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Superinfección

¿Qué sabemos acerca de la superinfección por VIH?

revisado 5/06

¿qué son la infección dual, la coinfección y la superinfección?

La infección dual ocurre cuando una persona está infectada por dos o más cepas del VIH. Dicha persona puede haber adquirido ambas cepas simultáneamente de una pareja con infección dual o bien de varias parejas. Una cepa diferente del virus es aquella que se distingue genéticamente de la primera en un árbol “familiar” o filogenético. A la adquisición de distintas cepas del VIH de varias parejas muchas veces se le llama coinfección, si todas las cepas del virus fueron adquiridas anteriormente a la seroconversión, es decir, mucho antes de que se reconozca la presencia de cualquier infección por VIH. Se llama superinfección a la adquisición de distintas cepas del VIH de varias parejas si el segundo virus se adquiere después de la seroconversión, o sea, cuando la primera cepa del virus ya se encuentra establecida.1 La superinfección y la reinfección significan lo mismo. Las infecciones duales pueden manifestarse de forma secuencial, lo cual puede hacer que la coinfección se parezca a la superinfección. Puede ser que las infecciones duales de expresión secuencial (IDES) ocurran porque las respuestas inmunológicas contra el virus predominante permiten la manifestación de otras cepas del virus presentes en el cuerpo. También pueden suceder cambios aleatorios en poblaciones de virus que evolucionan, lo cual puede parecerse a la superinfección aunque ambas cepas hayan estado presentes desde el principio.

¿por qué es importante la superinfección?

La superinfección tiene importancia porque podría provocar la resistencia medicamentosa en personas VIH+, y tal vez lleve a un avance más rápido de la enfermedad.2,3 La investigación sobre el momento en que puede darse o no darse la superinfección podría identificar tipos de respuestas inmunológicas que protejan contra la infección, guiando así el diseño de vacunas contra el VIH. Muchas personas VIH+ que tienen parejas VIH+ preguntan sobre la superinfección. Los funcionarios de salud pública necesitan información sobre la superinfección para poder ayudar a las personas a entender los posibles riesgos del contacto sexual sin protección entre personas VIH+, sin infundirles temores injustificados que perjudiquen su relación de pareja y la revelación de su condición de VIH a parejas potenciales.

¿puede producirse la superinfección?

Muchos científicos creen que la superinfección puede suceder. La investigación en monos indica que puede darse la superinfección con otros virus parecidos al VIH.4,5 Las dieciséis personas con IDES (superinfección aparente) que han sido identificadas en la literatura científica, incluyen consumidores de drogas en Asia, mujeres en África y hombres en Europa y en EE.UU. Los análisis de laboratorio en algunos de estos informes sugieren que el segundo virus que apareció dichas personas no estuvo presente con anterioridad en la infección, lo cual sugiere la superinfección. La sensibilidad de estos análisis de laboratorio es limitada y las parejas causantes de la infección no han sido identificadas, por lo que no se puede saber con certeza en qué momento se adquirió el segundo virus.

¿quiénes corren el mayor riesgo?

El 95% de los casos aparentes de superinfección han ocurrido durante los primeros tres años de infección.6-9 Estudios han detectado pruebas de superinfección entre el 2% y el 5% de las personas durante el primer año de infección. El tratamiento intermitente de las infecciones agudas o recientes por VIH puede prolongar la susceptibilidad a la superinfección.10,11 En cambio, los estudios realizados en personas con infecciones de más largo plazo no han encontrado evidencia alguna de superinfección. Un estudio no dio con ningún caso al cabo de 1,072 años-persona de observación.12 Otro no reveló ninguno después de 215 años-persona de observación de consumidores de drogas intravenosas.13 Un tercer estudio no encontró caso alguno tras 233 años-persona y 20,859 exposiciones por contacto sexual sin protección.14 Es posible que las personas con una carga viral muy baja sean más susceptibles a la superinfección. Las respuestas inmunológicas antivirales y la interferencia viral son menores en personas con carga viral baja, por lo que la superinfección puede ocurrir con más frecuencia en esta población.15 Se necesita más investigación al respecto para confirmarlo.

