Library

Resource

Risk Behavior and Health Care for HIV+ Injection Drug Users (SUDIS Study)

These instruments were used with the SUDIS Study and cover medication use and adherence, health care utilization, disclosure, alcohol and drug use, sexual behavior, partner relationships, social support, and more. Instruments:

Scoring: Included in instruments. Reliability and/or validity: Knight KR, Purcell D, Dawson-Rose C, Halkitis PN, Gómez CA, Seropositive Urban Injectors Study Team. Sexual risk taking among HIV-positive injection drug users: contexts, characteristics, and implications for prevention. AIDS Educ Prev. 2005 Feb;17(1 Suppl A):76–88.

Resource

Drogas de club o discoteca

¿Cuál es el impacto de las drogas de club en la prevención del VIH?

¿cuáles son éstas drogas?

Entre las llamadas drogas de club o fiesta se incluyen la MDMA (éxtasis), la metanfetamina (cristal, speed), el GHB (X líquido o ácido gammahidroxibutirato), la ketamina (K especial), y a veces también los nitratos de amilo (poppers) y la Viagra1. Con frecuencia estas drogas se consumen (aunque no exclusivamente) en clubes nocturnos/discotecas, en las fiestas rave y en las de circuito. Los raves son fiestas grandes con música house o tecno acompañada de efectos visuales; la mayoría de los asistentes son jóvenes. Las fiestas de circuito son una serie de fiestas grandes que duran varios días y noches y se organizan anualmente en diferentes ciudades2. Sus asistentes son predominantemente hombres gay blancos de la clase media, tanto jóvenes como mayores. Entre los efectos físicos y psicológicos de las drogas de club se encuentran: estado de ánimo elevado; mayor empatía, alteración en las percepciones visuales, sensuales y emocionales; agudeza mental; disminución del apetito; relajamiento; mayor energía física y autoestima elevada. Muchas personas consumen drogas recreativamente con pocas o ninguna consecuencia inmediata. El mal uso de las drogas de club puede producir toxicidad (por las drogas mismas o por sus interacciones con otras drogas o fármacos), problemas legales y a veces problemas de adicción. Muchas personas que usan una o más de estas drogas en las relaciones sexuales mencionan haber participado en conductas que aumentan considerablemente su riesgo de VIH. Las drogas de club plantean otros riesgos para la salud, pero aquí sólo comentaremos sus posibles efectos sobre las prácticas que facilitan el contagio del VIH.

¿quiénes las usan?

Gran parte de las investigaciones sobre las drogas de club se ha realizado entre hombres homosexuales, principalmente por la alta prevalencia del VIH y riesgo de infección que existen en esta población. El consumo de drogas de club varía según la población y el área geográfica3. Un estudio de fiestas rave en Chicago encontró que el 48.9% de los asistentes había consumido alguna droga de club, el 29.8% LSD, el 27.7% éxtasis y el 8.5% metanfetamina. Ellos consumieron drogas de club junto con otras drogas tales como marihuana (el 87%), alcohol (el 65.2%) y cocaína/crack (el 26.1%).4 Una encuesta de hombres homosexuales que asistían a fiestas de circuito en San Francisco demostró que el 80% consumió éxtasis, el 66% ketamina, el 43% metanfetaminas, el 29% GHB, el 14% Viagra y el 12% poppers. La mitad (el 53%) consumió cuatro drogas o más.5

¿cuál es el riesgo?

Estas drogas tienen muchas consecuencias físicas y psicológicas que aumentan el riesgo de contraer el VIH: pueden disminuir las inhibiciones, afectar el juicio, incrementar la resistencia sexual y promover conductas riesgosas durante el sexo. El consumo de drogas inyectables también puede aumentar el riesgo de VIH si los equipos de inyección se comparten. El riesgo de VIH ocurre principalmente cuando el consumo de drogas coincide con el contacto sexual. Por ejemplo, la metanfetamina (speed) se usa a menudo para iniciar, intensificar y prolongar los encuentros sexuales, de modo que es posible tener relaciones sexuales con varias parejas. Las drogas inhaladas poppers se usan para relajar el esfínter anal durante el sexo anal receptivo. Por ser deshidratante, la metanfetamina también puede promover desgarros en los tejidos del ano, vagina o boca, aumentando así el riesgo de contraer el VIH/ITS.6,7 En un estudio, consumidores heterosexuales VIH- reportaron un promedio de 9.4 parejas sexuales durante dos meses. El promedio de actos sexuales desprotegidos durante este lapso era de 21.5 para el sexo vaginal, de 6.3 para el sexo anal y de 41.7 para el sexo oral. El 86% de los participantes mencionaron haber tenido sexo maratónico mientras estaban bajo los efectos de la metanfetamina. El 37% dijo que se había inyectado la droga; casi la mitad compartió jeringas o las pidió prestadas.7 El sexo desprotegido con una pareja sexual cuya condición de VIH se desconoce es una actividad de alto riesgo. Una encuesta de hombres homosexuales encontró que el 21% de los hombres VIH+ y el 9% de los VIH- reportaron sexo anal desprotegido en la fiesta de circuito más reciente sin conocer la condición de VIH de su pareja.5 Un estudio de hombres homosexuales en fiestas rave en la Ciudad de Nueva York reveló que el 34% consumía éxtasis por lo menos una vez al mes. Los consumidores de éxtasis mencionaron más incidentes de sexo anal desprotegido que los consumidores de otras drogas y de alcohol.8

¿por qué se consumen?

