importante de información sobre el VIH/ITS12, sólo el 2% de las escuelas públicas cuentan con centros de salud en sus instalaciones y sólo el 28% de ellas ponen condones a disposición de los estudiantes13. En el año 2000, hubo 9.1 millones de nuevos casos de ITS entre jóvenes de 15 a 24 años de edad, siendo éstos casi la mitad de todos los casos nuevos de ITS en EE.UU.14 El 47% de los estudiantes de preparatoria (high school) en los EE.UU. han tenido coito.15 Ruptura y deslizamiento (falla del condón). La calidad del condón ha mejorado16 y para la mayoría de los usuarios el deslizamiento del condón es relativamente raro. Cerca del 4% de los condones se rompen o se deslizan,2 pero algunas personas reportan tasas más altas. En un estudio, hombres gay desempleados que reportaron consumo de anfetaminas o de mucho alcohol fueron más susceptibles a reportar fallas de condones; los que usaron condones con frecuencia y usaron lubricante reportaron menos fallas.11 La consejería y orientación sobre el uso del condón puede reducir notablemente la falla del condón.2 Eficacia del N-9. Por lo general, los condones lubricados con el espermicida nonoxinol-9 (N-9) cuestan más, no poseen ventajas comprobadas de protección sobre los condones sin N-9, tienen una vida en anaquel más limitada y pueden ser dañinos si se usan en exceso. Varios fabricantes han descontinuado los condones con N-9.2,16

¿qué funciona?

Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades en EE.UU. han documentado la eficacia de los siguientes programas, que se están duplicando en todo el país.17 Capacitar para la negociación y el uso condón. El Proyecto SISTA ofrece capacitación sobre destrezas sociales para mujeres afroamericanas con el fin de incrementar su confianza y uso del condón. Las mujeres aprenden cómo ser proactivas en la relación sexual y cómo usar el condón correctamente, al tiempo que comentan aspectos culturales y de género que influyen en la negociación sobre el uso del condón. Los participantes reportaron mayor uso de condón.18 Cambiar las normas comunitarias. El Proyecto Mpowerment es un programa comunitario diseñado por y para hombres jóvenes gay para aumentar el apoyo entre pares y la aceptación del sexo más seguro. Grupos liderados por jóvenes usan un enfoque positivo sobre el sexo y la homosexualidad para enseñar a sus pares cómo negociar y usar el condón, capacitándolos y motivándolos para que hagan campañas informales con sus amigos. Los participantes reportaron una disminución del sexo anal sin protección.19 Combinar la prevención del VIH, ITS y embarazos no deseados. El programa VOICES/ VOCES fue implementado en una clínica de ITS y se dirige a la población heterosexual afroamericana y latina empleando videos específicos a cada cultura y promoviendo el desarrollo de destrezas que aumenten la negociación y el uso del condón. Esta programa es bilingüe e incluye educación sobre los diferentes tipos de condones y su distribución. Los participantes reportaron mayor uso de condón y menor repetición de ITS.20

¿qué queda por hacer?

Se necesita mejorar la comercialización y la accesibilidad de los condones en EE.UU. Aunque en la última década el uso del condón ha aumentado, todavía hay tasas altas inaceptables de ITS entre adolescentes y adultos jóvenes sexualmente activos y entre hombres gay; dos grupos que tienen también un riesgo alto de contraer el VIH. Se necesitan nuevas formas de promover el condón, idealmente antes de la iniciación sexual. A fin de que los adolescentes los usen, los condones deben ser accesibles en forma fácil y anónima, ampliamente disponibles y a bajo precio. La distribución de condones gratis también puede contribuir a un uso mayor.21 Para lograr una prevención eficaz del VIH, todas las personas necesitan información correcta y completa sobre las diferentes opciones de prevención. No obstante, el énfasis debe modificarse según el grupo. Por ejemplo, si bien la gente joven que no es sexualmente activa necesita información y acceso a los condones, la prioridad debe ser la promoción de la abstinencia y el retraso de la iniciación sexual. Cuando el objetivo sean personas en alto riesgo de adquirir el VIH, se debe priorizar el uso correcto y habitual del condón junto con la omisión de comportamientos y parejas de alto riesgo.7 ¿Son infalibles los condones? No. Tampoco lo son el cinturón o el casco de seguridad, la promesa de abstinencia o las vacunas. Sin embargo, en la vida real, manejamos al trabajo, vacunamos a los niños y esperamos concluir cada día ilesos. Ninguna estrategia de salud pública puede garantizar la protección perfecta. Realmente no se trata de saber si los condones son eficaces al 100%, sino cómo maximizar el beneficio del condón y otros métodos para reducir el riesgo de enfermedad.


Says who?

1. Scientific evidence on condom effectiveness for STD prevention. Report from the NIAID. July 2001. 2. Warner L, Hatcher RA, Steiner MJ. Male Condoms. In: Hatcher RA, Trussel J, Stewart F, et al, editors. Contraceptive Technology. New York: Ardent Media Inc. 2004:331-353. 3. Holmes KK, Levine R, Weaver M. Effectiveness of condoms in preventing sexually transmitted infections. Bulletin of the World Health Organization. 2004;82:454-461. 4. Weller S, Davis K. Condom effectiveness in reducing heterosexual HIV transmission. Cochrane Database Systematic Review. 2002;(1):CD003255. 5. Hearst N, Chen S. Condom promotion for AIDS prevention in the developing world: is it working? Studies in Family Planning. 2004;35:39-47. 6. CDC. Male latex condoms and STDs. 7. Halperin DT, Steiner MJ, Cassell MM, et al. The time has come for common ground on preventing sexual transmission of HIV. Lancet. 2004;364:1913-1915. 8. Ness RB, Randall H, Richter HE, et al. Condom use and the risk of recurrent pelvic inflammatory disease, chronic pelvic pain, or infertility following an episode of pelvic inflammatory disease. American Journal of Public Health. 2004;94:1327-1329. 9. Miller LC, Murphy ST, Clark LF, et al. Hierarchical messages for introducing multiple HIV prevention options: promise and pitfalls. AIDS Education and Prevention. 2004;16:509-25. 10. ASHA. The right way to use a male condom. 1/30/05. 11. Stone E, Heagerty P, Vittinghoff E, et al. Correlates of condom failure in a sexually active cohort of men who have sex with men. Journ al of AIDS. 1999;20:495-501. 12. McElderry DH, Omar HA. Sex education in the schools: what role does it play? International Journal of Adolescent Medical Health. 2003;15:3-9. 13. Santelli JS, Nystrom RJ, Brindis C, et al. Reproductive health in school-based health centers: findings from the 1998-99 census of school-based health centers. Journal of Adolescent Health. 2003;32:443-451. 14. Weinstock H, Berman S, Cates W. Sexually transmitted diseases among American youth: incidence and prevalence estimates, 2000. Perspectives in Sexual and Reproductive Health. 2004;36:6-10. 15. Youth risk behavior surveillance–US, 2003. Morbidity and Mortality Weekly Report. 2004;53:1-98. 16. Condoms: extra protection. Consumer Reports. Feb 2005. 17. https://www.cdc.gov/hiv/effective-interventions/index.html 18. DiClemente RJ, Wingood GM. A randomized controlled trial of an HIV sexual risk reduction intervention for young African-American women. Journal of the American Medical Association. 1995;274:271-276. 19. Kegeles SM, Hays RB, Pollack LM, et al. Mobilizing young gay and bisexual men for HIV prevention: a two-community study. AIDS. 1999;13: 1753–1762. 20. O’Donnell CR, O’Donnell L, San Doval A, et al. Reductions in STD infections subsequent to an STD clinic visit: using video-based patient education to supplement provider interactions. Sexually Transmitted Diseases. 1998;25:161–168. 21. Cohen DA, Farley TA. Social marketing of condoms is great, but we need more free condoms. The Lancet. 2004;364:13. Preparado por Markus Steiner PhD* y Pamela DeCarlo** *Family Health International, **CAPS Mayo 2005. Fact Sheet #2SR