¿es malo tener más de un virus?

La infección dual puede perjudicar la salud de las personas VIH+. Los individuos superinfectados pueden tener una carga viral más alta y un recuento de CD4 más bajo, lo cual acelera la evolución de la enfermedad.2,3 Esta evolución puede acelerarse después de la aparición de un segundo virus.1 La superinfección también puede afectar el tratamiento del VIH, ya que ésta aumenta la probabilidad de resistencia medicamentosa.16 Las personas VIH+ con infección dual pueden no responder tan bien a los medicamentos antirretrovirales actuales por tener cepas de virus resistentes.

¿qué nos falta por conocer?

Todavía falta mucho por aprender sobre la superinfección. Primero, necesitamos saber con más seguridad si la superinfección realmente ocurre o no entre las personas VIH+. No se ha documentado ningún caso definitivo de superinfección, para lo cual sería necesario poder vincular el momento de la segunda infección con el inicio de una relación sexual nueva. Segundo, necesitamos entender cómo y cuándo se da la superinfección. Entre los investigadores se va creando consenso sobre la idea de que las personas VIH+ en la primera etapa de infección -y durante el primer año en particular- pueden correr un mayor riesgo de superinfección que otras personas VIH+ con infección crónica.17 También debemos determinar si las personas con una carga viral suprimida durante el tratamiento son susceptibles a la superinfección. Tercero, es preciso saber cómo proteger al individuo contra la superinfección. Si ésta ocurre rara vez o únicamente en la etapa de infección reciente, es importante determinar los mecanismos que hacen a una persona VIH+ inmune de adquirir un segundo virus. Sería importante saber si la exposición a diferentes cepas virales podría brindar inmunidad protectora contra la superinfección.18 Finalmente, debemos continuar actualizando y divulgando datos científicos sobre la superinfección, sus causas y consecuencias tanto a las personas VIH+ como a los profesionales médicos que las atienden.

¿qué podemos recomendar actualmente?

La consejería sobre la superinfección debe de basarse en un entendimiento de las relaciones sexuales del individuo. Antes de ofrecerle asesoría acerca de la superinfección, el consejero debe saber si el individuo está en una relación de pareja continua con una persona VIH+, si la persona busca habitualmente a otras personas VIH+ para tener sexo sin protección, y si revela su condición de VIH+ a parejas potenciales. Estos antecedentes deben guiar la conversación sobre los riesgos y beneficios del contacto sexual entre parejas VIH+. Si el consejero no tiene tiempo suficiente para considerar estos aspectos personales, sería mejor que se limitara a decir: “Hay una falta información sobre la superinfección. Si de hecho ocurre, lo más probable es que se dé en los primeros años después de contraer la primera infección. Después, es raro que ocurra.” Se sabe aun menos sobre la superinfección causada al compartir jeringas, pero cabe esperar el mismo patrón de alto riesgo inicial seguido de un riesgo menor durante la etapa de infección crónica. Sin embargo, ya que los consumidores de drogas intravenosas corren un alto riesgo de infección por hepatitis C al inyectarse con jeringas previamente usadas, es importante enfatizar los esfuerzos para obtener equipos esterilizados de los programas de intercambio de jeringas. Los interesados deben ser remitidos a los estudios de investigación actuales con el fin de reducir las considerables lagunas de información.19 Las personas con varias parejas sexuales, o cuyas parejas tienen varias parejas sexuales, deben recibir asesoría sobre los riesgos de contraer otras infecciones de transmisión sexual. Se les debe recomendar vacunarse contra la hepatitis B y hacerse pruebas periódicas de detección de sífilis.


¿quién lo dice?