Para muchas personas, tanto homosexuales como heterosexuales, el consumo de drogas y el sexo son una parte integral y un atractivo principal de las fiestas rave y de circuito. Estas actividades sociales son importantes para algunos grupos de jóvenes y hombres homosexuales, quienes pueden sentirse presionados por sus compañeros a consumir drogas y a tener sexo en este ambiente. Las fiestas rave y de circuito en sí tal vez no producen el consumo de drogas, pero pueden atraer a personas más propensas a consumirlas.9 Las drogas de club se consumen por varias razones: para divertirse, bailar, disminuir las inhibiciones, escaparse de los problemas y combatir la depresión o la ansiedad, entre otras. Algunos factores que pueden llevar al consumo de drogas son la depresión, el consumo de drogas de los padres y el abuso sexual infantil.10

¿qué se está haciendo al respecto?

Un programa de tratamiento de drogas para consumidores gay de metanfetamina en Los Ángeles, CA, buscó reducir el consumo de drogas y las prácticas sexuales arriesgadas relacionadas con el VIH. Ofreció terapia conductual cognitiva (una sesión grupal de 90 minutos tres veces por semana), ayuda para el manejo de contingencias (intervención conductual que ofrece bonos cuyo valor incrementa al abstenerse de las drogas) y terapia conductual cognitiva diseñada especialmente para la cultura gay. Todos los hombres redujeron su consumo de drogas, y quienes participaron en el manejo de contingencias mantuvieron la reducción por más tiempo. La mayor reducción de prácticas sexuales riesgosas ocurrió entre los participantes de la terapia dirigida a la cultura gay.11 “DanceSafe” capacita a voluntarios que sirven como promotores de salud y de prevención del consumo de drogas en las fiestas rave y clubes nocturnos en todo EE.UU. y Canadá. Estos programas emplean un método de reducción de daños y dirigen sus servicios principalmente a consumidores recreacionales de drogas que no son adictos. DanceSafe ofrece información sobre las drogas, el sexo protegido y cómo mantenerse sano; en algunos clubes y fiestas ofrecen examinar las pastillas para comprobar que no contengan sustitutos peligrosos.12 Por medio de reuniones regulares, los programas de 12 pasos como “Crystal Meth Anonymous,” “Narcotics Anonymous” y “Alcoholics Anonymous” promueven la abstención entre personas con problemas causados por el consumo de alcohol, metanfetamina y otras drogas.13 El proyecto “PROTECT” del South Florida Regional Prevention Center pretende reducir el consumo de drogas de club entre homosexuales jóvenes. PROTECT capacita a policías, maestros y otros actores comunitarios sobre las drogas de club, particularmente el éxtasis. Su sitio web incluye una sala de conversación monitoreada por consejeros jóvenes.14 “Stepping Stone,” en San Diego, CA, es un programa residencial de tratamiento de drogas para homosexuales y lesbianas; la mayoría son policonsumidores (que combinan drogas) con algún trastorno psiquiátrico. Las conductas sexuales y las necesidades de salud mental se abordan en el contexto del tratamiento para dejar las drogas. Stepping Stone auspicia una campaña de mercadotecnia social sobre la reducción de daños para concientizar al público sobre los peligros de las drogas de club y el alcohol.15

¿qué queda hacer?

Varias organizaciones están respondiendo a los efectos perjudiciales de las drogas de club en fiestas en EE.UU. Se necesita más sensibilización sobre la toxicidad de estas drogas, el policonsumo y la relación entre el consumo de drogas y la falta de protección en el sexo. En estas fiestas también se deben ofrecer recomendaciones a servicios de salud mental. La comunidad homosexual necesita responder a las presiones reales que existen en algunos subgrupos sobre consumir drogas y ser muy activos sexualmente y debe preguntarse “si el consumo de drogas vale el riesgo que estos hombres corren.” No es suficiente intentar reducir el uso y abuso de drogas en las fiestas de circuito sin abordar simultáneamente las poderosas motivaciones sexuales de su consumo.6 Al recetarles Viagra, los médicos deben informar a los hombres sobre los efectos dañinos de combinar el Viagra con metanfetaminas, poppers y éxtasis. También deben preguntar a sus pacientes VIH+ si ellos usan drogas de club, y explicarles sobre los peligros de combinarlas con los medicamentos contra el VIH.16 Los médicos necesitan saber que el consumo de drogas de club puede afectar la adherencia (apego) al tratamiento del VIH.


¿Quién Lo Dice?

1. Freese TE, Miotto K et al. The effects and consequences of selected club drugs. Journal of Substance Abuse Treatment. 2002;23:151-156. 2. Swanson J, Cooper A. Dangerous liaison: club drug use and HIV/AIDS. IAPAC Monthly. 2002;8:1-15. 3. Halkitis PN, Parsons JT, Stirratt MJ. A double epidemic: crystal methamphetamine drug use in relation to HIV transmission among gay men. Journal of Homosexuality. 2001;41:17-35. 4. Stall R, Paul JP, Greenwood G et al. Alcohol use, drug use and alcohol-related problems among men who have sex with men: the Urban Men’s Health Study. Addiction. 2001;96:1589-1601. 5. Colfax GN, Mansergh G, et al. Drug use and sexual risk behavior among gay and bisexual men who attend circuit parties: a venue-based comparison. Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes. 2001;28:373-379. 6. Fendrich M, Wislar JS, Johnson TP et al. A contextual profile of club drug use among adults in Chicago. Addiction. 2003;98:1693-1703. 7. Semple SJ, Patterson TL, Grant I. The context of sexual risk behavior among heterosexual methamphetamine users. Addictive Behavior. 2004;29:807-810. 8. Klitzman RL, Pope HG, Hudson JI. MDMA (“ecstacy”) abuse and high-risk sexual behaviors among 169 gay and bisexual men. American Journal of Psychiatry. 2000;157:1162-1164. 9. Task Force on Crystal, Syphilis and HIV. Confronting crystal methamphetamine use in New York City. Public policy recommendations. Gay Men’s Health Crisis, New York, NY. July 2004. 0. Adlaf EM, Smart RG. Party subculture or dens of doom? An epidemiological study of rave attendance and drug use patterns among adolescent students. Journal of Psychoactive Drugs. 1997;29:193-198. 11. Shoptaw S, Reback CJ. Drug and sex risk behavior reductions with behavioral treatments for methamphetamine dependence among gay/bisexual men. Presented at the National HIV Prevention Conference, Atlanta, GA. 2003. Abstract #T3-D1004. 12. www.dancesafe.org 13. www.crystalmeth.org, www.na.org, www.aa.org 14. Rothaus S. Workshop targets young gays with a penchant for club drugs. Miami Herald. July 16, 2003. 15. Johnson SB. Stepping Stone: a catalyst for change. Presented at Methamphetamine Use and Gay Men Meeting. Sacramento, CA. April 24, 2003. 16. Romanelli F, Smith KS, Pomeroy C. Use of club drugs by HIV-seropositive and HIV-seronegative gay and bisexual men. Topics in HIV Medicine. 2003;11:25-32. Otros recursos en español: Drogas de club, NIDA AZ libre de drogas Otros recursos en inglés:  www.crystalrecovery.com www.drugabuse.com www.freevibe.com www.crystalneon.org