Resource

American Indian/ Alaskan Natives (AI/AN)

What are American Indian/ Alaskan Natives’ (AI/AN) HIV prevention needs?

Are AI/AN at risk for HIV?

Yes. American Indians and Alaskan Natives (AI/AN) represent a unique population within the US, not only because of their oppression suffered in the development of this country but also because of their ongoing struggle to gain recognition in the HIV/AIDS epidemic. AI/ANs are not so unique, however, that they are protected from the same behaviors that put all people at risk for HIV infection. The long history of oppression of AI/AN in the US has had a devastating effect on the health and well-being of Native Peoples. This history, including colonization, outlawing Native languages and spiritual practices, and centuries of forced relocation, has created justified mistrust of US government programs and health institutions.1 This legacy continues to shape the experience of AI/AN as they are disproportionately impacted by poverty, ill health, family violence and drug and alcohol abuse. All of these factors are associated with HIV risk.2 Through the end of 2000, AI/ANs comprised 2,337 AIDS cases and 871 HIV cases3. AI/AN constitute approximately 1% of the total US population, and just under 1% of reported AIDS and HIV cases3. Although these numbers appear small relative to other populations, the impact is considerable. Underreporting and the lack of detailed HIV surveillance of AI/AN may result in significant undercounting of HIV infections. Further, AI/AN are often misclassified in terms of race/ethnicity on data collection forms, due to assumptions about names, skin color, residence and even intentionally misleading self reporting.4 A study of STD data in Oklahoma found that 35% of chlamydia and over 60% of gonorrhea cases among AI/AN had been incorrectly attributed as Hispanic or white.5

What puts AI/ANs at risk?

HIV research among AI/AN has a short history starting in the early 1990s, with few studies on risk behavior. According to the CDC, for AI/AN men, the leading exposure category for HIV is men who have sex with men (MSM) at 51%, MSM and injection drug use (IDU) 13% and heterosexual IDU 12%. Among women, the primary exposure risk is heterosexual contacts at 41%, followed by IDU at 32%. However, this data does not include data from California, which has the largest Native population of all 50 states.6 AI/AN populations are disproportionately impacted by social, behavioral and economic factors that are associated with HIV risk. AI/AN suffer high rates of poverty and unemployment, with 32% living below poverty level, compared to 13% of the general US population. Native Americans also experience high rates of drug and alcohol use, STDs and violence. Alcohol use in the AI/AN population has resulted in the highest alcohol-related mortality rates for all US populations.9 One study of AN drug users found that alcohol use was the factor that put them at greatest risk for HIV. Many individuals reported blacking out while drinking, and later learned that they had unprotected sex with complete strangers or persons they would not otherwise accept as partners.10 This same study showed that drug using Alaskan Native women are at high risk for gonorrhea infection and HIV infection. AN women were more likely to inject drugs than any other ethnic group among women, and they were more likely to have white male injectors as sex partners. Sex pairs composed of AN women and white men were the least likely of any ethnic pair combinations to use condoms.11 In states with AI/AN populations over 20,000, gonnorhea and syphilis rates are twice as high as among other ethnic groups.7 Persons with STDs are more likely both to transmit HIV and become infected with HIV if exposed. A study of American Indian youth in over 200 reservation-based schools across the US showed that youth engaged in several risk behaviors: the use of alcohol, tobacco and other drugs, risky sexual behavior and suicidal behaviors. Drug use was most commonly associated with other risky behaviors.12

What are barriers to prevention?

HIV is often rendered invisible within AI/AN communities that are facing many other severe and more visible health and social problems such as alcoholism, diabetes and unemployment. As a result, there is often great denial about HIV as a problem in AI/AN communities. Like in many other tight-knit communities, confidentiality can be difficult to maintain in AI/AN communities, especially in rural areas. This can be a barrier to important prevention activities such as testing for HIV, discussing sexual practices with health care providers, obtaining drug treatment, or buying condoms in local stores. Prevention services for AI/AN MSM are severely underfunded, and those that exist may not reach MSM at risk. AI/AN MSM have a wide range of identities, from “gay” to “two-spirit” and may not access services addressed to urban gay men.13 AI/AN MSM may feel isolated and not seek out needed services because of stigma and denial about homosexuality in some AI/AN communities. The AI/AN population is highly diverse, with over 550 federally-recognized tribes. AI/AN consider themselves to belong to Indian nations that are sovereign, with complex relationships between tribal, state and federal governments. Many state and local governments erroneously assume that the IHS is solely responsible for the health- related needs of AI/AN. Less than 1% of IHS budget goes to urban populations, yet more than half of all AI/AN in the US live in urban areas. As a result, AI/AN tribes and organizations are often denied funding opportunities available to other citizens.

What’s being done?

To address the rising rates of STDs and HIV among adolescents in a rural Arizona Indian tribe, tribal health educators, school officials and public health officials collaborated to establish several programs including school health clinics, Native American HIV+ speakers, peer-produced educational dramas, community educational meetings and radio and newspaper ads. Cases of STDs and HIV peaked in 1990 and slowly declined over the next six years, for a 69% overall reduction in STDs.14 The Indigenous People’s Task Force (IPTF) in Minneapolis, MN, promotes health and education for Native persons. Their Ogitchidag Gikinooamaagad (warrior/teachers) peer education/theater program provides youth with a comprehensive HIV/AIDS prevention curriculum, theater instruction and traditional teachings. IPTF’s programs have been acknowledged by the US Surgeon General.15 The Indian Health Care Resource Center (IHCRC) of Tulsa, OK provides a biweekly social group for two-spirit Native American men to help build a sense of community, self-esteem and reduce risk behaviors. IHCRC also hosts a relationship skills-building workshop which focuses on helping the participants determine what they want out of relationships, managing triggers to risk behavior and increasing negotiating skills. Each year, IHCRC offers a 4-day retreat with social, cultural and educational activities including traditional meals, a Powwow and stomp dancing.16

What still needs to be done?