1. Smith DM, Richman DD, Little SJ. HIV superinfection . Journal of Infectious Diseases. 2005;192:438-444. 2. Gottlieb GS, Nickle DC, Jensen MA, et al. Dual HIV-1 infection associated with rapid disease progression . The Lancet. 2004;363:610-622. 3. Grobler J, Gray CM, Rademeyer C, et al. Incidence of HIV-1 dual infection and its association with increased viral load set point in a cohort of HIV-1 subtype c-infected female sex workers . Journal of Infectious Diseases. 2004;190:1355-9. 4. Otten RA, Ellenberger DL, Adams DR, et al. Identification of a window period for susceptibility to dual infection with two distinct human immunodeficiency virus type 2 isolates in a Macaca nemestrina model . Journal of Infectious Diseases. 1999;180:673-84. 5. Fultz PN, Srinivasan A, Greene CR, et al. Superinfection of a chimpanzee with a second strain of human immunodeficiency virus . Journal of Virology. 1987;61:4026-4029. 6. Angel JB, Hu YW, Kravcik S, et al. Virological evaluation of the ‘Ottawa case’ indicates no evidence for HIV-1 superinfection . AIDS. 2004;18:331-334. 7. Smith DM, Wong JK, Hightower GK, et al. Incidence of HIV superinfection following primary infection . Journal of the American Medical Association. 2004;292:1177-1178. 8. Hu DJ, Subbarao S, Vanichseni S, et al. Frequency of HIV-1 dual subtype infections, including intersubtype superinfections, among injection drug users in Bangkok, Thailand . AIDS. 2005;19:303-308. 9. Grant R, McConnell J, Marcus J, et al. High frequency of apparent HIV-1 superinfection in a seroconverter cohort. 12th Conference on Retroviruses and Opportunistic Infections. 2005. Abst #287. 10. Altfeld M, Allen TM, Yu XG, et al. HIV-1 superinfection despite broad CD8+ T-cell responses containing replication of the primary virus . Nature. 2002;420:434-439. 11. Jost S, Bernard M, Kaiser L, et al. A patient with HIV-1 super-infection . New England Journal of Medicine. 2002;347:731-736. 12. Gonzales MJ, Delwart E, Rhee SY, et al. Lack of detectable human immunodeficiency virus type 1 superinfection during 1072 person-years of observation . Journal of Infectious Diseases. 2003;188:397-405. 13. Tsui R, Herring BL, Barbour JD, et al. Human immunodeficiency virus type 1 superinfection was not detected following 215 years of injection drug user exposure . Journal of Virology. 2004;78:94-103. 14. Grant R, McConnell J, Herring B, et al. No superinfection among seroconcordant couples after well-defined exposure. International Conference on AIDS, Bangkok, Thailand, 2004. Abst #ThPeA6949. 15. Marcus J, McConnell J, Liegler T, et al. Highly divergent viral lineages in blood DNA appear frequently during suppressive therapy in persons exposed to superinfection. 13th Conference on Retroviruses and Opportunistic Infections. 2006. Abst #297. 16. Smith DM, Wong JK, High-tower GK, et al. HIV drug resistance acquired through superinfection . AIDS. 2005;19:1251-1256.16. Gross KL, Porco TC, Grant RM. HIV-1 superinfection and viral diversity. AIDS. 2004;18:1513-1520. 17. Gross KL, Porco TC, Grant RM. HIV-1 superinfection and viral diversity . AIDS. 2004;18:1513-1520. 18. McConnell J, Liu Y, Kreis C, et al. Broad neutralization of HIV-1 variants in couples without evidence of systemic superinfection. 13th Conference on Retroviruses and Opportunistic Infections. 2006. Abst #92. 19. HIV+ persons who have HIV+ partners residing or visiting San Francisco can call the Positive Partners Study 1-415-734-4878.