Preparado por Mike Pendo*, Pamela DeCarlo** *SF Dept of Public Health, **CAPS Traducción Rocky Schnaath Enero 2005. Hoja Informativa 55S

Resource

Hepatitis C (VHC)

¿Se puede prevenir la transmisión del hepatitis C (VHC)?

¿qué es la hepatitis “C” (VHC)?

En los EEUU, la hepatitis “C” es la enfermedad viral crónica sanguínea mas común y la mayor causante de las enfermedades hepáticas. Se transmite principalmente por contacto sanguíneo. La transmisión sexual del VHC es poco común. Se estima que cerca de 4 millones de personas en los EEUU están infectadas con VHC. Anualmente se registran 8,000-10,000 muertes relacionadas con las enfermedades hepáticas de VHC y se estima que se triplique durante los próximos 10 a 20 años. Muchas personas con VHC no presentan síntomas en muchos años por lo tanto desconocen portar el virus. El 60% a 70% de los pacientes con VHC desarrollan la hepatitis crónica en un período de 20 a 30 años, un 20% a 30% desarrollan cirrosis hepática y del 1% a 5% cáncer hepático. VHC es la causa principal de los transplantes de hígado en los EEUU.

¿cómo se expone a riesgo?

En los EEUU, el 60% de todos los casos nuevos de infección con VHC son atribuidos al uso de drogas inyectadas, al compartir jeringas/agujas o alguno de los utensilios utilizados para este fin. Entre los Usuarios de Drogas Indovenosas (UDIs) la transmisión del VHC ocurre al momento de aplicarse la droga. Por tal razón, la prevalencia del VHC en UDIs es muy alta, se estima en un 90%. Los índices de infección en UDIs jóvenes son de 4 a 100 veces mayores que los índices de infección con VIH. Las personas que recibieron transfusiones de sangre y transplante de órganos antes de 1992 y los hemofílicos que recibieron concentrados de factor coagulante producidos antes de 1987 están a riesgo de estar infectados con VHC.

¿se puede tratar el VHC?

Muchas personas con VHC desconocen tener la enfermedad debido a la ausencia de síntomas. La prueba de detección de anticuerpos del VHC se puso en práctica por primera vez en 1990, al mismo tiempo empezaron a hacerse las pruebas de VHC en donantes de sangre. Sin embrago, muchas personas apenas ahora están descubriendo que estuvieron expuestas al VHC, y la mayoría de los que están a mayor riesgo aún no se hacen la prueba. Existen dos alternativas para el tratamiento del VHC: con Interferon-Alpha por sí sólo o en combinación con Ribavirín. El uso del Interferón-Alpha por sí sólo se usa si es administrada por vía indovenosa 3 veces por semana durante un período de 12 meses eliminando el virus eficazmente en 10% a 20% de los pacientes que reciben el tratamiento. Cuando se combina el Interferón-Alpha con Ribavirín se usa la vía oral, se ingiere a diario y elimina el virus en un 30% a 40% de las personas que son tratadas con la combinación. Los efectos secundarios de ambos medicamentos pueden ser sustanciales. Los remedios a base de hierbas como la Leche de Cardos no ha sido aprobada como tratamiento pero es popular en muchos pacientes con hepatitis crónica. En 1997 el Institutos Nacionales de la Salud llevó a cabo un conferencia para llegar a un acuerdo en cuanto al manejo y desarrollo del VHC. En esta conferencia se acordó que “deberá postponerse el tratamiento en pacientes que consumen cantidades significativas de alcohol o que activamente usan drogas ilícitas hasta que hayan eliminado este hábito por lo menos 6 meses.” Esto puede estar basado en la preocupación de una re-infección dado el contínuo consumo de drogas ilícitas vía indovenosa y el daño al hígado por el consumo contínuo de alcohol y por no seguir las instrucciones lo cual limita la efectividad del tratamiento. Otros proveedores de salud han abogado por ofrecer el tratamiento a todas las personas además de el contínuo apoyo para tratar estos problemas. El apoyo puede incluir un tratamiento por abuso concurrente de drogas, acceso a jeringas/agujas esterilizadas y educación sobre como inyectarse de forma segura.

¿en qué se parece el VHC al VIH?

Algunas autoridades de salud pública se refieren al VHC como “el nuevo VIH” dada a la similitud entre ambas. La mayoría de las personas una vez infectadas con VIH o VHC quedan infectadas de por vida. El VHC y el VIH se transmiten por medio de la sangre y ambas evolucionan hacia un curso crónico. En ambas enfermedades aún no existe cura ni vacuna preventiva. Sin embargo existen diferencias que las distinguen. Comparado al VIH, 15% a 20% de las personas infectadas con VHC logran, aparentemente, la recuperación total. El VHC se transmite más facilmente que el VIH por medio de las agujas, pero con menor facilidad por vía perinatal o sexual. El VHC no se transmite por medio de la lactancia en cambio el VIH sí.