AI/AN communities, although diverse in many ways, share a sense of pride, self- determination, spirituality, and resiliency which have helped them fight HIV infection in their communities. These efforts need to be encouraged to ensure sustained HIV prevention. This can only occur with cooperation and collaboration between the many agencies who work with AI/AN, including tribal health care systems, federal, state and local health departments and non-profit agencies. For example, complex funding streams need to be simplified to allow AI/AN communities greater access to prevention resources. HIV/AIDS must be made visible in AI/AN communities to prevent the spread of HIV. Visibility can be increased by collecting reliable HIV/AIDS data, including AI/AN in the design and delivery of HIV prevention programs, addressing AI/AN stigma about homosexuality and drug use, and linking to STD, violence, unintended pregnancy, and alcohol and drug abuse prevention programs.


Says who?

1. National Institutes of Health. Women of color health data book: adolescents to seniors. 1999. NIH publication #99-4247.www4.od.nih.gov/orwh/WOCEnglish.pdf (accessed January 2002). 2. Vernon I. Killing Us Quietly: Native Americans and HIV/AIDS. University of Nebraska Press, 2001. 3. Centers for Disease Control and Prevention. U.S. HIV and AIDS cases reported through December 2001, Year-end edition. HIV/AIDS Surveillance Report. 2001;13 (2). (accessed April 2006). 4. Rowell RM, Bouey PD. Update on HIV/AIDS among American Indians and Alaska Natives. The IHS Primary Care Provider. 1997;22:49-53. (accessed April 2006). 5. Thoroughman DA, Frederickson D, Cameron HD, et al. Racial Misclassification of American Indians in Oklahoma state surveillance data for sexually transmitted diseases. American Journal of Epidemiology. 2002;155(12): 1137-41. 6. Smith AS, Ahmed B, Sink L. US Census Bureau. An Analysis of State and County Population Changes by Characteristics: 1990-1999. Working Paper Series No. 45. (accessed April 2006). 7. Centers for Disease Control and Prevention. HIV/AIDS among American Indians and Alaskan Natives – United States, 1981-1997. Morbidity and Mortality Weekly Report. 1998;47:154-160. (accessed April 2006). 8. Morrison-Beedy D, Carey MP, Lewis BP, et al. HIV risk behavior and psychological correlates among Native American women: an exploratory investigation. Journal of Women’s Health and Gender-Based Medicine. 2001:10;487-494. 9. Indian Health Service. Trends in Indian Health–1997. U.S. Department of Health and Human Services, Public Health Service, Indian Health Service, Office of Planning, Education, and Legislation, Division of Program Statistics. 1998. 10. Baldwin JA, Maxwell CJ, Fenaughty AM, et al. Alcohol as a risk factor for HIV transmission among American Indian and Alaska Native drug users. American Indian and Alaska Native Mental Health Research. 2000;9:1-16. 11. Fisher DG, Fenaughty AM, Paschane DM, et al. Alaska Native drug users and sexually transmitted disease: results of a five-year study. American Indian Alaska Native Mental Health Research. 2000;9:47-57. 12. Potthoff SJ, Bearinger LH, Skay CL, et al. Dimensions of risk behaviors among American Indian youth. Archives of Pediatric and Adolescent Medicine. 1998;152:157-163. 13. National Native American AIDS Prevention Center. HIV Prevention for gay/bisexual/two-spirit Native American men. 1996. https://www.nnaapc.net/ (accessed April 2006). 14. Yost D, Hamstra S, Roosevelt L. HIV/AIDS and STD prevention in a rural Arizona Indian tribe. Presented at the International Conference on AIDS, Geneva, Switzerland. 1998. Abst #43162. 15. Indigenous People’s Task Force, 1433 East Franklin Ave. Suite 18A, Minneapolis, MN 55404. Contact Sharon Day 612/870-1723.www.indigenouspeoplestf.org (accessed January 2002). 16. Indian Healthcare Resource Center of Tulsa, 550 South Peoria, Tulsa, OK 74120. https://www.ihcrc.org/ (accessed January 2002).


Prepared by Ron Rowell MPH*, Paul Bouey PhD MPH** *San Francisco Foundation, **Pangaea Global AIDS Foundation January 2002. Fact Sheet #43E Special thanks to the following reviewers of this Fact Sheet: Joan Benoit, Lucy Bradley-Springer, Yvonne Davis, Sharon Day, Thomas Lee Eades, Sheila Fitzgibbons, Diane Morrison-Beady, Billy Rogers, Chris Sandoval, Delight E. Satter, Irene Vernon, Diane Williams, Charlton Wilson.


Reproduction of this text is encouraged; however, copies may not be sold, and the Center for AIDS Prevention Studies at the University of California San Franciso should be cited as the source of this information. For additional copies of this and other HIV Prevention Fact Sheets, please call the National Prevention Information Network at 800/458-5231. Comments and questions about this Fact Sheet may be e-mailed to [email protected]. © January 2002, University of California

Resource

Afroamericano/as

¿Qué necesítan los afro-americanos en la prevención del VIH? (revisado 8/00)

¿corren el riesgo de contraer el VIH los afro-americanos?

Sí. Muchos Afro-Americanos corren alto riesgo de infectarse con VIH, no por razones étnicas o raciales, sino por los comportamientos de riesgo en los que pueden estar participando. Igual que ocurre en otros grupos raciales/étnicos, el riesgo de infección con VIH no solo depende de la identidad, sino del tipo de conductas riesgos que se estén llevando a cabo con una pareja VIH+, y si se tiene acceso a servicios médicos y prevención. La mayoría de los casos de SIDA en Afro-Americanos ocurre en personas de 25 a 44 años de edad y en hombres. A pesar de contar con el 13% de la población total estadounidense, los Afro-Americanos se ven desproprocionadamente afectados por el VIH ya que cuentan con el 37% de todos los casos de SIDA. En 1998, casi dos tercios (62%) de los casos de SIDA entre mujeres estuvo compuesto por Afro-Americanas. Al unísono, el 37% de todos los casos de SIDA en la categoría de Usuarios de Drogas Intravenosas (UDIs) pertenecia a Afro-Americanos. En 1998, los niños Afro-Americanos representaron el 62% de todos los casos de SIDA infantil.

¿cuáles afro-americanos están a riesgo?