Preparado por Robert M. Grant MD, J. Jeff McConnell MA Gladstone Institute of Virology and Immunology, UCSF Traducción: Rocky Schnaath Mayo 2006. Hoja Informativo #56SR

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Los Medicamentos Opioides

¿Cómo afectan los medicamentos opioides a las personas con VIH?

Elaborado por Kathleen Clanon, MD and Pamela DeCarlo | July 2017

¿Son los opioides una preocupación?

Sí. Los medicamentos que se recetan para aliviar el dolor como oxicodona, hidrocodona y metadona ayudan a millones de personas a manejar efectivamente el dolor crónico. Pero para algunas personas, estos opioides también se han convertido en una compleja trama de mal uso y  abuso que ha llevado a incrementos dramáticos en la incidencia de la adicción, sobredosis, infecciones por hepatitis B y C y posiblemente por el VIH. [1]

Las recetas de opioides en los Estados Unidos se duplicaron entre 2001 y 2015 sin que se haya registrado una disminución en la cantidad de dolor reportada. Solamente el uso de oxicodona e hidrocodona se triplicó entre 2000 y 2015. Los profesionales de la salud recetaron 259 millones de recetas de opioides para calmar el dolor en 2012—suficiente para cada uno de los adultos en los Estados Unidos. [2]

El Centro de Control y Prevención de Enfermedades recomienda no recetar opioides como terapia de primera línea o de rutina para el dolor crónico. [3]

¿Por qué preocupa el uso de opioides?

Falta de información sobre los riesgos de los opioides. Los opioides hacen que las personas se sientan bien y alivian el dolor sin producir efectos secundarios muy notorios. Además, los pacientes tienden a creer que los médicos no recetarían algo peligroso. A veces los pacientes no entienden que los opioides pueden crear dependencia física y algunos médicos tampoco entienden los riesgos o no los explican adecuadamente. Las personas a las que se les receta medicamentos opioides deben preguntar a sus proveedores de la salud si realmente son la manera más segura de manejar el dolor.

Sobredosis. De 2000 a 2014, hubo casi medio millón de muertes a causa de sobredosis de drogas, y más del 60 % de las muertes por sobredosis por drogas incluyeron un opioide. Todos los días, 46 personas mueren en los Estados Unidos por una sobredosis de opioides. [2]

Los opioides son altamente adictivos. Hasta un 25% de las personas que toman opioides a largo plazo terminan luchando con la dependencia. [4] Dicha dependencia se desarrolla extremadamente rápido. A los tres días de tomar opioides, ya existe la posibilidad de que su consumo se vuelva crónico y el riesgo aumenta rápidamente con cada día de uso. [5]

¿Cómo afectan los opioides a las personas viviendo con VIH?

Posibles efectos negativos para las personas viviendo con VIH. Para las personas que viven con el VIH (PVV), el uso de opioides a largo plazo puede provocar depresión, contribuir recaídas en el uso de substancias y hasta incrementar el dolor crónico. [6]

Incremento de conductas riesgosas. Igual que el alcohol y otras drogas, los opioides por receta pueden interferir con el juicio y la capacidad de tomar decisiones, y pueden resultar en que una persona haga cosas que en otras circunstancias no haría. Al disminuir las inhibiciones, los opioides pueden fomentar conductas riesgosas (como tener sexo sin protección o compartir jeringas) que incrementan el riesgo de transmitir o contraer el VIH o la hepatitis C o B [7].

Transición a inyectarse y a la heroína. La epidemia del mal uso de opioides por receta ha llevado a muchas personas a inyectarse por primera vez. Casi un 80% de los nuevos consumidores de heroína reporta haber usado opioides por receta primero. [8]

¿Cuáles son los riesgos para las personas viviendo con VIH?

Uso a largo plazo de opioides. Hasta un 85% de PVV sufren dolores crónicos. A muchas se les receta opioides para aliviar el dolor. Los efectos secundarios del consumo de opioides a largo plazo incluyen: una disminución en la libido, menos testosterona, depresión, arritmia y problemas neurológicos. El uso continuo de opioides para calmar el dolor puede en cambio incrementar el dolor crónico en PVV en vez de aliviarlo.