¿qué pasa con la co-infección con VIH?

Las personas a riesgo de infectarse con VHC, se involucran en actividades que les pone a riesgo de infectarse con VIH. Se estima que 40% de los individuos VIH+ en los EEUU se co-infectan con VHC y muchos desconocen esta condición. Los mayores índices de co-infección se presentan en UDIs y hemofílicos. Aparentemente el VIH afecta el curso del VHC, acelerando a veces el progreso de la enfermedad del hígado y la cirrosis. Además, el enfermedad del hígado de VHC puede limitar la aceptación de las medicinas para el tratamiento del VIH. La infección del VHC está siendo directamente asociada con el aumento en la mortalidad de las personas infectadas con VIH.

¿cómo puede prevenirse el VHC?

Debido a que la transmisión del VHC ocurre más facilmente por medio de jeringas/agujas para el uso de drogas indovenosas, la distribución de equipo esterilizado por medio de programas de intercambio de jeringas/agujas (NEP) ha sido uno de los mayores esfuerzos de prevención. Sin embargo un estudio previo realizado en Tacoma, WA demostró la eficacia de los programas de intercambio de jeringas/agujas como una intervención preventiva, un estudio más reciente reveló que estos programas de intercambio no registraron efecto alguno en la transmisión del VHC. Esto pudo deberse al hecho de que los UDIs adquieren la infección del VHC en el momento en que se inyectan, es decir, antes de haber recibido los servicios de los programas de intercambio de jeringas/agujas. El VHC es prevalente en UDIs y se transmite fácilmente, por lo tanto es difícil prevenirlo. Es posible que la transmisión ocurra de varias formas: compartiendo jeringas/agujas; compartiendo los utensilios que se utilizan para inyectarse drogas como los cookers, popotes/pajillas/paja, isopos/palillos de oídos, torniquetes y algodón; y al compartir la misma jeringa con varias personas; al pincharse accidentalmente y al ser inyectado por otra persona. Los programasde prevención necesitan tomar en cuenta todas estas actividades como posibles riesgos. En las penitenciarías correcionales del estado de Rhode Island se llevó a cabo un programa de prevención y tratamiento de VHC. Los reos reciben educación sanitaria sobre VHC, aquellos que soliciten un análisis clínico o tratamiento son sometidos a un proceso de eligilidad para determinar si pueden recibir el tratamiento. La eligibilidad depende en parte del período de tiempo que permanezcan en la carcel (tiempo suficiente para completar este largo tratamiento) y no haber usado drogas inyectadas en los últimos 12 meses. De esta forma se logran resultados eficaces a bajo costo.

¿qué se debe hacer?

Para entender los métodos de transmisión y prevención del VHC se necesita un mayor conocimiento de lo que ocurre dentro de la cultura de las personas a riesgo, particularmente los UDIs. Es necesario conducir mas estudios con jóvenes e identificar los factores que les empujan a UDI y como promover el uso seguro de la inyección entre los que inician esta práctica. Debemos, además, tener un mejor conocimiento de la historia natural del VHC. La mayoría de los estudios que se han realizado han sido con personas que ya han desarrollado la enfermedad, pero pueden haber muchos que a pesar de estar infectados no reciben asistencia médica. El VHC tiene una alta prevalencia en los EEUU y es extremadamente transmisible por la vía sanguínea. Sin embargo, la mayoría de las personas infectadas con VHC desconocen estarlo y continúan sin hacerse la prueba de detección. Los bancos de sangre están enviando notificaciones a toda persona que recibió transfusiones de sangre, pero llevar a cabo pruebas de detección de VHC en otros grupos de alto riesgo constituirá un enorme costo a salud pública. El gobierno federal y el CDC (Centros de Control De Enfermedades) necesitan asignar mas fondos monetarios para esta labor. Lo mismo que ocurre en los programas de prevención de VIH/ETS debiera ocurrir con los programas de VHC “trabajar con una meta en común”. Los programas de prevención del VIH, especialmente los dirigidos a UDIs, deben incorporar la prevención del VHC, consejería y pruebas de detección, incluyendo la vacunación contra la hepatitis A y B en personas infectadas con VHC. El cuidado estándar en todo esfuerzo de prevención de enfermedades infecciosas debe incluir pruebas de detección, consejería relacionadas al VIH, ETS y hepatitis B y C.

¿quién lo dice?