Los Afro-Americanos, igual que otros grupos raciales o étnicos, representan una población diversa. Su diversidad se evidencia en el estado migratorio, religioso, nivel económico, posicióngeográfica y el idioma que hablan. Por ejemplo, los Afro-Americanos incluyendo a oficinistas y la clase trabajadora, Musulmanes y Cristianos. Pueden residir en el centro de la ciudad y en áreas rurales, pueden ser descendientes de esclavos o Caribeños recién emigrados. Los datos de vigilancia epidemiológica actuales, no registran la identidad social, cultural, económica, geográfica, política y religiosa que pudiera predecir con mayor exactitud el nivel de riesgo. Dentro de las comunidades Afro-Americanas, la transmisión del VIH se toma como un problema de los heterosexuales UDIs y de sus parejas sexuales. Sin embargo, la proporción acumulativa de casos de SIDA atribuida a la actividad homosexual/bisexual (38%) es mayor que la atribuida al uso de drogas inyectadas (35%). En general, los adolescentes Afro-Americanos registran tasas de seroprevalencia mucho mayores que las de los adolescentes Anglo-Sajones. Las jóvenes Afro-Americanas, especialmente las sexualmente activas y de los barrios pobres son las que tienen un mayor nivel de riesgo de infección con VIH. En un estudio a jóvenes desertores escolares de bajo nivel económico en los “Job Corps” (Cuerpos de Trabajo) se descubrió que las mujeres entre los 16 a 18 años de edad tenían tasas de infección 50% mayores a las de los varones Afro-Americanos.

¿cómo se exponen al riesgo?

El uso de drogas inyectadas ha sido el factor determinante de la infección con VIH entre los Afro-Americanos. Si bien es cierto que la mayoría de los UDIs en los EEUU son Blancos, las tasas de infección son mayores en UDIs Negros. El desempleo y la probreza son co-factores significativos que pueden estar contribuyendo al aumento en los índices de adicción y comporta-mientos de riesgo. En efecto, la epidemia del VIH y del uso de drogas en Afro-Americanos se concentra en un número reducido de barrios urbanos del centro de la ciudad, lo cual indica que la epidemia puede estar mas ligada a la geografía y a la pobreza que a la raza o etnia. Si bien las actitudes en la comunidad Afro-Americana cambian poco a poco, la homofobia y las actitudes negativas hacia el hombre homosexual continúan vigentes. Para los hombres jóvenes Afro-Americanos que tienen sexo con otros hombres, estas actitudes negativas pueden ocasionar una baja auto-estima, falta de conección comunitaria y malestares psicológicos, factores que a su vez contribuyen a las conductas de riesgo. Muchas mujeres Afro-Americanas, las adolescentes en especial, presentan alto riesgo de adquirir el VIH por la vía heterosexual. Las mujeres Afro-Americanas pueden no querer o no estar aptas para negociar el uso del condón puesto que pueden pensar que esto va a interferir con la intimidad física y emocional; puede implicar infifelidad propia o de su pareja o puede ocasionar abuso físico. Algunas mujeres pueden, además, estar en un estado de negación o hasta desconocer el riesgo que corren. Más de un tercio (35%) de los casos de SIDA en mujeres Afro-Americanas reportados en 1998 se clasificaron como “riesgo no reportado” o “no identificado”. Se creee que la mayoría de estas mujeres se infectan por medio del sexo heterosexual con UDIs y/o parejas “gay” o bisexuales.

¿cuáles son los obstáculos en la prevención?

Las comunidades de color de este país, incluyendo a la Afro-Americana, han experiementado persistentes desigualdades en beneficios sociales, cuidados médicos, educación y oportunidades de trabajo. Las disparidades económicas continúan deteriorando el estado de salud de los Afro-Americanos y de otras comunidaes de color en los EEUU. Dando como resultado altos índices de muerte y enfermedeades en la comunidad Afro-Americana. Adicionalmente, muchos Afro-Americanos mantienen una desconfianza hacia los programas gubernamentales y hacia las intituciones de salud. Algunos Afro-Americanos piensan que los efectos del SIDA en la comunidad forman parte de los esfuerzos deliberados y de omisión de responsablidad por parte del gobierno estadounidense. La eficacia de los programas de prevención de índole comunitaria deben tomar en cuenta estos factores. El problema del SIDA dentro de la comunidad Afro-Americana se entiende como un problema principalmente “gay”. Adicionalmente, la homofobia está presente en la familia, la iglesia y la comunidad Afro-Americanas tanto a nivel personal como institucional. Muchos homosexuales Afro-Americanos sexualmente activos pueden estar renuentes a responder ante la epidemia del SIDA por temor a ser alienados.

¿qué se está haciendo?

A los jóvenes Afro-Americanos de Filadelfia, PA, se les ofreció un programa de prevención que integraba intervenciones de abstinencia y de sexo seguro. Los participantes en las intervenciones de abstinencia reportaron menos relaciones sexuales 3 meses después, pero no a los 6 o 12 meses de seguimiento. De los jóvenes que reportaron previa experiencia sexual, los que recibieron la intervención de sexo seguro reportaron menos relaciones sexuales que los que recibieron la intervención de abstinencia a 3-, 6-, y 12-meses de seguimiento. Ambas alternativas, el sexo seguro y la abstinencia redujeron las conductas sexuales de riesgo a corto plazo, pero las intervenciones de sexo seguro pueden tener efectos más duraderos y pueden ser más eficaces para los jóvenes con previa experiencia sexual. Algunas comunidades que promulgan la fé están respondiendo al VIH de forma innovadora. En Tennessee, la Iglesia Interdenominacional inició un programa para atraer a UDIs de 4 barrios pobres predomantemente Afro-Americanos. El programa ofrece agujas esterilizadas, condones, manejo de casos y educación preventiva. Ellos están creando un programa modelo de reducción de riesgo con base en la iglesia para ser utilizado en otras comunidades de este tipo. “The Well,” un centro para mujeres Afro-Americanas al que se acude sin previo aviso, diseñado para esta comunidad, promueve la auto-eficacia y el bienestar en un proyecto de viviendas para personas de bajos ingresos en Los Angeles, CA. Este centro ofrece servicios de apoyo por parte de personas que reciben los servicios en “círculos de hermanas”, clases de ejercicio, educación sobre salud comunitaria, una sala/biblioteca, una oficina de enfermería y mantiene asociaciones con otras organizaciones comunitarias de salud. “The Well” mezcla la educación sobre VIH/ETS con la educación general que trata todos los aspectos de la vida de estas mujeres.

¿qué es necesario hacer?