Abuso de opioides. El uso problemático de opioides por receta puede ser común en PVV, especialmente si tienen una historia de abuso de drogas, problemas de salud mental y poca adherencia al tratamiento antirretroviral. Una investigación demostró que un 62% de PVV que consumen opioides por receta los toman de manera problemática. [9]

Recaídas y sobredosis. Para PVV con una historia de abuso de alcohol y de drogas, los opioides pueden ocasionar recaídas en el uso de sustancias. Las sobredosis accidentales son comunes, sobre todo cuando los opioides se mezclan con alcohol o benzodiazepinas (como Valium o Xanax), antidepresivos o medicamentos anticonvulsivos. [3]

Atención para el VIH. Los factores específicos del cuidado médico del VIH pueden determinar si los profesionales de la salud observan o no las normas federales para recetar opioides. Por ejemplo, el personal médico puede valorar la retención de pacientes con VIH o un sentido de alianza con sus pacientes como más importante que lineamientos federales conservadores acerca de recetar opioides. Capacitaciones especializadas sobre el recetar opioides podrían ser necesarias para los profesionales de la salud que atienden a las personas con VIH.

¿Cuáles son los riesgos para personas que están en riesgo de adquirir el VIH?

Falta de conocimiento y de programas relacionados con el uso más seguro de drogas inyectables. La epidemia de opioides ha ocasionado un aumento en el consumo de drogas inyectables. Los nuevos consumidores de estas drogas suelen ser personas de raza blanca que viven en zonas rurales o suburbanas, tienen poco conocimiento sobre prácticas de inyección más seguras y sobre los riesgos de contraer hepatitis o VIH y tienen poco (o nulo) acceso a programas educativos y a servicios para consumidores de drogas inyectables como la distribución de jeringas esterilizadas. [11] Estos factores fomentan las condiciones para la propagación rápida del VIH en comunidades específicas.

Hepatitis C. Actualmente, la transmisión de hepatitis C es un riesgo significativo para personas que se inyectan, sobre todo entre los jóvenes y los habitantes de pueblos pequeños y zonas rurales en los Estados Unidos que se inyectan opioides. En 2013, hubo 30,000 nuevos casos de hepatitis C y un incremento de infecciones de hepatitis C en 28 Estados, lo que equivale a un incremento de más de un 150% desde 2010 [11].

Transmisión potencial rápida del VIH. En 2015, el primer brote de VIH vinculado a la inyección de opioides por receta ocurrió en una zona rural del Estado de Indiana. El VIH se propagó rápidamente dentro de esta pequeña comunidad, con 135 pesonas seropositivas, el 80% de las cuales reportaron haber disuelto e inyectado pastillas de oximorfona.

¿Qué debe hacerse?

Ante el dramático aumento de recetas, uso, adicción y sobredosis de opioides en los años recientes, varias agencias federales, estatales y locales han desarrollado normas, reglamentos y programas para promover la seguridad. En 2016, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades elaboró una serie de normas con la finalidad de mejorar la comunicación entre profesionales de la salud y pacientes sobre los riesgos y los beneficios de los opioides para el dolor crónico y para mejorar la seguridad y eficacia del tratamiento para el dolor, así como para reducir los riesgos asociados a terapias a largo plazo con opioides, incluyendo la adicción, sobredosis y mortalidad.