1. Centers for Disease Control and Prevention. Recommendations for prevention and control of hepatitis C virus (HCV) infection and HCV-related chronic disease . Morbidity and Mortality Weekly Report. 1998;47(RR19):1-39. 2. Alter MJ, Margolis HS, Krawczynski K, et al. The natural history of community-acquired hepatitis C in the United States. New England Journal of Medicine. 1992;327:1899-1905. 3. Alter MJ, Moyer LA. The importance of preventing hepatitis C virus infection among injection drug users in the United States . Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes. 1998;18:S6-S10. 4. Garfein RS, Doherty MC, Monterroso ER, et al. Prevalence and incidence of hepatitis C virus infection among young adult injection drug users . Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes and Human Retrovirology. 1998;18:S11-19. 5. Crofts N, Aitken CK, Kaldor JM. The force of numbers: why hepatitis C is spreading among Australian injecting drug users while HIV is not . Medical Journal of Australia. 1999;170:220-221. 6. McHutchison JG, Gordon SC, Schiff ER, et al. Interferon alfa-2b alone or in combination with ribavirin as initial treatment for chronic hepatitis C . New England Journal of Medicine. 1998;339:1485-1492. 7. Flora K, Hahn M, Rosen H, et al. Milk thistle (silybum marianum) for the therapy of liver disease . American Journal of Gastro-enterology. 1998;93:139-143. 8. Management of Hepatitis C. NIH Consensus Statement 1997 Mar 24-26;15:1-41. 9. Tolmachoff R. When you have HIV and hepatitis C. Women Organized to Respond to Life-Threatening Diseases (WORLD). October 1998 Newsletter; p.3-5. 10. Soto B, Sanchez-Quijano A, Rodrigo L, et al. Human immunodeficiency virus infection modifies the natural history of chronic parenterally-acquired hepatitis C with an unusually rapid progression to cirrhosis . Journal of Hepatology. 1997;26:1-5. 11. Pol S, Lamorthe B, Thi NT, et al. Retrospective analysis of the impact of HIV infection and alcohol use on chronic hepatitis C in a large cohort of drug users . Journal of Hepatology. 1998;28:945-50 12. Piroth L, Duong M, Quantin C, et al. Does hepatitis C virus co-infection accelerate clinical and immunological evolution of HIV-infected patients? AIDS. 1998;12: 381-811. 13. Hagan H, McGough JP, Thiede H, et al. Syringe exchange and risk of infection with hepatitis B and C viruses . American Journal of Epidemio-logy. 1999;149:201-213. 14. Kral AH, Bluthenthal RN, Erringer EA, et al. Risk factors among IDUs who give injections to or receive injections from other drug users . Addiction. 1999;94:675-683. 15. Spaulding A, Green C, Davidson K, et al. Hepatitis C in state correctional facilities . Preventive Medicine. 1998;28:92-100. 16. Making sense of hepatitis C (editorial). Lancet. 1998;352:1485. PREPARADO POR PAULA LUM, MD Y PAMELA DECARLO. TRADUCIDO POR ROMY BENARD RODRÍGEZ, CAPS Agosto 2000. Hoja Informativa 35S.

Resource

Consejería y prueba de VIH

¿Cuál es el papel de la consejería y prueba en la prevención del VIH?

¿por qué es tan importante la C&P?

La consejería y prueba (C&P) del VIH es un componente importante en la gama de servicios de prevención y tratamiento del VIH. Ya que la visita para la C&P incluye una evaluación individual integral de riesgo, ésta ofrece la mejor oportunidad para remitir al cliente a otros servicios más intensivos. Por otra parte, la C&P es una de las entradas a los servicios de prevención y a otros servicios. La consejería breve y enfocada en el cliente que la C&P proporciona puede incrementar el uso de condones y evitar la propagación de las enfermedades de transmisión sexual (ETS).1 Conocer la condición de VIH, ya sea VIH- o VIH+, es clave para evitar la transmisión del VIH y para obtener consejería y atención médica. Se calcula que la cuarta parte de las personas VIH+ en los EE.UU. no saben que están infectadas.2 Una encuesta entre hombres jóvenes que tienen sexo con hombres (HSH) encontró que el 14% de los jóvenes negros HSH eran VIH+. El 93% de éstos desconocían estar infectados y el 71% afirmaron que era poco probable que fueran VIH+.3 Hace poco los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, siglas en inglés) anunciaron una iniciativa para expandir la C&P en EE.UU.4 Su plan estratégico del año 2005 pretende reducir en un 50% el número de personas que ignoran su condición de VIH.5 Si se cumple esta meta para el año 2010, se calcula que se prevendrán unas 130,000 nuevas infecciones de VIH, ahorrándose así más de $18 mil millones.6

¿cómo se realiza la C&P?

La C&P tiene tres componentes: 1) la evaluación de riesgos y consejería antes de obtener la muestra de sangre o bucal, 2) el análisis de la muestra y 3) la consejería y remisión a otros servicios a la entrega de los resultados.7 La C&P puede ser confidencial (el nombre de la persona se registra con el resultado) o anónima (el nombre no se registra con el resultado). Los servicios de C&P financiados con fondos públicos se realizan en centros de pruebas, clínicas y organizaciones comunitarias, programas de alcance comunitario, unidades móviles, clínicas de planificación familiar y de ETS y en departamentos de salud locales, entre otros lugares. Aunque los trabajadores de salud pública están capacitados para implementar los procedimientos de C&P, la mayoría de las pruebas del VIH en EE.UU. se realizan en consultorios médicos privados. Muchas personas prefieren hacerse la prueba del VIH como parte de un chequeo médico regular en lugar de ir a un centro de salud pública. Sin embargo, las pruebas de los consultorios privados no son anónimas y es posible que los pacientes no reciban la consejería o las remisiones adecuadas.8 Las pruebas del VIH también se efectúan en otros lugares como las salas de emergencia, las cárceles y prisiones, los centros de reclutamiento militar y en el Cuerpo de Trabajo. En EE.UU., la prueba es obligatoria para recibir algunos beneficios de seguro y médicos, así como para solicitar ciertos trabajos, ingresar a las fuerzas armadas, donar sangre o entrar al país como inmigrante.

¿qué tal las pruebas rápidas?

En los últimos 20 años el método general ha sido obtener una muestra por venipunción (sacar sangre). Desde hace 10 años, también se obtienen muestras de la mucosa bucal (OraSure) para analizar las células. Los resultados se envían a un laboratorio que realiza la prueba ELISA seguida por la Western Blot para confirmar un resultado inicialmente positivo. El tiempo de espera entre la toma de la muestra y la provisión de los resultados suele ser de una a dos semanas. Con este método, muchas personas no regresan para recoger sus resultados. En EE.UU., el 31% de las personas con pruebas VIH+ no vuelven por sus resultados.4 La prueba rápida por medio de una punción del dedo (OraQuick) ya está disponible. Este método entrega resultados en 20 minutos. Sin embargo, si la prueba resulta reactiva, el cliente recibirá un resultado preliminar positivo y deberá tomársele otra muestra confirmatoria (por venipunción o con OraSure) para realizar la prueba habitual (Western Blot) cuyos resultados tardarán 1-2 semanas. Los datos nacionales indican que el 95% de los clientes con un resultado preliminar VIH+ a la prueba rápida regresaron por sus resultados confirmatorios.9 Aunque la gente sigue teniendo la opción de las pruebas tradicionales, la prueba rápida cambiará la C&P. Ya que se necesita esperar 20 minutos para recibir los resultados, una vez que el consejero obtiene la muestra de sangre en la primera parte de la sesión, se dispone de un “público cautivo” para realizar la evaluación de riesgos y la consejería. Los consejeros mismos pueden efectuar la prueba de sangre, o en su defecto otro trabajador de salud puede hacer la punción y lectura los resultados. Debido a los resultados inmediatos, la consejería de la prueba rápida puede ser más intensa y enfocada en el cliente. Se espera que la prueba rápida produzca un incremento dramático en el número de personas que conocen sus resultados.