Los científicos y proveedores de servicio necesitan conocer más a fondo cual es el papel de la cultura y los factores socio-económicos en la transmisión del VIH asi como la desigualdad racial en salud pública. Adicionalmente, las autoridades de salud pública deben considerar un cambio al sistema de vigilancia epidemiológica para que incluya otros tipos de información demográfica tales como los factores culturales, sociales y económicos. Estos esfuerzos necesitan tener una influencia en el diseño de los mensajes de prevención del VIH, servicios y programas. En la segunda década de la epidemia del SIDA, falta por tomar en cuenta la homofobia y la negación de la problemática del SIDA. Las instituciones de salud pública deben buscar formas de establecer asociaciones con las comunidades Afro-Americanas que promulgan la fé e incorporar la compasión a la enseñanza espiritual que logre despertar la respuesta de la comunidad. La prevención del VIH para los Afro-Americanos debe llevarse a cabo a nivel de comunidad. Los programas complejos deben establecer nexos con otros servicios de salud tales como los programas de abuso de sustancias ilícitas, servicios de planificación familiar y clínicas de ETS.


¿quién lo dice?

1. Centers for Disease Control and Prevention. HIV/AIDS Sur-veillance Report . 1998;10:1-43. 2. National Commission on AIDS. The challenge of HIV/AIDS in communities of color. 1994. 3. Moss N, Krieger N. Measuring social inequalities in health: report on the conference of the National Institutes of Health . Public Health Reports. 1995;110:302-305. 4. Valleroy LA, MacKellar DA, Karon JM, et al. HIV infection in disadvantaged out-of-school youth: prevalence for US Job Corps entrants, 1990 through 1996 . Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes and Human Retrovirology. 1998;19:67-73. 5. Substance Abuse and Mental Health Services Administration . Preliminary results from the 1997 national household survey on drug abuse . US Department of Health and Human Service: Rockville, MD; 1999. 6. Fullilove, RE, Fullilove MT. HIV prevention and intervention in the African American community: a public health perspective. In: AIDS Knowledge Base. PT Cohen, ed. Lippincott, Williams & Wilkins. 1999. 7. Stokes JP, Peterson JL. Homophobia, self-esteem, and risk for HIV among African American men who have sex with men . AIDS Education and Prevention. 1998;10: 278-292. 8. Wingood GM, DiClemente RJ. Pattern influences and gender-related factors associated with noncondom use among young adult African American women . American Journal of Community Psychology. 1998;26:29-52. 9. Wingood GM, DiClemente RJ. The effects of having a physically abusive partner on the condom use and sexual negotiation practices of young adult African-American women . American Journal of Public Health. 1997;87:1016-1018. 10. Dalton HL. AIDS in blackface . Daedalus. 1989:118:205-227. 11. Thomas SB, Quinn SC. The Tuskegee Syphilis Study, 1932 to 1972: implications for HIV education and AIDS risk education programs in the black community . American Journal of Public Health. 1991;81: 1498-1506. 12. Peterson JL. AIDS-related risks and same-sex behaviors among African American men. In AIDS, Identity and Community. Herek GM, Greene B, eds. Sage Publications: Thousand Oaks, CA; 1995:85-104. 13. Jemmott JB III, Jemmott LS, Fong GT. Abstinence and safer sex HIV risk-reduction interventions for African American adolescents: a randomized controlled trial . Journal of the American Medical Association. 1998;279:1529-1536. 14. Sander E. Church based harm reduction programs. Presented at the 12th World AIDS Conference, June 1998,Geneva, Switzerland. Abst. #33380. 15. Elliott Brown KA, Jemmott FE, Mitchell HJ, et al. The Well: a neighborhood-based health promotion model for black women . Health and Social Work. 1998;23:146-152.


PREPARADO POR JOHN PETERSON PHD*, GINA WINGWOOD SCD, MPH**, RALPH DICLEMENTE PHD**, KATHLEEN QUIRK MA***; TRADUCIDO POR ROMY BENARD RODRÍGUEZ*** *DEPARTMENT OF PSYCHOLOGY, GEORGIA STATE UNIVERSITY, ** ROLLINS SCHOOL OF PUBLIC HEALTH, EMORY UNIVERSITY, ***CAPS Agosto 2000. Hoja Informativa 15SR.

Resource

Adapting programs

Can HIV Prevention Programs Be Adapted?

Why adapt?

We know that many HIV prevention interventions have made a difference, and that prevention efforts have helped to lower rates of HIV infection in many different populations.1 But as the HIV epidemic changes, so too do the number and groups of people at risk for HIV. Adapting interventions allows us to use principles we know are effective to address the needs of those newly at risk, who may not have been studied yet. Developing new interventions is expensive and time consuming, and it makes good sense to adapt programs that have been demonstrated to be effective.2 Using existing tools and theories of successful programs can save time and money. In an age when money for prevention is limited, adapting interventions can be cost-effective.

Aren’t all populations different?

Yes and no. While each community or population is unique, there are many similarities between populations and their social, political and emotional environments. While injecting drug users in Chicago, IL may have very different needs than young gay men in Eugene, OR, both may benefit from similar aspects of programs. For example, using peer educators to help spread the message and change community norms can be effective for both groups.3,4 HIV prevention is more than simply teaching safer sex and safe drug use nuts and bolts. Prevention programs need to take into account the life context in which a person applies safer sex, and the relationship to the HIV epidemic of the person. Prevention programs need to be tailored to these different situations, not reinvented entirely.

What helps with adaptation?

Program planners can choose from a variety of elements of prevention programs that can address their own local population, setting or intervention needs. Staff training and technical assistance to understand and effectively implement programs is key for successful adaptation. Understanding the community is integral to adapting programs.5 Service organizations often know their populations best, whether through outreach or needs assessment. Before adapting an intervention, it is essential to understand the characteristics of the original program and its audience, and how they are different or similar to the new environment. Theory gives a background for behavior change, and may also be useful in assessing whether an intervention is appropriate for a different target group. For example, the Social Cognitive theory of behavior calls for learning through interactions with other people and using physical and social environments to produce change.6 Role playing, community building, interactive videos and job training can all be components of a program using this theory. Peer education has been an important element of prevention programs and serves as a powerful motivator especially for disenfranchised people. Such programs recruit peer educators who are at high risk, and teach them how to educate and help save the lives of their friends and colleagues.7 This recognizes that people in their own communities have tremendous power of persuasion and can be effective agents of change. Another successful prevention element involves addressing notions of family, community and ethnic pride.8 For example, offering parenting and communicating classes often attracts more participation from parents than offering classes specifically about HIV. Appealing to protecting and supporting the community or family-children, spouses, relatives-can be more encouraging than simply protecting oneself.

What are some examples?