Profesionales de la salud

Cuidado o manejo del dolor sin opioides. Los profesionales que atienden a PVV deben tomar en cuenta la edad, género, condición socio-económica, salud mental y consumo de drogas de la persona, ya que el manejar el dolor sin tener en cuenta esas variables puede tener un éxito limitado. El Centro de Control y Prevención de Enfermedades recomienda no recetar opioides como terapia de primera línea para el dolor crónico, por lo que los profesionales deben considerar otros medios para manejar el dolor. La terapia cognitiva conductual, fisioterapia, hipnosis o marihuana para uso medicinal también pueden aliviar el dolor en las personas con VIH. [13]

Prevención de sobredosis. Si profesionales y pacientes deciden usar opioides, los proveedores deberían discutir y proveer a los pacientes material escrito sobre los riesgos de la dependencia y la sobredosis, así como considerar prescribir también naloxona para revertir los efectos potencialmente fatales de una sobredosis.

Personas que viven con el VIH

PVV a las que se les receta opioides deben discutir cualquier inquietud con su médico y preguntar sobre métodos para manejo del dolor que no incorporan opioides. En caso de recetárseles opioides, deberán usarlos por la menor cantidad de tiempo posible y ser conscientes de que se puede crear dependencia casi inmediatamente, dentro de tres días de su consumo. [5] PVV que han venido tomando opioides durante mucho tiempo deberían hablar con su médico sobre cómo pueden irlos dejando o reducir su consumo.

Políticas sanitarias

Sabemos cómo prevenir el VIH y contamos con múltiples intervenciones eficaces para prevenirlo. El brote del VIH en personas que se inyectan drogas en zonas rurales de Indiana demuestra lo que puede pasar cuando el gobierno estatal y las comunidades no invierten en la prevención. Tenemos que comprometernos a promover la educación y los servicios de reducción de riesgos como programas de acceso a jeringas, prevención de sobredosis, incluyendo acceso a naloxona y programas de rehabilitación. [14]

Aunque el conocimiento científico acumulado durante años demuestra la necesidad, la eficacia y los beneficios económicos de programas para personas que se inyectan drogas, aún existen barreras políticas y legislativas para su implementación. Tenemos que apoyar, proteger y ampliar la legislación actual y los programas que promueven la salud y el bienestar de las personas que consumen y usan mal los opioides por receta, incluidas las personas que se inyectan drogas y sus parejas.


¿Quién lo dice?

  1. RTI International. Opioids In America: A complex crisis. A comprehensive response. 
  2. CDC. Opioid painkiller prescribing: Where you live makes a difference. CDC Vital Signs. July 2014. www.cdc.gov/vitalsigns/opioid-prescribing
  3. Dowell D, Haegerich TM, Chou R. CDC Guideline for Prescribing Opioids for Chronic Pain — United States, 2016. MMWR. 2016;65:1-49.
  4. CDC. Injury prevention and control: Opioid overdose. Drug overdose deaths in the United States continue to increase in 2015. www.cdc.gov/drugoverdose/epidemic/
  5. Shah A, Hayes CJ, Martin BC. Characteristics of initial prescription episodes and likelihood of long-term opioid use — United States, 2006–2015. MMWR. 2017;66:265–269. http://dx.doi.org/10.15585/mmwr.mm6610a1
  6. Liu B, Liu X, Tang SJ. Interactions of opioids and HIV infection in the pathogenesis of chronic pain. Front Microbiol. 2016;7:103.
  7. Zule WA, Oramasionwu C, Evon D, et al. Event-level analyses of sex-risk and injection-risk behaviors among nonmedical prescription opioid users. Am J Drug Alcohol Abuse. 2016;42:689-697.
  8. Cicero TJ, Ellis MS, Surratt HL, Kurtz SP. The changing face of heroin use in the United States: a retrospective analysis of the past 50 years. JAMA Psychiatry. 2014;71(7):821-826.
  9. Turner AN, Maierhofer C, Funderburg NT, et al. High levels of self-reported prescription opioid use by HIV-positive individuals. AIDS Care. 2016;28:1559-1565.
  10. Starrels JL, Peyser D, Haughton L, et al. When human immunodeficiency virus (HIV) treatment goals conflict with guideline-based opioid prescribing: A qualitative study of HIV treatment providers. Subst Abus. 2016;37:148-153.
  11. National Institute on Drug Abuse. Prescription opioids and heroin. NIDA Research Report Series. 2015. www.drugabuse.gov/publications/research-reports/prescription-opioids-heroin
  12. Conrad C,  Bradley HM,  Broz D, et al. Community outbreak of HIV infection linked to injection drug use of oxymorphone — Indiana, 2015. MMWR. 2015;64:443-444. www.cdc.gov/mmWr/preview/mmwrhtml/mm6416a4.htm
  13. Merlin JS. Chronic pain in patients with HIV infection: What clinicians need to know. Topics in Antiviral Medicine. 2015;23:120-124.
  14. Raymond D. Injecting opana: Indiana’s HIV outbreak and America’s opioid epidemic. Harm Reduction Coalition. March 2015. https://harmreduction.org/ 