¿en qué consiste la buena C&P?

La buena C&P depende de consejeros con la preparación y la experiencia adecuadas. Los consejeros deben proteger la confidencialidad de los datos del cliente, obtener el consentimiento con conocimiento de causa antes de la prueba y proporcionar servicios de consejería eficaces y remisiones apropiadas. Es importante establecer vínculos con prestadores de servicios clave para remitir a los clientes a servicios adecuados a sus necesidades, prioridades, cultura, edad, orientación sexual e idioma. Los consejeros de C&P deben ser evaluados periódicamente para asegurar la calidad de sus servicios y deben recibir apoyo y capacitación constante.7 Para la prueba rápida, los consejeros necesitan otro tipo de capacitación, ya que también pueden actuar como técnicos de laboratorio. La prueba rápida requiere una temperatura estable, iluminación adecuada y una atención esmerada al detalle. Cabe señalar que la prueba rápida no equivale a la consejería rápida. Los consejeros necesitan colaborar de cerca con los clientes para formular un objetivo razonable respecto a la reducción de riesgos y asegurarse que realmente estén preparados para conocer sus resultados. Asimismo, es importante obtener otra muestra de sangre para confirmar todo resultado positivo.10

¿qué se está haciendo al respecto?

El Departamento de Salud Pública (DPH, siglas en inglés) de la Florida se propuso mejorar sus servicios de C&P y aumentar el número de personas que conocen su condición de VIH+. Los programas subvencionados por el gobierno estatal se enfocaron en ofrecer la prueba del VIH a personas de alto riesgo en las ONG, en las prisiones y cárceles, así como en programas de alcance comunitario. También utilizaron la OraSure fuera de los centros médicos. En el 2002, el DPH reportó una tasa de seropositividad del 2% para las muestras por venipunción y del 3.2% para las pruebas de OraSure. En las cárceles encontraron una tasa del 3.6% con OraSure. También ofrecieron servicios de consejería y remisión para parejas (PCRS, siglas en inglés). En el año 2002, el 80% de los clientes VIH+ dieron los nombres de sus parejas: el 64% de éstas fueron localizadas y recibieron consejería, y el 13% de las que se hicieron la prueba resultaron VIH+.11 En Minneapolis, MN, se ofreció la prueba rápida en organizaciones con clientela principalmente afroamericana en lugares como centros para dejar las drogas, refugios para desamparados, clínicas para adolescentes, grupos terapéuticos para agresores sexuales y residencias de transición. Casi todos los clientes (el 99.7%) recibieron los resultados de la prueba y servicios de consejería y el 95% indicaron que preferían la punción del dedo a la de la vena.12 El programa de SIDA/VIH de Wisconsin buscó incrementar el número de personas de alto riesgo que se hacían la prueba. Al principio de los años ‘90, las pruebas realizadas ascendieron anualmente de 6 mil a entre 20 y 30 mil. Al final de los ‘90, el programa cambió su filosofía de la educación pública a la búsqueda de casos. Los lugares subvencionados con fondos públicos se redujeron de 126 a los 55 que servían al mayor porcentaje de personas de alto riesgo y personas no caucásicas. En un año, la tasa de seroprevalencia disminuyó al .75%. Se registró una reducción del 42% en el número de personas de bajo riesgo que se hicieron la prueba y hubo incrementos de pruebas del 6% entre individuos de alto riesgo y del 18% entre personas no caucásicas.13

¿cuál es el futuro de la C&P?

A medida que se extiende el uso de la prueba rápida, se espera una disminución del número de personas que no regresan por sus resultados. La prueba rápida debe ser introducida cuidadosamente y gradualmente para que las organizaciones obtengan experiencia con el nuevo proceso y sus clientes lo vayan conociendo. Puede ser necesario hacer un mayor esfuerzo para remitir a los clientes a servicios eficaces. El cambio conductual es un proceso paulatino y difícil, y muchas personas realizan los cambios incrementalmente. Al remitir a los clientes a otros servicios y darles seguimiento, se puede ampliar considerablemente los efectos de la consejería inicial. Los métodos de capacitación y de control de calidad en la C&P tradicionalmente se han centrado en la consejería, por lo que las remisiones pueden ser el aspecto más débil y necesitado de mejoras. El simple incremento del número de personas enteradas sobre su condición VIH+ no disminuirá lo suficiente esta epidemia. Mientras que más personas en EE.UU. conocen su condición VIH, es imperativo disponer de más servicios de prevención, sociales y de tratamiento tanto para las personas VIH+ como para las VIH-. Además de las intervenciones primarias de prevención del VIH, estos servicios deben incluir el acceso a tratamiento de calidad para dejar las drogas y el alcohol, a servicios de vivienda y de empleo, a pruebas y tratamiento de las ETS, a programas de intercambio de jeringas, a servicios médicos de calidad así como al apoyo para apegarse al tratamiento que asegure el aprovechamiento eficaz de los medicamentos contra el SIDA.


¿quién lo dice?