The STOP AIDS project in San Francisco, CA, has served as a model for HIV prevention across the country.9 The model, based on community mobilization and outreach and small group meetings, has been adapted and used for gay men across the country.9 The STOP AIDS model has been used in Los Angeles, CA, West Palm Beach, FL, Phoenix, AZ and Chicago, IL, among other cities. In San Francisco, clients have been recruited on the streets and at bars, while in Chicago, the program has gone into schools. They have found that HIV prevention programs work better when high levels of local commitment are established in a city. Healthy Oakland Teens (HOT), a peer-based sex education program at a junior high school in Oakland, CA, trained ninth graders to lead classes on sexuality and HIV/AIDS to seventh graders. After one year, students in the program were less likely to initiate activities such as deep kissing, genital touching, and sexual intercourse.10 HOT was then adapted to address Balinese youth who were perceived at risk for HIV due to increasing HIV seroprevalence and an extensive tourist and sex industry in Bali. In Bali, researchers found that among members of traditional Balinese youth groups, only 14% of those who were sexually active had used condoms. Although most still lived at home, only 33% reported feeling comfortable discussing sexuality with their parents, while 75% felt comfortable discussing it with their peers. The HOT model of peer education was therefore seen to be appropriate, and the setting was changed from public schools to traditional Balinese youth groups which reach all Balinese youth regardless of socioeconomic status or educational level.11 One successful prevention program for gay men in small cities recruited popular opinion leaders from bars, and trained them to deliver and model prevention messages to their peers.12 This program was then adapted to address minority women in inner city housing developments. However, the program didn’t work there. The reason? Women didn’t know their neighbors, and because of high crime rates in the housing developments, were reluctant to open their doors to someone they didn’t know. This program was then reworked, starting by helping women in the housing developments establish a sense of community through potluck dinners and music festivals. As a result, not only did the women increase condom use and communication, but the community began to tackle other issues besides HIV such as drugs and violence in the housing development.13

What needs to be done?

Service organizations need to commit time and resources to training staff in effective use of prevention programs, including using theory, conducting needs assessments and reaching out to researchers and other organizations to find out what interventions have been shown to be effective. Community planning groups (CPGs) need to facilitate better communication and stable relationships between researchers, community based organizations and Health Departments. CPG Program Coordinators can help link CPGs with local researchers to help community-based prevention planners determine the best adaptations to make. Researchers need to move from small scale efficacy studies to wide scale field trials. Many interventions are effective in what can be a very controlled research environment (clients often receive payment, staff is well paid and often have advanced degrees). These interventions then need to be tested in the “real world” to see how they may need to be adapted or modified to ensure effectiveness under different conditions and with different populations. Funders need to commit funds to adaptation and pilot testing new programs at the community level. A comprehensive HIV prevention strategy uses many elements to protect as many people at risk for HIV as possible. Adapting existing interventions can be a money-saving and effective prevention strategy.


Says who?

  1. Office of Technology Assessment. The Effectiveness of AIDS Prevention Efforts. 1995.
  2. Holtgrave DR, Qualls NL, Curran JW, et al. An overview of the effectiveness and efficiency of HIV prevention programs . Public Health Reports. 1995;110:134-146.
  3. Weibel W, Jimenez A, Johnson W, et al. Positive effect on HIV seroconversion of street outreach intervention with IDUs in Chicago. Presented at the 9th International Conference on AIDS. Berlin, Germany, 1993. Abstract WSC152.
  4. Hays RB, Rebchook, GM, Kegeles SM. The Mpowerment project: a community-level HIV prevention intervention for young gay and bisexual men . American Journal of Public Health. 1996;86:1-8.
    • Contact: Susan Kegeles 415/597-9159.
  5. Herek GM, Greene B, eds. AIDS, identity, and community : the HIV epidemic and lesbians and gay men . Thousand Oaks, CA: Sage Publications; 1995.
  6. Bandura A. Social cognitive theory and exercise of control over HIV infection. In DiClemente RJ, ed. Preventing AIDS: Theories and Methods of Behavioral interventions . New York, NY: Plenum Press; 1994.
  7. Grinstead OA, Zack B, Faigeles B. Effectiveness of peer HIV education for prisoners. Presented at the Biopsychosocial Conference on AIDS; Brighton, England. 1994.
    • Contact: Barry Zack, Marin AIDS Project 415/457-2487.
  8. Díaz RM. HIV risk in Latino gay/bisexual men: a review of behavioral research. Report prepared for the National Latino/a Lesbian and Gay Organization. 1995.
    • Contact: Jose Ramón Fernández-Peña, Mission Neighborhood Health Center, 415/552-1013 X386.
  9. Wohlfeiler D. Community Organizing and Community Building Among Gay and Bisexual Men. In Minkler M, ed. Community Organizing and Community Building for Health . Rutgers University Press. (in press).
    • Contact: Dan Wohlfeiler 415/575-1545.
  10. Ekstrand ML, Siegel D, Nido V, et al. Peer-led AIDS prevention delays initiation of sexual behaviors among US junior high school students. Presented at 11th International Conference on AIDS, Vancouver, BC. 1996.
    • Contact: Maria Ekstrand 415/597-9160.
  11. Merati T, Wardhana M, Ekstrand M, et al. HIV risk taking among youth participating in peer-led AIDS education programs in traditional Balinese youth groups. Presented at the 11th International Conference on AIDS; Vancouver BC. 1996. Th.C.4411.
  12. Kelly JA, St. Lawrence JS, Stevenson LY, et al. Community AIDS/HIV risk reduction: the effects of endorsements by popular people in three cities . American Journal of Public Health. 1992;82.1483-1489.
    • Contact: Jeff Kelly 414/287-4680.
  13. Sikkema KJ, Kelly J, Heckman T, et al. Effects of community-level behavior change intervention for women in low-income housing developments. Presented at the 11th International Conference on AIDS; Vancouver BC. 1996. Tu.C.453.
Contact: Kathy Sikkema 414/287-6100.

Prepared by Pamela DeCarlo and Jeff Kelly


Reproduction of this text is encouraged; however, copies may not be sold, and the Center for AIDS Prevention Studies at the University of California San Franciso should be cited as the source of this information. For additional copies of this and other HIV Prevention Fact Sheets, please call the National AIDS Clearinghouse at 800/458-5231. Comments and questions about this Fact Sheet may be e-mailed to [email protected]. ©1996, University of California

Resource

Establecimientos de salud

¿Cómo puede integrarse la prevención del VIH en los establecimientos de atención de salud?

¿Por qué es importante la prevención de la infección por el VIH en los establecimientos de atención de salud?

La prevención de la infección por el VIH es una parte importante de la atención de la salud de todas las personas. Reviste particular importancia para las personas expuestas al riesgo de infección, así como para las ya infectadas, que pueden evitar la transmisión del virus a otras y mantenerse sanas. Se pueden utilizar muchas estrategias en los establecimientos de atención de salud para optimizar la prevención del VIH, incluso la evaluación del riesgo de contraerla; la mejora del acceso a las pruebas de detección del virus; la prestación de servicios de asistencia a los pacientes infectados por el VIH  para revelar su estado serológico a sus parejas; el examen y el tratamiento de los pacientes con problemas de alcoholismo, uso de drogas e infecciones de transmisión sexual (ITS); y la provisión del mejor cuidado posible a las personas infectadas por el VIH, incluyendo acceso al tratamiento antirretroviral (ART) y consejería sobre la observancia del mismo.