Gracias a Rachel Anderson, Emily Behar, Neisha Becton, Holvis Delgadillo, Linda Gowing, Barbara Green-Ajufo, Renata Henry, Daryl Mangosing y Savannah O’Neill por revisar esta hoja informativa. Kathleen Clanon está afiliada con Alameda County Health Care Services Agency. Agradecemos la reproducción y la difusión de esta hoja, siempre que sea de manera gratuita y que se cite a la University of California San Francisco. ©2017, University of CA. Preguntas y comentarios pueden enviarse a [email protected].

Esta publicación es un producto del Centro de Investigación sobre la Prevención con el apoyo de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (Cooperative Agreement Number 5U48DP004998).

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Mother-to-child transmission (MTCT)

In 2012, there were 2.3 million new HIV infections globally. A large proportion of people newly diagnosed with HIV worldwide are in their reproductive years and these men and women are likely to want children in the future. Addressing the sexual and reproductive health and rights of this population is critical to addressing the spread of HIV because HIV infection in childbearing women is the main cause of HIV infection in children. Treatment for those who are already infected is also central to stopping the spread of HIV to infants and to uninfected sexual partners.

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Vacuna

Las vacunas son una de las herramientas más poderosas y costo-efectivas que tenemos para evitar las enfermedades. Una vacuna que impidiera la infección por VIH o que detuviera la progresión de la enfermedad ayudaría considerablemente en la lucha contra la pandemia del SIDA. Una pregunta crucial es si una vacuna basada en una determinada cepa del VIH sería eficaz para poblaciones en las cuales predomina otra cepa. También existen dudas sobre cómo una vacuna contra el VIH protegería a los individuos: aunque no evitara la transmisión de la infección, tal vez la vacuna pudiera evitar o retrasar el desarrollo de la enfermedad, o simplemente reducir la infecciosidad de las personas que contraigan el VIH. La educación y consejería de prevención del VIH son componentes importantes de los programas de vacunación. Incluso después de la comercialización de una vacuna, todavía continuará la necesidad de programas eficaces de prevención conductual. La vacuna contra el VIH no será una panacea universal, pero podría jugar un papel poderoso como parte de un conjunto de intervenciones preventivas.

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Crime and Punishment: Is There a Role for Criminal Law in HIV Prevention Policy?

The Until There's A Cure Foundation has provided financial support for the UCSF AIDS Policy Research Center since 1998. One of the primary goals of this funding is to research and publish a monograph analyzing an area of current HIV/AIDS public policy.  Previous monographs have focused on the development an AIDS vaccine and the validity of abstinence-only education.  This year’s project, funded by Until There's A Cure Foundation, explores what role, if any, criminal law should have in addressing HIV transmission and what the scope of that role should be.  This monograph reviews the criminal law approach to HIV transmission, including the history and policy background to criminalization of intentional HIV exposure and the reasons that states may use such laws.  It then analyzes in detail the statutes that states have adopted to criminalize intentional HIV exposure, focusing on the specific statutory and its implications to highlight how criminal HIV exposure laws can support or undermine public health prevention efforts.