1. Kamb ML, Fishbein M, Douglas JM,et al. Efficacy of risk-reduction counseling to prevent human immunodeficiency virus and sexually transmitted diseases. Journal of the American Medical Association. 1998;280:1161-1167. 2. Fleming P, Byers RH, Sweeney PA, et al. HIV prevalence in the United States, 2000. Presented at the 9th Conference on Retroviruses and Opportunistic Infections, Seattle, WA; February 24-28, 2002. 3. Centers for Disease Control and Prevention. Unrecognized HIV infection, risk behaviors and perceptions of risk among young black men who have sex with men – six US cities, 1994-1998. Morbidity and Mortality Weekly Reports. 2002;33:733-736. 4. Centers for Disease Control and Prevention. Advancing HIV Prevention: New Strategies for a Changing Epidemic – US, 2003 . Morbidity and Mortality Weekly report. 2003:52;329-332. 5. Centers for Disease Control and Prevention. HIV Prevention Strategic Plan Through 2005. https://www.cdc.gov/nchhstp/strategicpriorities/default.htm  6. Holtgrave DR, Pinkerton SD. Economic implications of failure to reduce incident HIV infections by 50% by 2005 in the United States. Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes. 2003;33:171-174. 7. Centers for Disease Control and Prevention. Revised Guidelines for HIV Counseling, Testing, and Referral. Morbidity and Mortality Weekly Reports. 2001;50. 8. Haidet P, Stone DA, Taylor WC, et al. When the risk is low: primary care physicians’ counseling about HIV prevention. Patient Education and Counseling. 2002;46:21-29. 9. Kassler WJ, Dillon BA, Haley C, et al. On-site, rapid HIV testing with same-day results and counseling. AIDS. 1997;11:1045-1051. 10. Fournier J, Morris P. Speed bumps and roadblocks on the road to rapid testing: a look at the integration of HIV rapid testing in an agency and community. Presented at the US Conference on AIDS, New Orleans, LA, 2003. 11. Liberti T. Florida’s HIV counseling, testing and referral program. Presented at the US Conference on AIDS, New Orleans, LA, 2003. 12. Keenan PA. HIV outreach in the African American community using OraQuick rapid testing. Presented at the National HIV Prevention Conference, Atlanta, GA. 2003. 13. Stodola J. Restructuring Wisconsin’s HIV CTR program: targeting CTR services. Presented at the US Conference on AIDS, New Orleans, LA, 2003.


Preparado por Steven R. Truax, PhD, CA State Office of AIDS; Pam DeCarlo, CAPS Traducción Rocky Schnaath Enero 2005. Hoja Informativa 3SR

Resource

Deaf persons

What Are Deaf Persons’ HIV Prevention Needs?

Are deaf persons at risk for HIV?

Yes. It is estimated that 7,000 to 26,000 deaf persons in the US are infected with HIV.1 However, the Centers for Disease Control and Prevention (CDC) does not currently collect information on deafness and HIV or AIDS. Maryland was the first state to include questions about deafness in its HIV counseling and testing forms. In Maryland, 4.3% of the deaf population is HIV+ (infected with HIV).2 There are about two million deaf Americans, and one out of every ten Americans has some hearing loss. The deaf have long struggled for equal access to medical and social services, and equality in jobs and education. In the US today, there is still very little information on HIV and deafness, few prevention or treatment services and scarce research.3

What are risk factors for HIV?

High rates of substance use exist among the deaf community. One in seven (1 in 7) deaf persons has a history of substance abuse, compared to one in ten (1 in 10) in the hearing population. Substance abuse can be a riskfactor for HIV by lowering inhibitions and impairing judgement, which can lead to unsafe sexual behaviors. Sharing injection equipment is also a risk for HIV transmission. There is very little HIV or sexuality education in schools for the deaf, especially for adolescents. Because of this, deaf persons have much less knowledge and awareness of HIV transmission, prevention and treatment. If deaf children don’t learn about HIV and other sexually transmitted diseases, they won’t have the vocabulary necessary to talk about thse topics with each other. One study of students at schools for the deaf found that adolescents in 9-12 grade had extremely limited knowledge of AIDS. Students knew correct answers to only 8 of 35 basic questions asked about AIDS.4 Deaf men who have sex with men (MSM) may face discrimination from within the deaf community. For this reason, deaf MSM often conceal their identity and may engage in furtive, anonymous and high risk sexual behaviors. Many deaf MSM also seek out hearing MSM for relationships, which makes communication about safer sex practices difficult.3 Children with disabilities, including deaf children, have been found to be at greater risk for sexual abuse, both at residential schools and at home. One study of deaf and hearing children at a language institute found that 54% of the deaf boys reported abuse, compared to 10% of hearing boys. Deaf girls reported 50% rates of abuse, compared to 25% of hearing girls. Childhood sexual abuse is a strong indicator for risky sexualand substance use behavior and HIV infection as an adult.6

What are barriers to prevention?

For the majority of deaf persons in the US, American Sign Language (ASL) is their primary language, and English the second language. ASL is a complex language of signs and gestures with its own grammar and syntax. The only way to communicate in ASL is face to face. There are only sporadic materials on HIV/AIDS available in written, graphic ASL. Although some deaf persons can read written materials such as pamphlets used in HIV prevention, for deaf persons with limited English skills, they are ineffective.7 ASL communicates largely in concepts, so many English phrases and idioms don’t make sense to persons with limited language skills. For example, there is no word for AIDS in ASL, and HIV-positive cannot be interpreted in ASL because “positive” means something good. ASL interpreters for HIV/AIDS issues may require special training to be able to address openly and frankly complex issues of sexuality and drug use. The deaf community is very tight knit, which can offer strong support and strong condemnation at times. Confidentiality is very important in this community where news travels fast. Many deaf persons would rather go alone to an all-hearing HIV testing and counseling clinic and risk miscommunication and misunderstanding, than bring an interpreter or go to a deaf clinic and risk being recognized and losing confidentiality.8 Home test kits are no more confidential, as deaf persons must use an interpreter using a regular phone or call through a Relay Service agent to get test results.