¿Tienen los establecimientos algún papel en la detección de nuevas infecciones?

Los establecimientos de salud son sitios importantes para proporcionar acceso a mensajes sobre el examen de detección del VIH y la prevención del mismo, detectar nuevas infecciones y vincular a las personas infectadas con atención médica. En 2006, los CDC emitieron directrices para los proveedores de atención primaria de salud en las que recomendaron el acceso ampliado a las pruebas del VIH para todos los pacientes de 13 a 64 años de edad.1 La provisión de servicios de pruebas VIH como parte ordinaria de la atención ha sido más productiva en las salas de urgencias y en las salas de trabajo de parto y de parto, 2,3 aunque los centros de salud comunitarios también han proporcionado nuevo y amplio acceso.4 Los programas de pruebas del VIH también han demostrado ser eficaces para ayudar a las mujeres embarazadas a no transmitir el VIH a sus bebés.3 Una estrategia clave para ampliar las pruebas del VIH es una tecnología basada en el uso de pruebas rápidas.5 Estas últimas permiten que los proveedores que las realizan entreguen los resultados en menos de una hora, aunque se necesita una prueba para confirmar un resultado positivo. Estas pruebas rápidas permiten que se puede planear atención de seguimiento apropiada antes de que el paciente salga del establecimiento de atención de salud. Particularmente cuando primero se introduce la prueba del VIH, los proveedores en los establecimientos de salud necesitan aprender a integrar dichas pruebas a la atención regular, y remitir a los pacientes a servicios de apoyo complementarios, en caso de que sea necesario. Los proveedores también deben recibir capacitación sobre la forma de documentar los resultados de la prueba para asegurarse de que éstos se compartan con otros proveedores y para mantener la confidencialidad de la información de los clientes. Los proveedores deben velar por que las personas infectadas por el VIH reciban la atención y el apoyo que necesitan. La vinculación a la atención es una parte importante, con frecuencia ignorada, de la integración de las pruebas del VIH al sistema de atención de salud. Las personas que apenas acaban de enterarse de que están infectadas a menudo necesitan mucho apoyo y ayuda para encontrar un proveedor del VIH, así como también hacer una cita y cumplirla. Los modelos de tratamiento intensivo de casos son prometedores para mejorar los vínculos de los pacientes recién diagnosticados con la atención médica.6

¿Qué otras estrategias de prevención surten efecto?

Evaluación del riesgo. La evaluación de comportamientos de riesgo de contraer el VIH debe ser una parte normal del registro de nuevos pacientes, independientemente de su estado serológico con respecto a ese virus. No todos los pacientes necesitan educación detallada en materia  de prevención del VIH. Sin embargo, los proveedores deben preguntarles a todos los pacientes sobre su comportamiento sexual, uso de preservativos, número de parejas sexuales y uso de alcohol y drogas ilícitas para evaluar el riesgo que tiene un paciente de contraer o transmitir el VIH. Estas preguntas rápidas pueden llevar a discusiones más prolongadas y a consejería sobre relaciones sexuales o prácticas de uso de alcohol y de drogas que sean más seguras.7 Tratamiento por uso de sustancias. La ayuda prestada a los pacientes para entrar a un programa de tratamiento del alcoholismo o de uso de drogas puede ser un instrumento eficaz de prevención del VIH 8 y puede ayudar a las personas a mantenerse saludables. Los proveedores pueden tener un profundo efecto en la vida de los pacientes al demostrar interés en los que usan drogas y alentar a los pacientes que estén dispuestos a entrar a un programa de tratamiento de alcohol o de drogas. Considerando que una recaída o relapso es común al tratar las adicciones, los proveedores de salud deben usar un enfoque no prejuicioso en el que no se critique a los pacientes. Realización de pruebas de detección y tratamiento de ITS. Los proveedores deben alentar a las personas a realizarse pruebas de detección de ITS. También deben impartir educación sobre esas infecciones, recalcar el vínculo entre estas últimas y el VIH e instar a que las parejas a también se hagan un examen de detección.9

¿Cómo funciona la prevención con personas seropositivas en los establecimientos de salud?

Orientación en materia de prevención. Se ha demostrado que una breve sesión de orientación o consejería sobre prevención en cada consulta en los establecimientos de salud reduce la probabilidad de que las personas infectadas por el VIH transmitan ese virus a otras, particularmente si las intervenciones se adaptan a las subpoblaciones de pacientes infectados por el VIH.10 Entre los mensajes importantes cabe citar los siguientes: ayudar a las personas a entender los riesgos relativos de sus actos y la eficacia de diferentes estrategias de prevención, como el uso de preservativos; revelar su estado de VIH a las parejas sexuales y las personas con las que usan drogas; y entender su responsabilidad con respecto a la prevención. Es  importante la capacitación formal de los proveedores para facilitar la aplicación de estos enfoques.11,12 Supresión del virus. Un componente singular del papel que desempeñan los establecimientos en la prevención del VIH consiste en ayudar a las personas infectadas a encontrar y observar un régimen ARV eficaz para mantener baja la carga viral. Algunas investigaciones han demostrado que el mantenimiento de la carga viral por debajo del umbral detectable a través de análisis de laboratorio puede ayudar a prevenir hasta un 60% de nuevos casos de ITS.13

¿Cómo se puede ampliar la capacidad de pre-vención del VIH en los establecimientos de salud?

Evaluación de riesgos. Es de suma importancia saber evaluar el riesgo de los pacientes para cualquier clase de actividad de prevención del VIH. Es de importancia crítica tener instrumentos de evaluación del riesgo y enseñar a los proveedores a utilizarlos. Protocolos por escrito. Es importante asegurarse de establecer los procedimientos necesarios para orientar las actividades de realización de exámenes de detección en los establecimientos de salud.14 Reviste importancia crítica tener un plan de prevención adaptado al tamaño del centro médico, el modelo de prestación de servicios, los tipos de proveedores y la población de pacientes. Liderazgo. En los programas realizados con éxito en los centros médicos a menudo se han identificado líderes dentro del personal que cumplen la función de consejeros o de líderes de equipo para realizar una prevención positiva.15 Capacitación. La capacitación es el elemento fundamental de todos estos componentes de importancia. Puede facilitar la aceptación y compromiso de los proveedores de salud en los centros médicos y tener en cuenta o considerar las actitudes y creencias de los proveedores con respecto a la reducción del riesgo y la consejería.16 La capacitación debe esbozar las responsabilidades del personal y preveer los cambios en el flujo de actividades de los centros médicos.17

¿Cuáles son los modelos eficaces para ser empleados en los establecimientos de salud?