What can help in prevention?

Better understanding of the strengths of the deaf community can help HIV prevention efforts. Because the deaf community is tight knit, there is a greater degree of physical and emotional intimacy. The visual nature of ASL requires addressing sexual and drug use issues openly and frankly. When these topics are brought up, deaf persons often have greater comfort discussing sexuality and drug use, which can help in understanding and negotiating safer behaviors.8 Deaf institutions must address issues that have traditionally been hidden or taboo in their community, such as alcohol and drug abuse, childhood sexual abuse and homophobia. In 1998, the National AIDS Hotline sent over a thousand letters to state schools for the deaf offering an educational program on AIDS for deaf or hard of hearing students. Only three schools responded to the program.7

What’s being done?

A program developed by Gallaudet University’s Mental Health Center provides HIV/AIDS training to mental health professionals who work with deaf persons. The training program provides visual tools to use with the deaf community, such as captioned videos, drawings, group activities and models of how HIV attaches to cells.9 In Paris, France, a mobile AIDS prevention unit (EMIPS in French) used a variety of programs to target deaf adolescents both in and out of deaf schools. A young deaf educator visited deaf schools and presented an intervention in sign language. The program created several visual images in public ads that dealt with false beliefs about HIV risk. The program also opened a walk-in HIV testing clinic with a doctor using sign language. However, the clinic was not widely used because it was too much identified with AIDS. When the program opened a sign language HIV test center in a general clinic, it was much more successful.10 The Minnesota Chemical Dependency Program for Deaf and Hard of Hearing Individuals provides treatment for alcohol and other drugs for deaf persons in the US and Canada. All staff members are specially trained in deafness and substance abuse, and they have developed therapeutic approaches without communication barriers. The program also provides training for students and professionals working with deaf persons. They have a resource center that disseminates materials and provides funding for interpreters to attend AA/NA meetings.11

What still needs to be done?

Comprehensive education and outreach are needed in the deaf community, not just around AIDS and HIV, but around the larger issues of sexual health and substance use. Schools for the deaf need to provide education about sexuality and substance use and provide counseling for children and adolescents who have experienced abuse. Programs for the deaf should address issues specific to the deaf community, such as negotiating safer sex with a hearing partner, advocating for health care services and breaking down barriers about sexual abuse and substance abuse among deaf persons. HIV prevention programs for deaf persons need to be as clear and as visual as possible. Programs should not be designed as presentations alone, but should incorporate physical activities, longer time for discussions, pictures, dolls, graphic manuals in ASL and captioned videos to make sure concepts are understood.12 To access deaf communities, rearchers and service providers should take advantage of advances in technology such as interactive video and the Internet.13 Although there has been effort to educate the deaf community on HIV/AIDS at all levels, there continue to be great discrepancies in getting crucial information out to the target population. The CDC and states need to add questions about disabilities when collecting HIV statistics in order to document the extent of the epidemic in the deaf population. More programs are needed to help increase knowledge and dispel myths about HIV transmission and risk behaviors of deaf persons. The few popular programs that exist need to be evaluated and replicated across the country.


Says who?

1. Friess S. Silence = Deaf . Poz Magazine. April 1998. p.60-63. 2. Personal communication. Department of Health and Mental Hygiene, State of Maryland. 1999. 3. Peinkoffer JR. HIV education for the deaf, a vulnerable minority . Public Health Reports. 1994;109:390-396. 4. Baker-Duncan N, Dancer J, Gentry B, et al. Deaf adolescents’ knowledge of AIDS. Grade and gender effects . American Annals of the Deaf. 1997;142:368-372. 5. Sullivan PM, Vernon M, Scanlan JH. Sexual abuse of deaf youth . American Annals of the Deaf. 1987;132:256-262. 6. Johnsen L, Harlow L. Childhood sexual abuse linked with adult substance use, victimization, and AIDS-risk . AIDS Education and Prevention. 1996;80:44-57. 7. Campbell D. AIDS and the deaf community. ADVANCE for Speech-Language Pathologists & Audiologists. April 26, 1999; p.10-11. 8. Morrone JJ. Peer education and the deaf community. Journal of American College Health. 1993;41:264-266. 9. Sleek S. HIV/AIDS education efforts have missed deaf community. American Psychological Association Monitor. 1999. 10. Grivois L, Houette A. Outreach programs towards deaf people targeting prevention of AIDS. Presented at the 11th International Conference on AIDS, Vancouver, Canada. June 1996. Abst. #MoD240. 11. Program celebrates ten years. Steps to Recovery. Published by the Minnesota Chemical Dependency Program for Deaf and Hard of Hearing Individuals. Spring/Summer 1999. 12. Gaskins S. Special population: HIV/AIDS among the deaf and hard of hearing. Journal of the Association of Nurses in AIDS Care. 1999;10:75-78. 13. Lipton DS, Goldstein M, Wellington Fahnbulleh F, et al. The interactive video-questionnaire: a new technology for interviewing deaf persons . American Annals of the Deaf. 1999;141:370-378.

Resources:

AIDSinfo 1-888-480-3739 TTY  Service American Social Health Association 1-202-777-2500  -TTY https://www.ashasexualhealth.org/


Prepared by Brian Determan* Natasha Kordus ** and Pamela DeCarlo*** *Montrose Clinic, Houston, TX, **California School for the Deaf, ***CAPS September 1999. Fact Sheet #36E


Reproduction of this text is encouraged; however, copies may not be sold, and the Center for AIDS Prevention Studies at the University of California San Franciso should be cited as the source of this information. For additional copies of this and other HIV Prevention Fact Sheets, please call the National Prevention Information Network at 800/458-5231. Comments and questions about this Fact Sheet may be e-mailed to [email protected]. © September 1999, University of California