Positive STEPs 16 es una intervención de capacitación para ayudar a los proveedores de atención del VIH a impartir consejería de prevención a sus pacientes. El modelo fue eficaz para mejorar las actitudes, el grado de comodidad y la auto eficacia de los proveedores, así como la frecuencia con que se ofrece orientación con fines de prevención. Partnership for Health 17 es una intervención conductual eficaz de los CDC (EBI) para los proveedores en los centros médicos de atención del VIH. Se adiestra a los proveedores de atención médica para ofrecer una consejería breve sobre la reducción del riesgo a sus pacientes. Se capacita a todo el personal de los centros médicos para incorporar mensajes de prevención en dichos centros, y la consejería  se complementa con información escrita para todos los pacientes. Fue eficaz para reducir las relaciones sexuales sin protección en un 38% en los pacientes que tenían dos o más parejas. Positive Choice 18 es un sistema interactivo de un médico en video. Com parte de este modelo, los pacientes de  los centros médicos de atención del VIH completaron una detallada evaluación electrónica de su riesgo y recibieron orientación individualizada sobre la reducción del riesgo a través de un médico en video que miraban en un laptop, y una hoja de trabajo impresa y de naturaleza didáctica. Los proveedores recibieron una hoja impresa con los riesgos reportados por los pacientes para su discusión durante la visita. Consejería ofrecida por los proveedores.10,17  En un extenso proyecto federal de demostración, los breves mensajes de consejería dados por los proveedores de salud en los centros médicos fueron muy eficaces para reducir el riesgo para los pacientes con VIH, aunque también hubo beneficios en los programas realizados por especialistas en prevención y por pares infectados por el VIH.

¿Qué se necesita hacer?

Los proveedores necesitan capacitación más amplia y repetida sobre la forma de integrar la prevención del VIH a la atención que prestan. Todavía hay importantes percepciones erróneas entre los proveedores sobre quién debe realizarse la prueba del VIH y cuándo se debe poner en práctica la prueba rápida. Las actitudes, las creencias y la propia eficacia de los proveedores pueden determinar si abordan o no la prevención por medio de pruebas del VIH o de provisión de orientación sobre reducción del riesgo. Algunos métodos que mejoran el registro de la prevención del VIH por los proveedores exigen atención y más investigación. Los dirigentes de los establecimientos de salud pueden introducir protocolos por escrito para orientar las prácticas de prevención del VIH, incluso las pruebas de detección en sus centros médicos. El establecimiento de protocolos, la documentación y las prácticas de garantía de la calidad pueden mejorar las prácticas de prueba y prevención en toda clase de establecimientos de salud.


¿Quién lo dice?

1. Branson BM, Handsfield HH, Lampe MA, et al. Revised recommendations for HIV testing of adults, adolescents, and pregnant women in health-care settings. Morbidity and Mortality Weekly Report. 2006;55:1-17. 2. Haukoos JS, Hopkins E, Byyny RL, et al. Patient acceptance of rapid HIV testing practices in an urban emergency department: assessment of the 2006 CDC recommendations for HIV screening in health care settings. Annals of Emergency Medicine. 2008;51:303-309. 3. Tepper NK, Farr SL, Danner SP, et al. Rapid human immunodeficiency virus testing in obstetric outpatient settings: the MIRIAD study.American Journal of Obstetrics and Gynecology. 2009;201:31-36. 4. Myers JJ, Modica C, Bernstein C, Kang M, McNamara K. Routine rapid HIV screening in six Community Health Centers serving populations at risk. Journal of General Internal Medicine. 2009;24:1269–1274. 5. Branson BM. State of the art for diagnosis of HIV infection. Clinical Infectious Diseases. 2007;15:S221-225. 6. Christopoulos K, Koester K, Weiser S, et al. A comparative evaluation of the development and implementation of three emergency department HIV testing programs (forthcoming) 7. Schechtel J, Coates T, Mayer K, et al. HIV risk assessment: physician and patient communication. Journal of General Internal Med. 1997;12:722-723. 8. Bruce RD. Methadone as HIV prevention: High volume methadone sites to decrease HIV incidence rates in resource limited settings. International Journal of Drug Policy. 2010;21:122-124. 9. McClelland RS, Baeten JM. Reducing HIV-1 transmission through prevention strategies targeting HIV-1-seropositive individuals. Journal of Antimicrobial Chemotherapy. 2006;57:163-166. 10. Myers JJ, Shade S, Dawson Rose C, et al. Interventions delivered in clinical settings are effective in reducing risk of HIV transmission among people living with HIV. AIDS and Behavior. 2010;14:483-492. 11. Gilliam PP, Straub DM. Prevention with positives: A review of published research, 1998-2008. Journal of the Association of Nurses in AIDS Care. 2009;20:92-109. 12. Harder & Co. Community Research. Prevention with positives: Best practices Guide. Prevention with Positives Workgroup. 2009. 13. Porco TC, Martin JN, Page-Shafer KA, et al. Decline in HIV infectivity following the introduction of highly active antiretroviral therapy. AIDS. 2004;18:81-88. 14. Myers JJ, Steward, WT, Koester KA, et al. Written procedures enhance delivery of HIV “prevention with positives” counseling in primary health care settings. Journal of AIDS. 2004;37:S95-S100. 15. Koester KA, Maiorana A, Vernon K, et al. Implementation of HIV prevention interventions with people living with HIV/AIDS in clinical settings: Challenges and lessons learned. AIDS and Behavior. 2007;1:S17-S29. 16. Thrun M, Cook PF, Bradley-Springer LA, et al. Improved prevention counseling by HIV care providers in a multisite, clinic-based intervention: Positive STEPs. AIDS Education and Prevention. 2009;21:55-66. 17. Richardson J, Milam J, McCutchan A, et al. Effect of brief safer-sex counseling by medical providers to HIV-1 seropositive patients: A multi-clinic assessment. AIDS. 2004;18:1179-1186. 18. Gilbert P, Ciccarone D, Gansky SA, et al. Interactive “Video Doctor” counseling reduces drug and sexual risk behaviors among HIV+ patients in diverse outpatient settings. PLoS One. 2008;3.


Una publicación del Centro de Estudios para la Prevención del SIDA (CAPS) y el Instituto de Investigaciones sobre SIDA (ARI), Universidad de California en San Francisco (UCSF). Se autoriza la reproducción (citando a UCSF) más no la venta de copias este documento. También disponibles en inglés - https://prevention.ucsf.edu/resources/factsheets-english-and-spanish. Para recibir las Hojas de Datos por correo electrónico escriba a [email protected] con el mensaje “subscribe CAPSFS nombre apellido” ©UCSF 2010